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miércoles, 30 de marzo de 2011

15.Pasaje Dear Demian...

~29.09.09

The Greatest Thing You Will Ever Learn, Is Just to love, and Be Loved in Return”
¿Eh contado alguna vez, que me encantan las frases románticas de películas?
Debo decir que Moulin Rouge nunca ha sido una de mis películas favoritas, pero sus canciones y su mensaje tierno me encantan.
Creo que una de mis películas favoritas es “Más allá de los sueños”, me acuerdo muy bien de que mi hermano y yo la vimos en casa de un amigo. No es raro que yo llore en películas o en situaciones sentimentales, solo hace falta decirme “gatitos muertos” y ya me tienes llorando como un tonto.
Pero esa película refleja lo lejos que puede llegar alguien cuando amas a una persona.

Aún no te he contado lo que me ha pasado hace unos días, te he dicho que te contaría del día que fuimos a visitar a Jürgen.
No me acuerdo de casi nada, como si hubiera caminado en sueños.
Créeme cuando te digo que me sonrojo al escribir esto, pero creo que tengo novio. (!!!)
Aún no hemos hablado sobre ello, pero ayer después de clase me cogió de la manos y me llevó a casa. Es todo un caballero, me cuenta cosas que nunca le contaría a Joshua o Cris y eso me hace de alguna forma especial, o al menos eso creo.

Debes estar confuso por esta información, pero créeme que no lo estas tanto como yo.
En la tarde en la cual fuimos a visitar a Jürgen, Mattis vino como acordado a casa para recogerme. Mi padre se comportó como un bruto bestia metiéndome en una situación un poco embarazosa, a veces creo que los padres hacen cursos de como poner en evidencia a sus hijos.
El caso es que fuimos a la parada que queda cerca de la Tienda de la señora Wallter y esperamos el Bus que al parecer tenía un poco de retraso...
No se como pudo pasar, pero te aseguro que no fue cosa mía, simplemente el me cogió y nos besamos... el me besó a mi porque a ver como te lo digo, creo que he sentido la muerte en vida, me he comportado como un idiota.
¡Me lo había imaginado tantas veces! ¡Me había jurado actuar en ese instante! Pero no pude... y antes de realizar lo que estaba pasando vino ese estúpido autobús y nos interrumpió.

En resumen: al día siguiente Mattis me cogió de la manos llevándome a casa. No hemos hablado en todo el caminos, creo que quiere que yo dea el primer paso, pero no se como hacerlo.
Sería horrible descubrir que nuestro beso no le significó nada y que solo quería jugar.
Sé que Mattis no es un Player, pero Joshua si lo es y lo hace muy a menudo, se morrea con tío solo por diversión, creo que ese chico ya no puede sentir amor cuando toca los labios de otra persona.
A veces creo que él acabará venciendo su cuerpo en la Reeperbahn (*1) . Ya ha echo algunas cosas por dinero y la verdad hago mal juzgándole pero está orgulloso de su forma de vida.
No es mal chico, la verdad es que no conozco persona mas abierta y segura de si mismo que Joshua, pero el pobre se subestima y creo que Mattis le sigue a veces el juego... por eso estoy inseguro.
Una mala noticia es que el dentista me quiere poner aparato, mis dientes no están muy torcidos, pero el dice que puede ver algunas complicaciones. Me niego a ponerme aparato, no soy demasiado guapo y a parte tengo ya 16 años... es un poco raro llevarlos a mi edad, me hace ver demasiado joven, como si de nuevo tuviera 14.

Espero encontrar el valor de preguntarle si ahora somos pareja o no, creo que me precipitaría un poco confesandole directamente mi amor a la cara, me tomaría por loco y yo estoy seguro que me desmayaría si lo hiciera... pero quizás este sea el la única forma de hacerle ver lo que siento realmente.
Por favor deseame suerte.

Demian

Anotación de la autora:
(*1) Reeperbahn: Estación de tren donde se encuentra el barrio de Putas de Hamburgo. También llamado “Barrio rojo”

Habían pasado algunos días de aquel encuentro con Mattis en el Starbucks Café. Bill se encontraba sentado en el aula de Biología, la clase aún no había empezado y el chico se quedó mirando la puerta esperando ver a Tom. Tenía que hablar con el sobre su proyecto, no quería tener nuevamente malas notas, eso significaría repetir el curso... y eso significaría estar un año mas atado al martirio de la escuela.
-Tenemos que encontrarnos para hacer el proyecto-, murmuró el chico fijando a Tom con la mirada, este se dejó caer a su lado ignorando a su compañero y comenzó a masticar un chicle.
-¿Siempre eres tan hijo puta ignorando a los demás?-, la paciencia de Bill estaba llegando a sus límites. No había dormido muy bien y las notas que Demian había dejado en su diario no le habían dejado dormir por la noche.
Tom lo miró de reojos, hizo una pompa con el chicle y comenzó a sonreír.
-¿Te va el dirty talk cuando follas?-, fue lo único que le respondió.
Bill lo miró un poco irritado, ¿a que venía esa gilipollez? Tenía la sensación de que Tom no se comportaría.
-No-, respondió apretando los dientes.
-Que pena... a mi si-, respondió el chico de las rastas y pegó su chicle debajo de la mesa cuando la profesora entró por la puerta.

Estaba claro que debían hacer un poco mas para la escuela y por su gran sorpresa Tom al parecer ya había trabajado bastante el el proyecto, algo que Bill no había echo. Se mordió el labio inferior al ver el material que Tom había traído.
La hora pasó volando, la profesora tenía la costumbre de hablar por los codos y así en vez de hacer biología debatieron sobre los problemas biológicos que las algas verdes estaban causando en el canal Elba.

-¿En tu casa o en la mía?-, preguntó Tom cogiendo su maleta.
Bill giró la cabeza mirando a los ojos de Tom. Había estado distraído mirando a Mattis quien no le había dedicado ni una mirada desde la tarde en el café.
-En la tuya-, fue lo único que respondió, pero justo después se chocó la mano delante dela boca.
-Digo en la mi...-
-Vale, en la mía-, dijo Tom cortándole la palabra, comenzó a reír y después añadió.
-Será mejor que te quietes el maquillaje cuando vengas a mi casa y te limpies las uñas, mi padre no es un gran fan de los maricones y no creo que quieras problemas con el.-, fue lo único que dijo antes de salir del aula con pasos enormes.
Bill se quedó mirando sus uñas al salir y de repente comenzó a tener miedo.
Nunca había estado en una casa de Nazis, había estudiado obligatoriamente su cultura ( si así se puede llamar) en la escuela y sabía muchas cosas sobre su vida actual, era una de las razones por las que Tom podía llevar rastas sin tener que raparse el pelo. Los Nazis se han tenido que adaptar a las personas normales ya que les está prohibido llevar la ropa que llevaban en los años 80 y 90.
Esos típicos Nazis con botas altas de cordeles blancos, la cabeza rapada y tatuados por todo el cuerpo.
Hoy en día el gobierno ha prohibido llevar la Cruz Nazis en público, también estaba prohibido hacer el saludo de Hitler o cantar canciones de aquella época.
Pero hoy en día, como todo lo que hacen está prohibido, se han inventado nuevas formas de vivir su estilo, con códigos secretos como por ejemplo el número 88, el código de HH (Heil Hitler) y muchas veces lo llevan en tatús o en sus camisetas.
También hay marcas de ropa por las que se pueden reconocer, por ejemplo las marcas German Pit Bull, Consdaple, Lonsdale, Thor Steiner, Alpha Industries o Master Race son típicos para ellos.

Bill tragó saliva antes de perseguía a Tom por el pasillo.
-¿Y... cuando?-, fue lo único que pudo decir.
-Yo te aviso mañana-, gruñó Tom antes de acelerar el paso perdiéndose en un pasillo.

El chico se metió en la cama al llegar a casa, estaba demasiado cansado hasta para hacer los deberes. Su padre ni había llegado a casa.
Cerró los ojos y comenzó a suspirar mientras se quedaba dormido entre las sábanas de su cama recién echa.

-Quiero que os anotéis los deberes para mañana sin falta. Esto ya no es un juego de niño. No puede ser que la mitad de la clase haya olvidado de nuevo sus deberes.-
El señor Zimmermann, un hombre con calva de baja estatura se movía delante de la pizarra como un Pitbull agresivo.

Bill bajó la cabeza y depositó su frente en la mesa. ¿Que le interesaban a el los sermones de su profesor? Seguía cansado y eso que había dormido todo el día anterior.
De repente su pantalón comenzó a vibrar, espantado metió la mano en su bolsillo y sacó rápidamente su teléfono móvil.
Escondiendo el aparato detrás de la cartuchera comenzó a leer el mensaje que le había llegado.
Después de clase en el patio de atrás. Ven solo. Tom”

El corazón de Bill casi se quedó parado del susto. ¡Mierda! Había olvidado completamente, que hoy iba a ir a la casa de Tom. Instintivamente miró sus uñas que seguían pintadas de negro. En un acto de reflejo cogió la pequeña Navaja que tenía colgando de su llavero y comenzó a rasparse sobre las uñas. Del Maquillaje y su pelo suelto se ocuparía en el recreo.

Hoy era Miércoles, por eso tenía una hora libre entre matemáticas y sus clases de Arte.
Recogió rápidamente sus cosas y salió de la escuela en dirección a la ciudad. Intentando recordar el camino para volver a la escuela, comenzó a buscar una tienda y se quedó parado delante de Rossman una pequeña droguería.

-9,95€ Por favor.- dijo la cajera y Bill sacó un Billete de 10 de su cartera.
Había comprado un quita esmaltes y unas toallas húmedas para limpiarse el maquillaje al igual que un paquete de gomillas para el pelo.
Fue la primera vez que Bill estaba agradecido por llevar el uniforme escolar y así poder guardar sus apariencias de chico 100% gay.

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domingo, 28 de noviembre de 2010

14.Pasaje Dear Demian...

Pasaje.14


“Que estas leyendo?”, Mattis se había acercado desde atrás a Bill quien había acabado de leer el diario. Del susto se le calló al suelo.

Mattis se inclinó hacia abajo y lo recogió antes de que Bill pudiera decir una palabra. Aguantó la respiración.

