2. Pasaje
Arrastrando los pies se dirigió a la cocina y abrió el frigorífico. No tenía más ganas de quedarse de pie en el pasillo como un idiota. Parecían casi desconocidos intentando conocerse de alguna forma cutre y amargada, y Bill no soportaba este teatro.
-¿No tienes nada decente de beber? ¿Una cola, o algo?
-Sólo hay Red Bull. O puedes bajar al sótano, allí tenemos cerveza y algunas bebidas isotónicas...
Bill suspiró y cerró la nevera de un golpe. Encontrarse algo decente en la nevera de su padre era casi como pedir una octava maravilla en el mundo. No sabía por qué, pero estaba un poco irritado. Odiaba el Red Bull, siempre lo había odiado y Demian había comenzado a beberla sólo para joderle y acabó enganchado a esa bazofia. Como para que luego digan que esas bebidas isotónicas no son peligrosas. Son peores que la cofeina o la nicotina, además de caras.
-¡No me gusta el Red Bull!- gritó Bill cruzándose de brazos. Se dejó caer con un refunfuño la silla y se quedó mirando la nevera como si fuera el peor de sus enemigos. Ya había tenido sus razones para no querer volver nunca más a esta casa.
Se había hecho de noche. El reloj de la pared marcaba las 8. Los trabajadores habían tardado mucho allí arriba.
Bill golpeo su frente contra la mesa: estaba aburrido. Aburrido, sí, pero a la vez demasiado pensativo y triste como para poder concentrarse en algo útil.
-Mierda- susurró antes de frotarse la frente. Apretó los ojos antes de abrirlos lentamente para contemplar las florecitas cutres que adornaban la mesa de madera maciza.
-Que cosa más fea- dijo en un suspiro repasando los contornos de las flores con la uña de su dedo índice.
Debía haberles dicho a los limpiadores que buscaran el diario de su hermano. Seguramente hubieran entendido el temor que Bill tenía subiendo a esa habitación y lo hubieran hecho con gusto.
La puerta de la cocina se abrió y Gordon entró dejando una botella de cola enfrente del muchacho.
-Aún quedaba una botella en el sótano- murmuró antes de abrirse una cerveza que se había traído desde abajo.
Bill siguió sus movimientos con la mirada y cuando su padre abrió la botella y la cerveza comenzó a burbujear y a echar espuma, tragó saliva, quedándose hipnotizado. Qué daría por emborracharse esta noche para olvidar todo aquel ajetreo...
A su padre no le pasó desapercibida esa mirada acosadora, y por primera vez en ese día sonrió con sinceridad.
-Si tu madre se entera me corta la cabeza, que lo sepas- suspiró antes de darle la birra a su hijo.
-No te mees en los pantalones, tú siempre has hecho lo que te ah dado la puta gana sin preguntar a mamá- murmuró Bill antes de posar el cuello de la botella en sus labios.
-Eh! Espérate.
Gordon se agachó, había traído toda una caja de cerveza y la había dejado al lado de la puerta. Cogió otra botella y la abrió.
-¡Prost!- dijeron al unísono antes de dar un brindis.
-Por Demian.
-Por Demian...
Habían pasado dos horas y de las doce cervezas quedaban a penas tres en la caja. Bill yacía medio acostado encima de la mesa, mientras que su padre se había plantado al lado del horno y no paraba de contar cosas vergonzosas de su infancia. El pelinegro tenía los ojos cerrados mientras jugaba con su cerveza, que seguía medio llena.
-Y lo peor de todo es que no le pude decir adiós...- la voz su padre comenzó a temblar antes de acabar la frase en un sollozo. Se limpio las lágrimas en la manga de su camiseta de AC/DC.
Gordon Trümper, hombre y músico de cuarenta y pico de años, en la flor de su vida, destrozado en el suelo.
Bill abrió los ojos de par en par e intentó acostumbrarse a la luz. Temía tener que vomitar si levantaba la cabeza demasiado rápido. Después de cuatro cervezas ya no podía garantizar nada, y menos el control sobre su cuerpo.
Algo desorientado, se giró de lado para después dejarse caer de rodillas, gateando hasta donde se encontraba su padre. Se sentó a su lado y los dos se quedaron mirando la cálida pared de la cocina. Bill siempre había odiado ese tapiz color pipí.
Una lagrima solitaria se perdió en el suelo. Bill abrió la boca para coger aire y así poder ahogar un sollozo. Que día más triste para la humanidad.
-No quería ser tan mal padre para vosotros- el hombre al lado de Bill intentó levantarse pero no pudo así que cogió el último trago de su botella de cerveza y se dejó caer de nuevo al lado de su hijo.
Bill parpadeo y miró a su padre, pero solo lo vio borroso detrás de una cortina de lagrimas..
-No has sido un mal padre...- dijo Bill y cogió una nueva botella. Como no vio el abridor, utilizó la esquina de la mesa para abrir la botella. El contenido se derramo por el suelo, majando al chico.
-Deja ya de beber, ya has tenido bastante- le ordenó Gordon enfadado, arrancándole la botella a su hijo de las manos. Este solo miró a su padre, enfadado.
-Vete a la mierda, puedes dormir en el sofá que yo voy a dormir en tu cama- dijo Bill cabreado, y agarrándose de la encimera consiguió levantarse el suelo. Dejó la botella en el banco de la cocina.
-También tenemos un cuarto de invitados...- gritó Gordon, pero Bill ya había desaparecido por la puerta. -¡Joder niño! ¡Quédate al menos aquí cuando te hable! ¿Me oyes?- Gordon alzó la mirada para ver si aún podía verlo.
-¡Que te den!- contestó Bill.
-¡No me hables así ¡Soy tu padre y a mi me debes respeto!- La botella que hacía un momento aún estaba al lado de Gordon se vio impactada con la pared rompiéndose en mil pedazos.
El chico se asustó, pero no se dejó inquietar por su padre.
El hombre se levantó con dificultad comenzó a jadear del esfuerzo.
Bill había salido disparado en dirección al dormitorio. Le daba igual lo que su padre le decía, quería dormir, estaba cansado de pensar, de haber estado durmiendo toda la tarde. Su cabeza palpitaba provocando que el chico perdiera un poco equilibrio, pero consiguió mantenerse de pie. Se llevó la mano a la sien buscando a ciegas el picaporte de la puerta. Cuando lo halló, abrió la puerta de madera y poco después se dejó caer encima de la cama.
Un poco de sueño no le vendría nada mal. Su madre llegaría mañana y por la tarde irían todos al funeral. Vestida de negro llorándole a su hermano. Gente que ni él conocía. Era en esos momentos cuando se daba cuanta de lo poco que lo había conocido.
Con ese pensamiento se quedó dormido, acostado encima de la manta sin quitarse siquiera la ropa. Pero ¿qué importancia tienen esos detalles en un momento como este? Exacto. Ninguna.
Si lees comenta porfavor ;)












3 comentarios:
HAY POBRE BILL COMO ESTA SUFRIENDO Y SU PADRE Q NO ES DE MUCHA AYUDA LA VERDA DE LO Q ME ESTAVA PERDIENDO DE NO LEER TU FIC, YA ME HABIAN COMENTADO Q ERA BUENO PERO YO NUNCA ME PASE EN EL FORO POR TU FIC.
DILMA FRANCO
Gracias Dilam *O* os quiero mucho ;)
Cassy
Oooohh!!
me voy a leer el próximo *_*
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