“¿Que es esto?”, preguntó Mattis y abrió el libraco por la página que Bill andaba leyendo.

“Esto es...”, dijo el chico sorprendido y sus manos comenzaron a temblar.

“Algo que no te incumbe”, dijo Bill demasiado severo y le arrancó el diario de las manos.

Mattis se quedó mirándolo.

“Yo...”, iba a decir algo, pero cerró de nuevo la boca y se quedó callado.

Se miraron durante unos segundos, pero no se quedaron solos por mucho tiempo, la puerta se abrió de par en par y estudiantes, charlando y riendo entraron por la puerta.

“Hey Mattis, vamos a machacar hoy a la chicas”, dijo un chico de pelo corto, tenía los ojos azules y llevaba dos pendientes en la oreja derecha.

“Hey ¿que te pasa?”, preguntó el extraño.

Mattis no apartó la mirada del pelinegro, pero Bill se dio la vuelta y se fue a una esquina.


La escuela tenía su propio uniforme para deporte. Los del equipo de Basketball tenían pantalones cortos de color vino tinto como sus chaquetas del uniforme y una camiseta de Mangas cortas con su nombre y un número bordado.

Bill Kaulitz – 11


Estaba claro que llevaría el número de su hermano. En realidad se sentía como un pésimo actor, como un sustituto barato...

Se encerró en el cuarto de baño para cambiarse de ropa, había tenido muchas malas experiencias con los vestuarios. Nunca tuvo problemas con sus compañeros de clase, pero se sentía incómodo porque siempre se quedaba mirando a los demás chicos como un idiota.


Los chicos salieron a la pista, la sala de deportes era enorme. Bill se quedó mirando las tribunas desde donde les miraban algunos espectadores.

-¿Es que vamos a jugar un Partido?”, preguntó el chico a uno de sus compañero que se había presentado como Steffan.

-Que va, pero hacemos entrenamiento con las mujeres del Bonnhöffer Instituto y ellas siempre traen a sus novios y amiguitas.-, respondió el chico y empujó a Bill al centro de la pista.


-Buenos días señores. ¡Eh! Callaros la boca que estoy hablando yo-, gritó el entrenador.

Era un hombre muy alto, con pelo gris y un bigote que extrañamente le quedaba bastante bien.

Llevaba un traje de entrenamiento enteramente de color rojo tinto con el emblema de la escuela en el pecho.

-Bueno señores, tenemos un nuevo jugador entre nosotros, es alto, es guapo, por favor tratadme lo bien.-, dijo cogiendo a Bill de los hombros, su agarre era fuerte y amistoso.

-Para todos los que no me conocéis, soy el señor Bauman. Mientras os portéis bien en las clases y al menos atendáis un 10% cuando hable y os enteréis mas o menos de lo que digo lo tenéis bien conmigo-, dijo el profesor guiñándole el ojo a Bill. Los chicos comenzaron a reír.

-Al parecer nuestras nenitas se retrasan un poco. Creo que aún no comprenden que para deporte no necesitan maquillaje- añadió el señor Bauman mirando su reloj.

-O quizás el tanga de Diana ha desaparecido de nuevo-, gritó un chico y las risas comenzaron de nuevo.

Una sonrisa se dibujó en la cara de Bill, tenía el presentimiento de que estas horas de deporte le iban a gustar mucho. Su mirada se cruzó con la de Mattis quien llevaba observándolo desde hace un rato.

-Gracias por hablar así de bien del equipo femenino de baloncesto-, dijo una voz proveniente de la entrada.

El equipo femenino había llegado, la capitana le dio la mano al profesor para saludarle.

-Buenos días Diana-, dijo el señor Bauman con una sonrisa.

-Buenos días... Y para tu información no es culpa mía si mi tanga desaparece de repente por arte de magia y me lo encuentro colgado de la canasta-, dijo con una sonrisa y su mirada se quedó fijada en Bill.

-Bueno señorita, te presento a Bill Schwarz nuestro nuevo miembro. Tratamelo bien. Ya sabes me lo juntas con nuestra viuda-, dijo el entrenador.

Diana era una chica bastante alta de pelo rojo y ojos verdes, su cara estaba adornada con pecas.

-Bueno, no te dejes irritar por ese idiota-, miró por encima de su hombro.

El entrenador había comenzado a explicar algunas cosas a los demás adolescentes mientras Diana se llevó al chico hasta el borde del campo.

-Bueno Bill ¿cierto? Bueno te voy a explicar algunas cosas. Aquí trabajamos en equipos, un chico con una chica y luego para los calentamientos y entrenamientos o jugamos todos contra todos o hacemos grupos de cuatro, dos chicas y dos chicos. ¡Yara! Ven aquí mujer-, gritó Diana.

Una chica se apartó del grupo y se acercó a ellos. Tenía el pelo muy corto de color rubio casi blanco, su cara era muy aniñada, pero su cuerpo y mas su manos parecían las de toda una mujer echa y derecha.

-Si, bueno Bill ella es Yara y es tu compañera-, dijo Diana.

-Okay-, dijo Bill y le estrechó la mano a la chica.

-Te ocupas de el-, dijo Diana, asintió con la cabeza y se fue de nuevo al centro de la pista donde los demás habían comenzado a calentar.

-Yo soy la viuda-, dijo Yara levantando la mano con una tímida sonrisa.

-Si... ya me lo imaginaba-, respondió Bill. Un poco macabro hablar así de la antigua compañera de su hermano.

-Bueno... quiero que sepas que lo siento mucho yo solo lo conocía del baloncesto pero desde, bueno eso... bueno... no dejan de llamarme la viuda. En tres años he tenido mas de 5 compañeros diferentes y llevo el récord de accidentes en este grupo, vamos soy la oveja negra del equipo-, dijo y comenzó a reír.

-Pues entonces nos vamos a entender bien, yo atraigo la mala suerte-, respondió Bill y los dos comenzaron a reír.

Se entendían bien y después de una pequeña charla comenzaron a calentar como los demás.

-Si hacemos nuestro grupo de cuatro lo suelo hacer con Jovanna y Mattis-, comentó mientras los dos corrían como locos por encima de la pista.

-Ah... bueno... genial...-, dijo Bill exhausto, no estaba acostumbrado a correr tanto. Yara comenzó a reír.

La mirada del chico se desvió en dirección a la de Mattis quien en ese preciso instante sujetaba la cadera de Jovanna haciendo ejercicios de calentamiento.

-Para estar tan flaco no pareces estar muy en forma-, dijo la chica con una sonrisa sacando a Bill de sus pensamientos.

-¿En forma? Mis piernas parecen flanes... en los últimos meses he tenido otros problemas que hacer deporte-, dijo Bill exhausto.


Estaba molido, le dolía todo el cuerpo, se dejó caer medio muerto de cansancio en uno de los bancos mientras Yara buscó la pelota de baloncesto.

-¿Puedo sentarme?-, preguntó alguien a su izquierda. Bill levantó la mirada y vio a Mattis.

-Si, claro-, murmuró moviéndose un poco para la derecha.

El chico rubio se dejó caer a su lado mirando al frente. El chico sentía que Mattis ardía por preguntarle cosas... cosas, a las que Bill probablemente no tendría respuesta.


-Ya se que aún no nos conocemos bien, pero me gustaría invitarte a un café después de la escuela, hay un Starbucks muy cerca de aquí.-

El muchacho se frotó las manos mirando a Bill impacientemente, no sabía si hacía lo correcto, solo quería hablar con el nada mas, pero Bill al parecer no tenía ningún tipo de interés en su oferta ya que se levantó sin darle una respuesta y se volvió a dirigir al centro de la pista.

-¡Oye! espera”-, murmuró Mattis reteniendolo del brazo.

-Perdona, no quería sobresaltarte-, dijo soltándolo de nuevo. Bill se dio la vuelta y le miró directamente a los ojos un echo que hizo estremecer al muchacho.

-Mattis... mira se que tienes muchas preguntas y...-

-¡Precisamente por eso!-, dijo Mattis cortandole la palabra.

-Si tu me respondes las miás yo te respondo las tuyas-, una sonrisa se dibujó en su cara.

Bill se quedó callado unos segundos.

-Yo no tengo preguntas-, respondió finalmente.

-Mentira-, dijo Mattis.

Claro que era mentira, tenía miles de preguntas que ardían en su interior pero no quería quedarse a solas con Mattis, no sin haber averiguado mas sobre el. Seguiría leyendo el diario hasta averiguar si podía confiar en el guaperas de ojos verdes. La desconfianza era una de las pocas virtudes que el habían ayudado en su corta vida.


-¿Me estas llamando mentiroso?-, lo ojos de Bill se hicieron ranuras.

La sonrisa de Mattis desapareció directamente de su cara.

-Ehm... yo, claro que no, solo te pido que tomes algo conmigo... te prometo ser completamente sincero respondiendo tus preguntas-, respondió con inseguridad.

-Vale... tu pagas-, dijo Bill y se soltó el pelo quitándose la gomilla que sujetaba su cabello antes de darse nuevamente la vuelta y dirigirse a los vestuarios.


Las clases habían acabado hace unos minutos, algunos de los chicos se habían metido en el baño colectivo a ducharse. Bill no había tenido ganas de hacerlo, una toallita húmeda y su desodorante también cumplirían sus servicios.

Se puso su uniforme escolar y salió a solas de la sala de deporte, no había dejado de llover así que sacó su paraguas para esperara a Mattis justo al lado de la puerta.


Una mano se colocó en su hombro asustandolo.

-Perdona, no había pensado que tardaría tanto-, la voz de Mattis lo sacó de sus pensamientos. Una sonrisa se dibujó en su cara, por suerte el paraguas no dejaba ver su rostro.

“Pues entonces vayámonos”, murmuró Bill agitando su melena y poniéndose directamente en marcha, Mattis comenzó a reír.

“¿Pero a donde vas? Mi chófer nos lleva, el tiempo está super mal y no quiero que te mojes”, dijo y se dirigió justo en dirección opuesta a la de Bill.

El pelinegro se puso colorado, había intentado parecer cool pero solo había echo el ridículo, avergonzado siguió a su compañero.

Callados, uno al lado del otro se dirigieron al aparcamiento. Bill había venido en autobús y le había dicho expresamente a Gordon que no lo recogiera de la escuela.


Mattis se quedó parado justo al lado de un BMW negro, cerró el paraguas y le abrió la puerta a Bill quien se metió directamente sentándose en el asiento trasero. Eran asientos de cuero blanco muy confortables

“Puedes dejar el paraguas en el suelo”, dijo el chico dejándose caer a su lado, agitó la cabeza sacudiéndose el agua de sus mechas rubias.

Bill lo observó con detenimiento... Mattis era realmente un chico muy guapo, unos labios finos pero sensuales, ojos grandes de color verde, parecían los de un tigre, una cara alargada pero a la vez muy suave con unos rasgos masculinos y femeninos a la vez.

Apartó rápidamente la mirada cuando el coche se puso en marcha, al parecer el chófer ya sabía de antemano a donde tenía que ir ya que Mattis no había abierto la boca.

Unas miradas y sonrisas casuales después se quedaron parados en un callejón justo en frente de un Starbucks, no habían tardado ni 3 Minutos en llegar.

Mattis salió automáticamente del coche, cogió el paraguas, lo abrió y esperó a que Bill saliera de vehículo.


-Bueno, cuéntame un poco sobre ti-

Los chicos se habían sentado en uno de las mesas en el fondo del local donde podían hablar con tranquilidad.

-Dejémonos de formalidades-, murmuró Bill “Tu lo único que quieres es averiguar cosas sobre Demian así que haz las preguntas y ahorrame el small talk”, dijo Bill rodando con los ojos.

Mattis apoyó sus codos en la mesa y entrelazó sus dedos.

-En parte si en parte no-, una sonrisa se dibujó en su cara.

-Pero, de verdad que quiero conocerte mejor-, añadió tomando un trago de su taza.

La mirada de Bill se perdió en el café, estaba a rebosar de gente que se refugiaban de la lluvia. La mayoría de ellos eran estudiantes.

-Pues la verdad es que no hay mucho que contar-, murmuró un poco deprimido.

Volvió a dirigir su mirada al frente y agrego.

-Mis padres se separaron cuando aún era muy pequeño, he vivido mucho tiempo con mi madre pero tampoco nos entendemos demasiado bien. Demien y yo... “y al decir el nombre de su hermano paró unos segundos.

-Nos hemos ido separando cada vez mas y mas.

Tengo bastantes amigos, pero no me gusta llamarlos así, son mas colegas porque los verdaderos amigos son los que aprecias y a casi ninguno de ellos lo aprecio tanto como para poder llamarlo de esa forma.-

Al ver que Mattis no reaccionaba siguió hablando.

-Tengo un buen amigo y ese es Andreas, siempre me he entendido bien con el. Me gusta ir de fiesta y dar un poco el cante, no me gusta demasiado la música clásica, por eso no te ofendas si no estoy demasiado impresionado de tus dotes musicales. Toco la guitarra y compongo canciones, en realidad son textos sin importancia pero a veces bueno me siento mejor cuando los... ha da igual-, dijo poniéndose colorado al ver que Mattis lo seguía escuchando con la misma atención que antes.

-No, sigue... la música es la voz del corazón y el consuelo de los enamorados-, el chico rubio comenzó a reír antes de sonrojarse.

-Mi padre solía decirme esas palabras cuando comencé a tocar el piano-, dijo con bastante orgullo.

Bill soltó un bufido.

-Claro, todo es mas fácil si alguien nada en dinero-,dijo fanfarrón y hundió su magdalena en el café.

Mattis dejó de reír y su rostro se volvió a tornar serio.

-Demian también hacía eso...-, dijo con voz apagada mirando la magdalena que se disolvía en el café y los dos volvieron a caer en un largo silencio.

Bill había dejado caer la magdalena dentro del baso, se frotó las manos antes de coger la cuchara para remover el contenido viscoso que se había producido.

-¿Que ha pasado entre vosotros?-, preguntó Bill sin apartar la mirada de su bebida.

-No lo se-, respondió Mattis y bajó la mirada contemplando sus manos.

-Han pasado tantas cosas que al final no se como todo esto pudo acabar así-

La frustración se reflejó en la mirada del rubio. Cerró por un momento los ojos antes de abrirlos de nuevo con un largo suspiro.


Bill se llevó su taza a los labios y comenzó a beber la masa biscosa.

-Pensaba que había hablado contigo...-, la voz de Mattis se había puesto a temblar como aquella vez en los baños.

-¿Yo? Hacía mas de cuatro meses que no había visto o hablado a mi hermano... yo no se absolutamente nada-

Bill dejó su taza vacía encima de la mesa y se levantó del asiento. Mattis se quedó nuevamente callado.

-Gracias por el Café-, murmuró Bill.

-Tomaré el autobús a casa... ya es muy tarde.-


Mattis asintió con la cabeza, sentía que Bill no quería hablar mas del tema, se había prometido un poco mas de esta conversación, pero sabía que no debía obligarlo a hablar, tenía que tener cuidado, no podía tratarlo como a su hermano, los dos se parecían mucho pero en el fondo eran dos persona completamente distintas.

-¿Estas seguro de que no quieres que te lleve?-, fue lo último que preguntó, pero Bill solo negó con la cabeza antes de salir del café que seguía repleto de gente, abrió el paraguas y comenzó a andar carretera abajo, no sabía donde quedaba la parada del bus, pero ya encontraría una. Siempre se había sabido ayudar a si mismo.

-Espero poder repetir esto contigo alguna vez-, murmuró Mattis aún sabiendo que Bill ya no podía escucharlo.


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sábado, 23 de octubre de 2010

13. Pasaje Dear Demian...

Pasaje.13

Demian

Dejo el diario bien guardado, y bajo corriendo las escaleras, saltando los escalones de dos en dos. Casi me tropiezo con mis propios pies al bajar. “Tranquilo”, me digo a mí mismo, y me agarro a la barandilla, me tranquilizo y entro al pasillo, pero antes de abrir la puerta me quedo parado delante del espejo. Con los dedos me ajusto unos mechones rebeldes. “Te ves bien”, me digo en pensamientos, y una sonrisa se dibuja en mis labios.

Oh, no. Mis labios están muy secos y poros y... de pronto llaman de nuevo a la puerta. Un poco sobresaltado, me doy media vuelta y me dirijo de nuevo en dirección a la puerta. Veo a mi papá salir de la cocina.

-¡Abro yo! ¡Abro yo!- grito apartándolo con brusquedad de la puerta.
-Eh, tranquilo, grandullón, no voy a quitarte a tu chico.

Giro la cabeza y puedo ver una sonrisa sabionda en su cara. Pongo los ojos en blanco y noto cómo me pongo colorado, pongo una mano en el picaporte de la puerta, suspiro.

-¿Podrías...?- le digo un poco avergonzado.
-Oh, sí, claro- me responde mi querido padre y desaparece con una risa en la cocina.

Mi mano comienza a temblar, pero aprieto el picaporte con decisión y abro la puerta de un golpe.

Un suspiro se me escapa de la boca cuando veo a Mattis delante de la ella, lleva un paraguas y está de espaldas a mí, parece estar contemplando a mis vecinos. La señora Tilney está sacando a su perro de paseo y nos saluda con una sonrisa. Una mujer muy agradable.

-Oh, vaya, pensaba que no me abrirías nun...- Mattis se queda parado. Su ceño se frunce y automáticamente se lame pensativa mente los labios-. Vaya, creo que debo haberme equivocado de casa, yo buscaba a un chico un poco tímido de pelo largo y rubio y no al hermano de Andy Sixx.

Trago saliva, y me muerdo el labio. “¡Au! Eso duele”. Mis labios están demasiado secos, bajo la cabeza para lamérmelos disimuladamente.

-¿No te gusta?- pregunto un poco amargado. Intento controlar la montaña rusa que se acaba de poner en marcha en mi estómago agarrando mi llavero que está dentro del bolsillo.
-No... O sea digo, sí, o sea... Me gusta- me dice e intenta disimular su sorpresa con una sonrisa.

Automáticamente me apoyo en el marco de la puerta. No me acaba de convencer... mi sospecha hierve, diciéndome que no le gusta y no se atreve a decirme que estoy feo.

-¿Donde están Joschua y Cris?

Este silencio sepulcral me va a matar.

Mattis señala con el pulgar detrás de él.

-Ellos ya se han ido en dirección al hospital- me dice y añade-. Cris va en la moto de Josch, y bueno no creo que los cuatro quepamos en ella, ya sabes como se está Josch de emocionado por probar su nueva motocicleta.

Oh, sí, Joschua y su moto. Se podrían escribir libros enteros sobre el amor entre el chico y su máquina. Hasta le ha dado un nombre: La polla de Dios... Bueno, pensando como es Josch, no me sorprende que lo haya llamado de esa forma.

Mattis y yo comenzamosnos a reír al mismo tiempo, al parecer no solo yo pienso en pollas del señor.

-Bueno, vayámonos- interrumpe Mattis mi flujo de pensamientos.

Levanto el dedo índice.

-Si, exacto- digo y doy de nuevo media vuelta para coger mis Chucks, que están tirados en una esquina, y mi mochila, al igual que mi chaqueta cuelga del perchero en la entrada.

Mattis me observa mientras me voy vistiendo por completo. Cierro la puerta detrás de mí. Abro el paraguas, y pequeñas gotas de lluvia caen sobre la tela negra. Comenzamos a caminar en silencio calle arriba, no se escucha mas que nuestros pasos, la lluvia y de vez en cuando un perro ladrando.

Esta calle no está muy habitada y hay pocos coches que pasen por aquí, a parte de que sólo viven señores y ancianos. Ya me he preguntado muchas veces, por qué mi padre se compró una casa aquí en medio de la nada.

Miro mis zapatos, mis cordeles blancos se están ensuciando “vaya... si eran nuevas”, me pienso e intento apartar un bicho de mi pantalón agitando mi pierna con fuerza.

-¿Demian ...?
-Solo era un bicho- le corto la palabra a Mattis, quien se ha quedado parado a mi lado.

Mi mirada se queda fijada en su torso, lleva un jersey de lana negra ajustada.

-No era por eso... bueno, quería decirte que de verdad me gusta tu nuevo peinado- se queda mirándome como si estuviera esperando a que le diga algo-. Bueno, es que no parecías muy convencido de mis palabras.

Carraspeo mi garganta.

-Gracias- murmuro y me rasco la cabeza, aparto la mirada de él, y hago como si la flor a mi lado fuera lo más interesante que he visto en toda mi vida.
-De nada... sólo digo la verdad.

No me atrevo a contestarle, siento como vuelvo a sonrojarme y bajo un poco mi paraguas para tapar mi cara.

“Va a pensar que soy idiota...”

En mis pensamientos comienzo a chocar mi cabeza contra el asfalto. “¡Idiota!, Demian ¡idiota!”, me grito en pensamientos y de frustración aplasto el escarabajo acosador con el pie. Debo parecer idiota dándome palmadas en la frente, pero Mattis no puede ver mis tonterías, porque tengo el paraguas bajado.

-Deberíamos darnos prisa si queremos coger el autobús- susurra el chico, y antes de darme cuanta ya me ha cogido de la muñeca y me tira detrás suya. No me da tiempo ni de protestar, algo que no pretendía, pero como ya dije, no a eso me da tiempo.

Comenzamos a correr por la lluvia, Mattis suelta por un momento mi muñeca para después coger mi mano. A mi corazón no le da ni tiempo de quedarse parado ya que Mattis va cada vez mas rápido. Mis condiciones no son las mejores, me comienza a doler el costado, pero ya no falta mucho para llegar.

Agotado, me dejo caer en el suelo, hace años que ya no hay bancos en esta parada, la ciudad no se preocupa por montarlos de nuevo si se rompen o se roban.
Mattis parece ignorarme, yo aquí muriendo, medio acostado en el suelo, respirando como alguien que va a morir en cualquier momento. Mattis mira el reloj que lleva en la muñeca.

-Vaya, el bus debería llegar ahora- su mirada se pierde en la calle que parece estar abandonada.
-Quizás...-digo lentamente después de haber recuperado un poco de aliento-. Quizás se esté retrasando- me levanto del suelo que a de mas de húmedo está sucio.

Mi acompañante cierra su paraguas y se pone a mi lado.

-¿Sabes? Ya que te has empeñado tanto en cambiar tu aspecto, deberíamos hacer algo para quitarte esa timidez que tienes.

Siento el aliento de Mattis justo en mi oreja, giro la cabeza y miro directamente en sus ojos. Verdes...

-Puede- digo parpadeando, rápidamente aparto la mirada y me concentro en mis cordones ensuciados.

No lo puedo ver, pero estoy seguro de que Mattis sonríe, siento como su espalda se posa en la pared de la casita. Ahora nos queda solo esperar a que llegue el bus de una vez.

Me rasco el brazo y sigo mirando el suelo en busca de algo interesante. Su mirada no parece querer apartase de mí. Si las miradas pudieran derretir humanos, yo ya me estaría despidiendo por el desagüe. Trago saliva y, de repente, siento una mano fría que se desliza debajo de mi chaqueta, tocando mi cintura desnuda, que comienza a ser sacudida por un escalofrío, dejándome la piel de gallina.

No es emoción, sino miedo lo que me paraliza. Mi mirada se queda congelada en el suelo. De pronto, sus zapatos aparecen en delante de mí. Se ha separado de la pared, su mano no ha dejado de tocar mi cintura mientras se ha girado para quedar de frente.

-Hace mucho frío, ¿crees que va a comenzar a nevar en estos días?- intento iniciar una conversación. Estoy confundido.

Abro la boca sobresaltado cuando siento que las manos congeladas de Mattis avanzan un poco hacia arriba. Sus manos, sí, las suyas, congelando mi piel, provocando que el resto de mi cuerpo se caliente.

-Puede- me responde. Su voz ha tomado un tono muy suave, casi susurra. Daría lo que fuera por poder levantar la cabeza y mirarle a los ojos, pero no puedo.
-¿Tienes miedo?- me pregunta, y escucho algo de gracia en su voz. Trago de nuevo saliva.

Mi estómago a comenzado a encogerse, comienzo a marearme al sentir su pecho apretando contra el mio. Una mano se suelta de mi cintura y avanza hasta mi cara, me aparta unos mechones de la cara y sus dedos se posan en mi barbilla.

Está jugando conmigo, le gusta hacerme esperar, todos sus movimientos son lentos y lo hace sabiendo que nuestros, mejor dicho, todos mis vecinos podrían vernos aquí de pie, cuerpo a cuerpo.

No tiene que aplicar ni fuerza en mi barbilla, subo la cabeza casi ansiosamente, mis grandes ojos se fijan en los suyos, no puedo ver bien su cara. ya que esta está a contraluz de la farola. Lo único que reconozco es que se va acercando.

Sus labios tocan los míos, acompañado de un sonido de dos pieles húmedas tocándose. Es muy corto, demasiado, ni un segundo. Pero creo que es mejor así, ya que hace mas de veinte segundos que he dejado de respirar. Suelto lentamente el aliento para no parecer un loco bestial, y vuelvo a aspirar cuando los labios de Mattis vuelven a posarse sobre los míos.

Mis ojos se cierran directamente. Sus labios, fríos por fuera, calientes por dentro, ásperos y a la vez parecen haber sido tocado por ángeles. El sentimiento brutal de montaña rusa se disuelve dejando un cosquilleo seguido de un sentimiento placentero que se esparce por mi cuerpo. Su nariz congelada toca por un momento la mía, puedo escucharlo respirar por la nariz. Comienza a mover sus labios, yo no me atrevo a mover los míos propios, temo romper este momento tan dulce y único.

De pronto una luz muy fuerte aparece a las espaldas de Mattis, abro los ojos asustado. ¿Un vecino con una linterna? No, pero, es nuestro bus, que se acerca por la esquina.

-Deberíamos...- balbuceo.
-Sí-, dice y parece haber comprendido lo que le quería decir, ya que se separa de mí y se gira hacia el vehículo que viene acercándose.

Si lees comenta porfavor ;)

jueves, 14 de octubre de 2010

12. Pasaje Dear Demian...

Pasaje.12

Tom. Un chico muy impulsivo y con una agresividad impactante.

Esos fueron los primeros pensamientos de Bill al ver al rubio tocando canciones no muy apropiadas en su guitarra. Canciones sobre sexo sucio, dinero y alcohol, canciones para la bebida, canciones racistas.

Ese chico parecía tener muy claras sus ideas de como debían funcionar las cosas en este país. Una ideología para la que Bill nunca tendría entendimiento. Una mundo donde gente como Bill siempre estaba en el equipo perdedor.

Lo hacía muy bien, de eso no había duda, pero le faltaba emoción al texto. Al parecer sólo el pelinegro se daba cuenta, ya que los demás parecían estar impresionados por el talento musical de Tom.

El chico acarició por encima de las cuerdas acabando una melodía que había sonado muy alegre, casi burlona. Bill no conocía la letra, pero la melodía parecía sonarle de algo. Seguramente la había visto en alguna película que había desterrado de su cabeza.
El pelinegro cerró por un momento los ojos intentando sentir alguna simpatía por la música que acababa de escuchar, pero su mente se quedó en blanco.

Algunos de los chicos comenzaron a aplaudir, Tom se lamió los labios y una sonrisa se dibujó en su cara. Sabía que era bueno y sabía que mucha gente le admiraba por su talento musical. Ver los celos y la admiración en las caras de sus compañeros suponía satisfacción suficiente para él. Como era de esperar, su mirada se quedó fijada en Bill, quien seguía allí sentado con los brazos cruzados delante del pecho. Tenía los ojos cerrados y fruncía el ceño. No parecía estar muy convencido de su talento.

El señor Bernart aplaudió con destreza y comenzó a sonreír.

-Bien, bien, bien...- dijo con alegría.

Bill abrió los ojos: al parecer había encontrado el sentimiento con el que debía juzgar la melodía. Volvió a sentarse de forma correcta y se quedó mirando a Tom. Sus miradas no se cruzaron, pues Tom había sido demasiado rápido apartando la suya.

-¿Opiniones?- el señor Bernart miró a todos los que estaban sentados en el circulo musical en el que se habían sentado los adolescentes.

Uno de los chicos levantó la mano.

-Creo... que has estado muy bien. Has tocado con fluidez y me ha gustado mucho- fue su respuesta.

Los demás asintieron con la cabeza, menos Bill, que seguía mirando a Tom.

El pelinegro no estaba dispuesto a decir nada, no quería meterse en problemas con Tom, pero al parecer el mundo estaba en su contra, y fue el señor Bernat quien se tomó la libertad de pedirle su opinión.

-Bueno, Bill, eres el nuevo. ¿Qué te ha parecido?

El chico subió la mirada fijando al señor Bernart. ¿No podía callarse la boca?

-Pues... no sé que decir- y antes de que pudiera seguir hablando, escuchó un bufido de parte de Tom.
-Venga sé sincero, dame tu opinión- dijo el rastudo desafiantemente.
-Pues... si soy sincero, me falta la emoción.

Lo dijo tan bajito que los demás tenían problemas para entender lo que había dicho.

-Ah, bueno... lo siento si no soy tan sentimental como un marica como tú. Al menos yo tengo cojones y no soy una nena.

Los chicos comenzaron a reír, menos Bill quien seguía fijando seriamente a Tom con su mirada.

-No me refiero a eso, me refiero que no me convences al tocar. ¿Dónde está tu personalidad?
-¿Personalidad?- bufó-. Yo toco con profesionalidad. ¿Qué sabrás tu? Aún no te hemos escuchado tocar y ya crees poder juzgar a los demás.

La voz de Tom se había vuelto sumamente agresiva, al parecer no podía soportar las críticas.

-Dejemos aquí las discusiones. No quiero que comencéis a sacaros los ojos y a daros puñetazos- el señor Bernart había levantado las manos haciendo callar al circulo que se había comenzado a inquietar.
-Que toque Bill- dijo el chico que estaba sentado al lado de Tom.
-Eso, que toque el marica- todos comenzaron a reír de nuevo.
-Chico, ¡ya!- ordenó el profesor.

Su mirada se quedó parada en Tom quien seguía riéndose. La situación se fue calmando y cuando todos estuvieron callados de nuevo el profesor siguió hablando.

-Bueno, estamos en las primeras semanas después de las vacaciones, todos vamos a tener aquí la oportunidad de tocar delante de la clase. También te lo digo a ti, Tobi, no te rías de Bill. Tus notas de música no son las mejores, aún tienes que practicar mucho.

El chico al lado del señor Bernart, quien había reído igual de alto que Tom miró al suelo avergonzado. Bill se sintió satisfecho. Al parecer ese desgraciado no era mucho mejor que los demás. Seguramente era de esos chicos que siempre siguen al gran líder, que nunca tienen propias opiniones sobre los demás, de esos chicos que siguen a la manada, pero cuando están solos son flojos y no saben defenderse. Se sienten fuertes porque van en grupos, pero en realidad no son nada.

Bill siguió sumido en sus pensamientos contemplando a sus camaradas de clase, imaginándose cómo debían ser, intentaba averiguar en silencio con qué gente tendría que pasar su día a día. Llegó al fin de pensar que todos ellos no eran mas que idiotas. Lo peor de todo era que todos parecían escuchar a Tom, ya que se reían cuando comenzaba a a hacer sus chistes de mal gusto.

-Bill, ¿te apetece tocar hoy para nosotros? No hace falta si no quieres, es tu primer día y no quiero obligarte a nada- dijo el señor Bernart con una sonrisa.

Bill negó con la cabeza.

-No me importa tocar.

Se levantó de la silla y abrió el maletín en donde tenía guardada su guitarra acústica de color blanco. Se la había regalado su padre y ya era bastante vieja, pero todavía sonaba de maravilla... casi nostálgica.

-Es una canción mía... la he escribí con 14 años-les informó aclarándose la voz, y comenzó a tocar lentamente.

No cantó y eso que esta canción tenía letra, pero aún no se atrevía a utilizar su voz. De todas formas, todos se quedaron callados cuando comenzaron a escuchar la melodía.
Tom tragó saliva, el señor Bernart se inclinó para delante, te tocó la barbilla y sonrió con satisfacción.

Todos comprendieron, aún siendo sin palabras, que la canción trataba de cosas negativas, como una protesta en contra de todo. A Bill siempre le habían gustado las canciones que iban en contra de la corrupción. De mandar a declarar. Su forma de vida y de ver las cosas.

Quizás justo por esa razón la canción de Dear Mr. President de Pink estaba siempre en primer lugar de su playlist. Pero últimamente solo podía escribir sobre su hermano, sus sentimientos y su propia vida. Era tan ridículo y tan evidente, todas las personas emocionales escriben sobre personas queridas que se han ido, y quizás por esa razón no se las quería enseñar a nadie, porque no quería que nadie viera que él también era una de esas personas corrientes que escriben sobre esas cosas chungas que te pasan en la vida.

Quizás eso era lo que hacía tan iguales a las personas: los sentimientos. Tristeza, alegría, frustración, amor... Pero Bill aún no estaba preparado para aceptar que él también era uno de ellos, un humano, como tú y como yo. Sus sentimientos, tan iguales pero para cada uno tan únicos como la forma de un copo de nieve cristalizado.

La guitarra dio sus últimos tonos antes de quedarse muda. Bill, quien había estado mirando las cuerdas todo el rato, subió un poco tímido la mirada.



Eran las doce y media. Bill estaba sentado en su silla, sus brazos andaban cruzados encima de la mesa y su cabeza se posaba encima de ellos, había encendido su reproductor de música y andaba escuchaba Evanescence con los ojos cerrados. En realidad, los reproductores de música estaban prohibidos, pero tenían 5 minutos de pausa entre clase a clase y en esos minutos los estudiantes hacían lo que les daba la gana.

Una mano bastante caliente se posó suavemente sobre el hombro del pelinegro. Éste levantó la cabeza y la giró para ver quién lo estaba tocando.

-Mattis- murmuró y se sacó los auriculares de los oídos. No pudo evitar sonreír al verle.
-Espero no haberte molestado- dijo el chico rubio con una sonrisa, y se sentó al lado de Bill en una silla que quedaba sin ocupar. Su compañero de mesa se había esfumado al baño y no había vuelto de momento.
-No- respondió Bill guardando los auriculares.
-Has tenido hoy música, ¿verdad?- preguntó Mattis intentando sacar un tema.
-Si- respondió Bill y añadió-. No sabía que las clases estaban separadas por instrumentos.

Mattis sonrió y asintió con la cabeza.

-Bueno, yo toco piano y el violín, por eso estoy en dos grupos. Se suelen separar por temáticas, pero una vez al mes hay una clase de música donde se reúnen todos los músicos para tocar juntos, ensayamos cosas para obras que luego se presentan en el teatro. No es obligatorio, pero a mi me gusta mucho participar.

La mirada de Mattis se quedó fijada en el figura del pelinegro. No se atrevía a mirarle a los ojos.

-Bueno, no creo que participe en ello- dijo Bill decidido-. No trabajo demasiado bien con otras personas, suelo tener mis propias ideas.

Mattis fijó su mirada en la boca de Bill.

-Bueno, también puedes asistir a esa clase y preguntar si puedes hacer un solo. Yo lo he echo ya muchas veces. También se pueden hacer trabajos de dos- al decir lo último fijó por primera vez los ojos de Bill y al chico le pareció como si Mattis le estuviera haciendo una oferta-. El señor Bernart dice que eres todo un talento- dijo tragando saliva y volvió a apartar la mirada.

Bill se ruborizó, sintió como se sonrojaba cada vez mas. Las palabras de Mattis habían sonado con tanta admiración...

-Sólo he tocado la guitarra- dijo intentando justificarse.

Mattis sintió que Bill comenzaba a sentirse incómodo. Conocía ese comportamiento de Demian y sabía que debía cambiar rápidamente de tema...

-Bueno... ¿Qué deporte has elegido?- preguntó lo primero que le cruzó por la cabeza.
-Barminton- respondió Bill y cruzó sus piernas.
-Oh, vaya, otra asignatura que tenemos en común- dijo Mattis y se mordió el labio para evitar sonreír de nuevo, debía parecer idiota.

Los dos se quedaron callados, y pocos segundos después sonó el timbre.
-Me voy- dijo Mattis-. Nos vemos hoy en deporte- sonrió antes de levantarse de la silla y salir por la puerta.

Lo único que le quedó a Bill fue un soplo de aire y un escalofrió. De alguna forma... le incomodaba estar a solas con Mattis. Pero por otra parte, compartían tantas igualdades, y no solo en la música, que hacían que se sintiera atraído hacia él. Pero el mero pensamiento en la relación que Demian había tenido con él lo transportaba directamente de nuevo a la realidad.

Mattis no era un buen partido... o si, pero por ahora Bill intentaría mantenerlo sentimentalmente hablando a distancia. Aún conocía demasiado poco a las dos personas que habían cruzado su vida en estos días y sabía que debía andarse con cuidado.
El hecho de que Tom se hubiera enfadado con él porque sabía tocar mejor la guitarra no refortalizaba su relación de forma positiva, mejor dicho, ahora se podía decir, que Tom lo odiaba más que antes.

Curiosamente, no todos estaban de parte de Tom, muchos de su clase no parecían estar muy deacuerdo con su formas de vida, había muchos prejuicios y rumores contra él. Cada uno pensaba lo que quería de Tom, y algunas opiniones se basaban en puro odio.

La hora doble de inglés lo iban a matar, pero Bill sabía después tendría su recompensa en el deporte. Le gustaba practicarlo, pero a la vez nunca se atrevía a hacerlo solo. De todas formas, no le hacía falta adelgazar, por eso solía decidirse por titarse delante de la televisión viendo reportajes en el canal del National Geographic o ver series estúpidas de médicos como Anatomía de Grey. ¡Esa gente sí que tenía problemas!

La maestra no paraba de hablar y hablar, pero los pensamientos de Bill estaban muy lejanos a los estudios.

El tiempo pasaba lentamente, pero después de 90 minutos de inglés, el pelinegro se vio liberado de su tortura.

Maik le había enseñado amablemente dónde se encontraba la sala de deporte a la que se accedía por un pasillo adicional.

Aún faltaba más de media hora para que las clases comenzaran, y Bill se vio solo en los vestuarios, ni las luces estaban encendidas, se acordó de que mucho de los estudiantes se iban a comer al comedor de la escuela. Se quedó parado a pensar un momento si debía o no ir a comer, pero su estómago no lo reclamaba así que se quedó sentado en uno de los bancos justo al lado del espejo.

Se acordó del diario de Demian, que aún estaba guardado en su mochila, y lo sacó con cuidado. No había nadie, así que nadie lo vería leyéndolo.


~27.09.09

¿Dónde queda el tiempo?


Las vacaciones de otoño han terminado y volvemos a la escuela, la rutina de siempre.
En esta semana no he echo demasiado. Mattis se fue repentinamente con sus padres tres días a Holanda y yo he estado encerrado en casa, meditando.


Soy gran fan de la literatura, pero últimamente he dejado de leer libros por los estudios. El viernes, comencé a leer la “Divina Comedia” de Dante. Hacía muchotiempo, que no leía un libro que me llenara de tal forma.


Es fascinante como Dante, representando a su propio personaje, es guiado por el cielo, el infierno y el purgatorio. Nunca me había interesado por lectura bíblica, pero el libro es realmente interesante, y a un nivel bastante mas alto de lo que me esperaba.


El hecho de que comenzara a leer un libro es que 1: La quedada entre los “homoeroticos adictos”, como nos gusta llamarnos, se ha cancelado. Jürgen se ha lesionado haciendo deporte y ha tenido que ir al hospital, y Frank no ha podido venir solo, ya que ha tenido que cuidar de la hija de una amiga. Pensamos ir a visitarlo hoy, más tarde te cuento más detalles sobre nuestros planes. Y 2: He ido a la peluquería. Unisex, está bastante bien y bueno, como ya había dicho, necesitaba algo nuevo. Le dije a la peluquera que quería el pelo de colo negro. Al principio había pensado ponerme rubio platino, pero creo que no es lo mío, así que me lo han puesto simplemente negro con matices azules. Me encanta pasarme los dedos por el pelo y toquetearlo, está super suave.


También lo tengo más corto, se podría decir que mi corte es un poco emo, algo que no estaba planeado, pero debo reconocer que me queda bien. Lo único malo es que amo hacerme coletas y mi pelo está ahora tan corto que es casi imposible, solo podría hacerme pequeñas coletitas atrás, pero mejor no


Ya sabía cómo me iba a quedar más o menos, tenía el modelo perfecto en mi familia. Pero como conozco a Bill, y como sé que le gusta mucho cambiar, ya tiene un nuevo corte y un nuevo color.


Bueno, esas son las dos razones por las que me he puesto a leer, para matar el tiempo en la peluquería, y porque iba a estar bastantes días solo.


Mattis viene dentro de unos minutos e iremos a visitar a Jürgen al Hospital. Él traerá el regalo que ha comprado en Holanda, y diremos que es de todos. Mattis nos debe una, así que era el encargado del regalo.


Joshua y Christian tambien vienen. Si soy sincero, la verdad me hubiera gustado mas presentar mi nuevo peinado solamente a Mattis. No sé lo que van a pensar los demás. Joshua dirá lo que piensa, es demasiado sincero y Crhis... bueno, él se callará la boca y me dirá que está bien si me gusta... ¿y qué me dirá Mattis?


Suena estúpido, pero siempre que estoy con él tengo la necesidad de cambiar algo en mí, tengo la sensación de que no le gusto como soy. Nunca me ha dicho nada, pero él mismo cambia muchas veces de ropa, trae cosas nuevas y se mete en sus facetas: algunas veces en traje de etiqueta otras veces funikie y otras veces chico normal de la calle, y cuando está depresivo, suele ir de negro. No sabría definir su estilo, pero su armario está repleto de ropa de todos los estilos, es la persona más flexible que conozco, siempre sabe lo que quiere y cuando lo quiere, y lo peor de todo es que lo hace bien, siempre se ve perfecto cuando lleva algo y siempre sabe cómo debe comportarse en su papel. Se sabe interpretar a sí mismo de una forma tan perfecta que es casi un desperdicio que tenga que llevar uniforme a la escuela...


¿Y yo? Sí, yo aburrido y triste, siempre llevo lo mismo, no soy para nada flexible, diría que yo vivo la monogamia en mi estilo, pero no solo en mi ropa. En mi vida no hay cambios... No es que quiera cambiar mucho, pero sí me gustaría vivir más emociones.


A Mattis le interesa mucho la música, pero nunca lo he visto leyendo. Ese es mi punto fuerte, la lectura, pero no creo que sea un plus a la hora de conversar con con chico de mi edad que se preocupa por otras cosas.


Al final va a pensar que soy idiota, ya que nunca me gusta iniciar una conversación y si comenzamos a hablar comienzo a contar de mis cosas y vuelvo al tema de los libros, debe pensar que soy un bicho raro, nunca hablo y si comienzo a hablar no paro y al final ya no sé qué decir ya que él se queda callado escuchándome e intentando poner una cara de interés cuando lo que digo es totalmente aburrido y absurdo.


Han llamado a la puerta, deseame suerte.
~*~

domingo, 26 de septiembre de 2010

11. Pasaje Dear Demian...

11.Pasaje 

~Bill

Despertarme por las mañanas dándome cuenta que todo lo que ha pasado no es un sueño es como una patada en la entrepierna. He sido un estúpido al pensar que la normalidad en esta situación aliviaría el dolor, pero nada más lejos de la realida. Lo hace todo mas irresistible, no es normal sentir dolor.

Salgo de la cama, sabiendo que me he despertado inusualmente temprano. Miro el reloj: falta más de media hora para que me tenga que levantar.

Me estremezco al sentir una brisa fría que viene desde fuera de mi habitación. ¿Mi puerta está abierta? Nunca dejo la puerta de mi habitación abierta. Molesto, me dirijo hacia ella y la quiero cerrar para después meterme de nuevo en la cama.

-Vaya, ya estas despierto. Bien, así podremos desayunar juntos.

Mi padre aparece por la puerta y me mira con una gran sonrisa. Intento fulminarlo con mi mirada, subo una ceja y me cruzo de brazos.

-Venga, Bill, he comprado bollos y he traído salami, que tanto te gusta.

Esa estúpida sonrisa no quiere desaparecer de su cara, me dan ganas de pegarle hasta la inconsciencia, pero al final recapacito y suspiro.

-No tengo hambre- le digo antes de entrar al baño que queda justo en frente.
-Bueno, pues al menos siéntate conmigo a la mesa, ayer apenas nos vimos y tú has estado todo el día solo.

Estoy a punto de responderle que no he estado solo, y que no le convine meterse en mis asuntos, pero lo dejo. No quiero que me persiga con preguntas estúpidas, seguramente conocerá ya a Mattis y no quiero refrescar de nuevo la historias de Demian.

Cierro la puerta del baño a mis espaldas, dejando a mi padre solo en el pasillo.




Die Liebe hemmet nichts;
sie kennt nicht Tür noch Riegel,
Und dringt durch alles sich;
Sie ist ohn* Anbeginn,
Schlug ewig ihre Flügel,
Und schlägt sie ewiglich.
~Matthias Claudius

“El amor no cede a nada ;
no conoce puerta ni cerrojo,
y todo lo atraviesa;
Es sin comienzo
Por siempre agita sus alas
Y late eternamente”
~Matthias Claudius

El joven de cabellos rubios cierra lentamente el libro y mira el cielo nublado. Pequeñas gotas de lluvia comienzan a caer, mojando su pálida mejilla que brilla en la luz de la mañana, como nieve blanca recién caída.

Cierra los ojos y los vuelve a abrir. La lluvia se intensifica. Mira al frente y observa la silueta de una persona acercándose lentamente hacia él. No puede reconocerlo, pues el desconocido lleva un paraguas negro que deja su rostro en el anonimato. Guarda el libro en su mochila, pero mientras lo hace, no aparta sus pupulas de la figura acechante.

Los dos muchachos se clavan al suelo con la mirada, y uno de ellos comienza a hablar.

-No sé cómo puedes seguir teniendo las agallas de volver a la escuela. Debería darte vergüenza- el tono de voz del hablador parece reventar de asco y desprecio. Cierra el paraguas, dejando que la lluvia toque su cálida piel.

El joven del paraguas escupe en el suelo, justo en ante sus pies, como si quisiera marcar una barrera entre los dos. El rubio se queda callado y sigue atravesando al hablador con la mirada. A pesar de llevar el mismo uniforme, la diferencia es abismal.

-Quizás deberías fijarte primero en ti antes de juzgar a otras personas. Sólo sale mierda de tu puta boca nazi. No eres mejor que yo, y lo sabes... No somos tan distintos- subió una ceja desafiante, intentando provocar al otro.
-Vaya... al menos YO no he matado a nadie.

El chico del paraguas comienza a reír pero, para la sorpresa del rubio, su risa no es maliciosa, sino más bien amarga y triste.

-Te sigues mintiendo, a pesar de saber lo que sientes ¿No es así? Venga... admítelo, Tom.

La risa amarga de Tom se apaga.

-Para mí, esto no es más que un juego- murmura con voz seria.
-Pues, al parecer, tú eres uno de los jugadores- responde Mattis separándose de la pared que tiene a sus espaldas-. Si todo esto no te afectara, no te pondrías tan sentimental cuando hablamos del lo sucedido

Un tic cruza la boca de Tom, quien empieza a apretar los dientes.

-Tú no tienes ni idea...- masculla aguantando con fuerza su paraguas.

Mattis se acerca a él con una sonrisa.

-No soy yo quien se ha engañado, eres tú quien no admite...

No le da tiempo a terminar su frase, ya que se ve apretado contra la pared, cogido del cuello de su camisa.

-¿¡Que admita qué!? ¿EH?- la boca de Tom queda a pocos centímetros de la oreja de Mattis, quien gime de dolor.
-Que tenías...- susurra Mattis, pero de pronto siente la mano de Tom en su entrepierna, no le hace realmente daño, pero no es precisamente un gesto de aprecio.
-Podría violarte... aquí y ahora, me daría igual, mi único problema es que a ti te gustaría... igual que a él le gustaba...esto no tiene nada que ver con amor, señor Devillier...- su mano apreta con más fuerza. Mattis aguanta la respiración, le cuesta respirar ya que Tom le apreta el brazo contra su pecho intentando dejarlo inmóvil-. Para mí no era mas que un juego. Que vuestra enfermiza amariconada relación se estropeara no es mi culpa. No es mi culpa que a ese pequeño maricón de mierda, iluso e inocente, le gustaran las pollas más grandes que la tuya. Yo sólo le he dado su merecido. Quien ha estropeado su vida eres tu. ¿Sabes...? Es mejor así. Un puto maricón menos ¿a quién le importa? Exacto... a nadie. Podría matarte aquí y ahora, hasta me daría placer verte desangrar en el suelo después de haberte apuñalado con mi navaja, pero no lo hago, porque me gusta mas verte sufrir... verte sufrir bajo tu remordimiento.

Tom se lame los labios y aprieta con más fuerza. Mattis cierra fuertemente los ojos y aprieta los dientes ahogando un grito de dolor.

-Mi conciencia está limpia.

El chico, que había dejado caer su paraguas en el suelo, muerde la oreja de Mattis antes de soltarle, quien cae al suelo y se queda de rodillas en un charco, intentando coger aire que le faltaba.

-Vaya... no sabía que te gustara el sadomaso... se te ha puesto dura- con esas palabras recogió el paraguas del suelo y se alejó de Mattis que se quedó sentado sobre sus rodillas.



La escuela: un martirio diario. O al menos eso pensaba Bill. Tenía la sensación de ser el único que iba con autobús a la escuela, no había nadie con un uniforme como él, y la gente lo miraba de reojo. Unas muchachas que estaban sentadas a pocos metros de el juntaban las cabezas y parecían reírse de el.

Gordon se había ofrecido llevarle con el mercedes. Bill no tenía ganas de pasar la mañana entera con su padre, ya tenia suficiente escuchando sus comentarios, siempre intentando conversar con él. Pero ahora se arrepentía. Era humillante: las miradas, los cotilleos. Al parecer la escuela tenía una fama tan excelente que los estudiantes que iban a ella nunca irían en autobús.

El pelinegro suspiró y el autobús se quedó parado en la esquina que que quedaba cerca de la escuela. Abrió el paraguas al salir, estaba lloviendo a cántaros. El tiempo parecía reflejar su humor ya que éste estaba por los suelos.

Observó a los demás estudiantes que iban saliendo de sus coches lujosos que aparcaban en el aparcamiento privado de la institución: Rolls Royse, Mercedes, Audis, Ferraris... todos coches de pijos endemoniados.

“Oh, sí, este fin de semana iré al apartamento que mi familia tiene en las Fiji con nuestra playa privada, claro”
“¿De verdad? Yo pasaré el fin de semana en mi yate privado en aguas americanas” ( y ese chico tenía solo 14 años (!)

Bill solo podía negar con la cabeza, gente pija e ignorante. Él nunca iba a acabar como ellos, no podía soportar a gente tan desgraciada y pedante. Sumido en sus pensamientos, se dirigió a la entrada y subió las escaleras hasta entrar al pasillo general.

-¿Señor Schwarz?- una voz masculina lo sacó de sus pensamientos mientras guardaba el paraguas en una bolsa, levantó la mirada y vio a un hombre de estatura mediana, pequeña calva y unas gafas de color amarillenta-. Vaya...- murmuró el hombre y se quedó mirándolo, fascinado. Bill comenzó a sentirse inseguro, se tocó el pelo y la cara para comprobar que todo estaba en orden-. Oh lo siento... es que te pareces... lo siento.

Una sonrisa se dibujó en la cara del muchacho, el hombre parecía simpático, se recogió una mecha de pelo detrás de la oreja.

-Me lo dicen a menudo- murmuró Bill.
-Soy el señor Bernart, tu profesor de música. La directora me ha pedido buscarte, están reformando el aula de música y tenemos que ir al segundo. Te han dado un plano, pero ese no es correcto. Por cierto, conozco a tu padre, si no te lo ha dicho aún. Fuimos a la misma escuela cuando eramos jóvenes. Me ha dicho que tienes un talento innato.

Al joven le costaba seguir las palabras del señor Bernart. Por las mañanas no estaba demasiado perceptivo para nuevas informaciones.

-Me ha dicho que te gusta tocar la guitarra y que sabes tocar un poco el violín- Bill negó con la cabeza.
-Bueno, sólo he estado dando clases 3 años, no soy demasiado bueno, me salen mal los tonos, me gusta más tocar la guitarra.

Los dos comenzaron a caminar, Bill iba siguiendo al hombre que era al menos una cabeza más pequeño que el.

-En ese caso nos concentraremos en tu voz y tu guitarra. Tu padre me ha mandado unas grabaciones, cantas muy bien.

El pelinegro se quedó parado y parpadeo rápidamente.

-¿Mi padre ha hecho...? Bah, da igual- su humor, que había comenzado a mejorar, volvió a caer en un pozo depresivo. ¿Es que no había cosa en la que su padre NO se metiera? Le incordiaba la vigilancia de ese ser tan repugnante.
-Bueno tenemos muchos estudiantes con intereses musicales, pero queremos que se concentren en sus fuerzas, y por eso las clases están separadas por instrumentos. No hay más de 10 estudiantes en una clase de música, para que el profesor pueda darles la atención que requieren. Antes éramos menos profesores y nos costaba atender a todos los estudiantes y había muchos padres que se quejaban sobre ellos, por eso nos hemos concentrado en hacer grupos mas pequeños. Cada año montamos una orquesta y damos un concierto en el teatro mayor de Hamburgo, que también está patrocinado por esta escuela. Tenemos una pianista magnifica en la que suele asistir todos los años.. ¡oh! Por aquí.

El hombre cogió el brazo del muchacho que estaba a punto de seguir hacia delante, se metieron en un pasillo que acababa en una puerta doble bastante grande. Ya había estudiantes reunidos delante del aula, eran realmente pocos, Bill contaba a penas seis.

-Buenos días, muchachos... hola, Tom. Qué bien que vuelvas a mi clase- dijo el profesor con una gran sonrisa.

¿Tom? Así era. Tom, el muchacho más odioso del mundo estaba apoyado en la pared, justo al lado de la puerta. Parecía estar escuchando música con su iPod. El profesor ignoró el aparato de música que estaba prohibido en esta escuela y sonrió abiertamente.

-Bueno... lo que usted diga.

Se soltó de la pared y se aflojó la corbata, que parecía estar demasiado apretada. Su mirada calló en Bill, que iba como una sombra detrás del señor Bernart. Tom puso los ojos en blanco y suspiró.

-¿No me digas que el maricón ese va a entrar en nuestro grupo?

Al señor Bernart no parecía estar muy sorprendido de la manera en como Tom “hablaba” con Bill, o al menos hablaba de él.

-Si señorito, este es el hijo de un viejo colega mio, es un talento con la guitarra.

El profesor cogió a Bill amistosamente por el hombro y lo apretó como a un amigo. Bill se ruborizó pero no se atrevió a decir nada. La mirada de Tom parecía estar llena de asco y rencor, de alguna forma u otra se estaba ganando el respeto del pelinegro. El chico estaba seguro, ese homófobo le daba miedo, y eso que no solía temer a nada y a nadie. Tom era bastante atractivo. Ni demasiado flaco, ni demasiado ancho, pero parecía estar muy entrenado. Su cara era más bien alargada, como la de Bill, pero en sus ojos se reflejaba la un aire de superioridad. Parecía disfrutar su papel del chico mas fuerte.

-Vamos, muchachos, entremos al aula- dijo el señor Bernart con un humor demasiado bueno para aquel día lluvioso y abrió la puerta.

Especial Dear Demian...

Hola chicas, en vista de que mi beteadora Qhel se ha puesto enfermita aún va a tardar un día en corregirme a Dear Demian, por eso os traigo un Dear Demian especial!!!

¿Y que tiene de especial?

Pues vereis ;) Muchas de vosotras no conocéis a Hamburg y si os doy direcciones y sitios no vais a tener di idea de a donde os dirijo :) Por eso me he puesto a trabajar con el google Maps para enseñaros las casas de Bill, Tom, Mattis, su escuela y el cementerio donde Demian está enterrado.

Aviso: Las casas no me pertenecen. Solo las cojo prestadas para esta historia.

Estas son las ubicaciones. Es para que veais como mas o menos estan Situadas las casas.
Veis que hay unos puntos verdes? A, B, C, D, y E??

Punto A: Escuela Privada Klosterwall, Es la escuela de Bill, Tom y Mattis.
Punto B: Cementerio Diebsteich, Es el cementerio donde Demian está enterrado.

Punto C: Casan de Bill: en la calle Hagenbeckallee en Hamburg
  
Punto D: Casan de Tom: en la calle Mühlenberger en Hamburg.


Punto E: Casan de Mattis: en la calle Heckenrund en Hamburg.
 

Bueno chicas ;) Espero que os haya gustado la descripción de los lugares donde viven mis personajes ;) Para cualquier duda opregunta dejadme un comentario.

Si lees comenta porfavor ;)

domingo, 5 de septiembre de 2010

10.Pasaje Dear Demian...

10.Pasaje

Bill

La puerta se cierra detrás de mí y me recuesto en ella. Acerco mi mano al pecho y siento que mi corazón sigue latiendo con fuerza. Cierro los ojos. Al menos mis problemas de matemáticas se han solucionado. Comienzo a reír y me pongo de nuevo en pie. Estoy a punto de subir de nuevo por las escaleras, cuando escucho una llave en la cerradura. Me doy la vuelta y veo a mi padre entrando por la puerta acompañado por una mujer. Los dos parecen haberse divertido. Gordon deja las bolsas de la compra en el pasillo y le quita a la mujer la chaqueta para colgarla en el perchero.

-Bill, ¿serías tan amable de llevar las bolsas a la cocina?- pregunta mi padre. Sin esperar una respuesta, entra a la sala de estar dejándome a mi a solas con las bolsas.

Suspiro, las cojo sin rechistar y las llevo a la cocina. Un poco cansado me dedico a guardar los alimentos cuando de repente entra mi padre y cierra la puerta de la cocina detrás de sí.

-¿Dónde tenemos el café?- mi padre se dirige a mí.
-No me preguntes, yo no bebo café.

Estoy molesto. ¿Es que soy su chacha o qué? Si no encuentra las cosas, que busque.

-¿Quieres un trozo de tarta?- la sonrisa de mi padre se hace cada vez más ancha. Por fin ha encontrado el café y comienza a prepararlo.
-¿Quién es esa mujer?- pregunto ignorando su pregunta y me apoyo en el borde de la mesa.
-Una amiga que no he visto en mucho tiempo- me responde sacando una caja de la nevera.

La abre y veo una tarta de nata y fresas. La coloca encima de un plato de plata y después coge un cuchillo.

-Sacame unos platos, ¿quieres?

Suspiro y me doy la vuelta para sacar la vajilla de porcelana del armario.

-Coge también los tenedores pequeños.

Pongo los ojos en blanco, pero no me niego a hacerlo.

Mi padre coge la tarta y el café y sale por la puerta. Le sigo con los platos y los tenedores. Ya me he dado cuenta, de que los dos andan un poco bebidos. Dos o tres cervezas supongo, ya que no es normal comer tarta a las nueve de la noche. Nos sentamos a la mesa, desde aquí puedo ver el patio, ha comenzado de nuevo a llover.

-Tu debes de ser Bill, ¿verdad? Soy Katarina- la mujer me estrecha la mano.
-Supongo.

Ignoro a la mujer y me cojo un trozo de tarta antes de desaparecer en mi habitación. Miro a mi padre al pasar. No tengo ganas de ser testigo del ligoneo de mi padre. Que hagan lo que quiera. Estoy enfadaddo. Pensaba que iba a traer la cena y lo único que haces es traer la compra y una mujer. Creo que le da igual que me muera de hambre. Pues entonces comeré tarta.

Todo ese sentimiento, esa emoción que sentí hace unos segundos con Mattis a solas, se ha desvanecido, y mi ego y mi mal humor vuelven a reinar en mí.

Algo deprimido, me siento en el suelo de mi habitación, cojo el mando a distancia y enciendo mi televisión de plasma mientras comienzo a devorar la tarta de nata y fresa.
Cojo el primer trozo en el tenedor y me lo meto en la boca. Lo saboreo lentamente. La verdad es que está riquísima, no hay duda de ello. Comienzo a zapear sin ganas entre los canales. No hay nada los lunes por la noche. Me quedo parado en el cana Pro7 y me enfrasco en una de las series de policíacas que televisan. Después de terminarme la tarta me comienza a doler la barriga. Me acuesto encima de la alfombra cuando, de repente, suena mi móvil. Ruedo hasta mi escritorio y me levanto para cogerlo.

-¿Andy?
-Siento llamarte tan tarde- su voz suena deprimente.
-No te preocupes, aún estoy despierto- murmuro bajando el volumen de la televisión.

Me levanto del suelo y me acuesto en la cama.

-Amelie se acaba de ir- dice Andy para comenzar la conversación.
-¿Y que querías?
-Acabamos de tener sexo- escucho como su voz comienza a temblar. Me muerdo el labios interior y suspiro. Cierro los ojos.
-No se que decir Andy, de verdad, lo tuyo con ella ya es casi enfermizo- lo digo con toda la seriedad del mundo. Mucha gente pensaría que no es para tanto, pero si hubieran pasado como yo tantas horas con él a solas, sabrían que esto va muy en serio.

Hemos pasado muchas horas hablando y llorando juntos, creo que no hubo casi ni un fin de semana sin lagrimas. O era yo quien tenía problemas en casa, o era él el que los tenía con Amelie. Nunca he tenido mal de amores y tampoco los quiero. Es un poco triste saber que no puedo hacer nada más que hablar.

-Lo sé... pero es que ella ha vuelto de sus vacaciones de fin de semana, estaba lloviendo, estábamos solos en casa y pues la he dejado pasar, porque aquí de verdad está lloviendo a mares, y le he ofrecido el sofá y al final hemos acabado como siempre.

Los dos suspiramos como siempre.

-¿Es que no puedes aleajr las zarpas de ella?- la pregunta es más retorica que otra cosa.
-Me conoces.
-Sí, y por eso te perdono.

Una sonrisa se dibuja en mi cara, cuando escucho una risa al otro lado de la linea.

-¿Y qué vas a hacer ahora?
-No lo sé, Bill. La llamaré mañana o algo así. Hablaremos como siempre y espero que esta vez lo arreglemos.
-Vamos, la misma mierda de siempre- aprieto los labios.
-Si, exacto- me responde.
-¿Y como te fue en tu primer día?-, cambia de tema apropósito, pero no me importa.
-Fatal, me pasé los recreos llorando como un idiota en el cuarto de baño. La psicóloga es una puta de mierda, no la soporto, lo peor de todo es que Mattis me ha venido a visitar.

Miro el reloj de la pared y comienzo a sacarme el pantalón y mis calcetines al igual que mi camiseta. Me quedo en boxers.
-¿Y como es?- escucho el interés en la voz de Andy.
-Guapo- respondo un poco cortado.
-Vaya, eso ya me lo imaginaba. ¿Y de qué habéis hablado?
-Pues, la verdad es que no hemos hablado mucho, se ha llevado las fotos suyas y de mi hermano, y me ha ayudado con los deberes de matemáticas- suena idiota, pero es la verdad.
-¿Estáis en el mismo colegio?
-Claro, pero no en la misma clase, aunque tenemos biología juntos.
-¿Crees que tiene interés en ti?
-Eh...- la pregunta me sobresalta un poco, me rasco la nuca-. No lo creo. No nos conocemos.

Escucho un ruido de fondo: es la madre de Andy.

-Bueno, mamá me llama para cenar. Mañana hablamos, si quieres. Adiós.
-Ciao.

Cuelgo el teléfono y me dejo caer hacia atrás con un suspiro. Mattis, un chico realmente interesante, pero me siento un poco incómodo en su presencia. Después de todo, tenía algo especial con mi hermano. Me sentiría realmente mal si comenzaran a surgir sentimientos entre nosotros.

Meto la mano debajo del cojín y saco de nuevo el diario que parece haber estado esperándome todo el día.

~19.09.09

Querido diario:

Estoy sentado en el jardín. Por fin hace un poco de sol y papá no está en casa. Aún es bastante temprano, pero más tarde no voy a tener tiempo de escribir. Mattis viene a ver una película. Joshua y Cristian también vienen, los cuatro somos grandes fans de Tim Burton, así que vamos a ver algunas de sus películas: Joshua tiene toda una colección.

Ayer, en la sesión, estuvimos hablando libremente sobre el sexo en una relación abierta homosexual. Eso quiere decir que tienes un novio, pero los dos tenéis sexo con otras personas o tienes un trío con tu pareja y un amigo. Me parece bien que podamos hablar tan abiertamente de estas cosas, quiero decir, las personas en la escuela sólo hablan de la protección y sobre usar condones, bla, bla, bla..., y nunca se habla sobre preferencias sexuales y que no se debe avergonzar sobre ello. Ya sabes que no me gusta hablar mucho, y por eso no participé mucho en las conversaciones, pero Joshua es un descarado y comenzó a hacer preguntas realmente vergonzosas, pero estoy seguro de que todos y cada uno de nosotros pensábamos igual que él o al menos yo también lo hacía. Nuestros dos orientadores hablaron mucho de su vida privada. Ellos ya son mayores y como pareja homosexual casada tienen bastante más experiencia que nosotros. Qué voy a contarte, son realmente geniales. Me gustaría tener una relación tan bonita como la de ellos.

Mattis estaba sentado a mi lado, estuvimos hablando todo el rato sin parar. Creo que mi corazón casi salta de mi pecho y me sentí realmente bien, ya que nos hemos contado muchas cosas.

Hemos hablado de todos menos del “tema” que estábamos dando. Creo que no lo hemos hecho porque a los dos nos da vergüenza. Me hubiera gustado mucho preguntarle si le gustaría vivir en una relación abierta. Pero como habrás notado, soy un cobarde y no me he atrevido. Joshua casi me mata con la mirada, parece odiarme igual que Cristian, pero no creo que esté enamorado de Mattis. Son amigos, y eso se nota.

Joshua es todo un cachondo. Creo que nadie le ha enseñado modales, nunca he conocido a alguien tan precoz como él. Le gusta hacer preguntas como “Cuando tu pene está erecto ¿Se queda recto o se dobla para arriba?”, “¿Has pensado alguna vez en tener sexo con un hombre bastante más mayor que tu?”, “¿Piensas que los hombres tienen el punto G en el ano?”. Me cae bien, pero a veces pienso que vive en un mundo completamente distinto al mio. Un mundo rosa y adorable con nubes esponjosas de gominolas y árboles en forma de penes gigantes. Nadie ha respondido realmente a sus preguntas, pero creo que le hace más gracia preguntarlas que escuchar una respuesta porque la cara de la gente es realmente espectacular.

Después de las sesiones nos fuimos los cuatro a comer pizza, fue bastante divertido. Mattis y yo nos pedimos una vegetariana. Me gusta más la de salami, pero a Mattis le gustaba más la vegetariana y por eso pedí la misma que el. Ya sé que parezco idiota, pero cerca de él y haciendo estas cosas me siento como en el cielo. Nunca me he sentido así, no son mariposas en el estómago. Yo soy la mariposa que vuela al ritmo de mis propios latidos, y sé que Mattis podrá hacerme caer al suelo con una sola mirada. No creo que haya estado alguna vez enamorado, pero si esto es amor, es una sensación espectacular. Quiero que me vea, quiero que me mire, quiero que me encuentre atractivo, quiero ser el único en sus ojos. Pero la verdad es que no me encuentro demasiado atractivo. No me gusta mi pelo. Es largo y aburrido y este color rubio no me gusta demasiado, estoy pensando en ir al peluquero. Hacerme algo nuevo. Mi hermano siempre ha tenido buenas ideas con los peinados, quizás me inspire un poco.

Bueno, dejo de hablar ya de mi.

Cristian es el único quien no parecía divertirse en esta noche. No se reía de ningún chiste, no quería tomar parte en nuestras conversaciones y lo único que hacía era mirarnos de vez en cuando. No sé qué pensar de él, es muy tímido, pero de todas formas me cae bien. No es arrogante, solamente un poco demasiado tranquilo. Creo que los celos de Joshua le afectan bastante: la pequeña diva no para de criticarlo. Mattis siempre intenta separar a los dos cuando comienzan a pelear, o mejor dicho cuando Joshua comienza a jugar la pequeña zorra del lugar. Nunca aprenderá.

Demian

~*~

El chico tenía la sensación de vivir en un mundo ajeno al de su hermano, como si Demian hubiera vivido en un universo paralelo. Callado e inofensivo, un universo que Bill, por más que corriera nunca podría alcanzar.

Dejó el diario donde se lo había encontrado anteriormente y después se levantó de la cama para sacudir la manta. Ya era tarde, y Bill no estaba demasiado seguro de si iba a coger sueño y fuerzas para levantarse mañana e ir de nuevo a esa horrible escuela. Estaba cansado de pensar tanto, se comía demasiado la cabeza. Estaba cansado de sus pensamientos que intentaban robarle el sueño, cansado de tantas tonterías y misterios, pero sabía que no iba a obtener una respuesta clara de golpe.

El pelinegro se dejó caer hacia atrás acurrucándose entre sus cojines. Abrió los ojos y se quedó mirando la pared unos segundos antes de apagar la luz. Comenzaba a acostumbrarse a la situación de ser hijo único, cerró los ojos y suspiró escuchando el silencio.

Le daba miedo, tenía miedo de dejar de sentir tristeza por su hermano, esa normalidad que parecía querer volver a su vida lo asustaba y más que eso lo enfurecía.

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