4.Pasaje
~Bill~
Estamos sentados todos a la mesa, callados, como si estuviera prohibido hablar. Suspiro y comienzo a atacar mi trozo de carne, que ya está más que agujereado por mi tenedor.
-Deja ya las tonterías, y come- la voz de mi madre no suena muy agradable que digamos.
Levanto la mirada y clavo mis ojos en los de ella antes de apartarlos de nuevo. Me centro en las patatas cocidas que yacen en mi plato. Ya deben estar frías.
-No tengo hambre- dejo el tenedor en el borde del plato. Me quiero levantar de la mesa, pero mi padre me retiene del brazo.
-Bill, no has comido nada desde ayer. Te vas a comer las patatas y la chuleta...- su voz suena tranquila, pero a la vez amenazadora. Lo ignoro y miro por la ventana, siento como su agarre se hace cada vez más fuerte, ye muerdo el labio inferior para no gemir de dolor.
-Suelta al muchacho, que le vas a romper el brazo- es la voz de mi abuelo, que se vuelve severa. Mi padre me suelta y en ese momento me levanto.
-De todas formas quiero que te sientes y sigas comiendo.
Cruzo los brazos delante del cuerpo para protegerme y mostrar más aún mi descontento.
-No tengo hambre- me vuelvo a repetir. Esta vez intento poner más fuerza a mi voz.
Mi madre está a punto de levantarse de la silla, cuando Gordon la coge del brazo para retenerla.
-Bueno, si no quiere comer nada, es su problema.
Bastante agradecido y con la cabeza baja, salgo de la cocina. Cierro la puerta detrás de mí y me apoyo en ella.
Comienzo a escuchar las voces de mis padres. Discuten.
-¡¿Ves?! Joder, Gordon, te he dicho que ya no lo tengo bajo control- es la voz de mi madre.
-¿Y qué quieres que haga yo? Haces como si fuera todo mi culpa- escucho como alguien deja su vaso encima de la mesa.
-Quizás si te hubieras preocupado un poco más por los dos a la vez no hubiera pasado todo esto.
Hay un momento de silencio. Escucho como mi abuelo se aclara la voz.
-¿Estás insinuando que la muerte de Demian es mi culpa?- la voz de Gordon suena muy agresiva ahora.
-... Quizás si le hubieras sabido escuchar no hubiera llegado tan lejos. Sabes muy bien que tenía problemas para entenderse con los demás... Lo sabías, Gordon.
-¿Y qué querías que hiciera? Él no quería hablar nunca. Siempre decía que todo estaba bien.
-Podrías haberlo llevado al psicólogo, entonces. Quizás Demian necesitaba ayuda.
Mi corazón hace un salto. Me toco el pecho. Tratan a Demian como si hubiera sido un estorbo. Quizás no éramos tan distintos como siempre suponía.
-¿Y tú qué? Tampoco pareces haber podido cuidar de Bill. Se está volviendo igual que su hermano. Haces como si fueras la madre perfecta... Eres ridícula.
-Sólo porque se ha teñido el pelo y está últimamente un poco pensativo no significa que esté depresivo. Ha perdido su hermano, antes no era así- escucho las lagrimas en su voz.
-Vaya, genial, te crees muy lista, pero en verdad no sabes nada. Yo al principio también pensé que lo de Demian solo era una fase. Primero teñirse el pelo. Maquillarse, vestirse de forma provocadora y salir con chicos de su edad a hacer tonterías...
Escucho una silla que se mueve.
-¡YA BASTA!- es la voz de mi abuelo que retumba en toda la casa-. Vuestro hijo está muerto, ¿y no tenéis nada mejor que hacer que discutir? Por Dios, comportaros como adultos. Vuestro hijo está pasando por una fase muy dura en su vida. Está en plena adolescencia. Está confuso e intenta buscar su camino. Vosotros no érais mejores cuando érais adolescentes. Dejad de criticaros a vosotros mismos e intentad por lo menos llevaros bien en la cena.
Escucho pasos acercarse hacia mi. No se por qué, pero tengo miedo de que me descubra alguien escuchando a escondidas en la puerta. Mi corazón comienza a latir con fuerza mientras doy unos pasos hacia atrás. Con la mirada busco un escondite, no tardo mucho en encontrar el escondite perfecto. Corro hacia el sofá y me dejo caer detrás de el.
La puerta se abre. Un filo de luz entra por la puerta iluminando por un segundo la sala de estar que se haya a oscuras. El filo de luz vuelve a hacerse más pequeño.
Escucho los pasos de mi abuelo acercarse al sofá.
Pongo una mano en mi pecho e intento regular mi respiración. Siento cómo unas lagrimas caen hacia mi camiseta. Me muerdo el labio inferior para evitar un sollozo. Abro los ojos y aguanto la respiración.
-Sal de ahídetrás y levántate del suelo, que vas a pillar un resfriado, hijo- la voz tranquilizante de mi abuelo retumba a mis espaldas. No sé qué hacer. Me siento ridículo aquí detrás escondido como un niño pequeño. Mis mejillas comienzan a enrojecerse. Me limpio las manos sudorosas en el pantalón vaquero roto y desgastado-. Bueno, si no quieres salir, también podemos hablar así, si lo prefieres.
Escucho los muelles chirriar a la altura de mi cara. Mi abuelo se ha dejado caer en el sofá. No quiero sentirme más ridículo de lo que ya me siento, así que me levanto lentamente del suelo y salgo de detrás del sofá.
Miro a mi abuelo, sentado de espadas a mi. Me limpio rápidamente las últimas lagrimas de mi cara y, con pies descalzos, me acerco a él.
-Venga, hijo, siéntate a mi lado.
Un poco indeciso me pongo en marcha y me dejo caer al lado de mi abuelo. Me siento directamente en el borde y evito mirarle a la cara.
Günter mete la mano en el bolsillo delantero de su camisa y saca una pipa, junto con un paquete de tabaco.
-No hay nada mejor que fumar para comenzar una buena charla entre hombres- me sonríe con sus enorme ojos verdes y cariñosos.
Me extiende un cigarrillo. Un poco inseguro lo cojo agradecido y me lo meto en la boca. Mi abuelo saca un mechero y lo enciende para mí. Le doy una calada, el humo blanquecino asciende hasta el techo del salón. Giro mi la cara hacia la terraza y me quedo mirando el reflejo de la luna en los charcos. No quiero que me vea llorar.
-No te avergüences de tus lágrimas, Bill. Es normal tener que llorar, y más cuando has perdido a una persona querida- sus palabras suenan muy sabias, aunque sea lo más natural del mundo.
-No sé...- comienzo a balbucear-. No sé cómo voy a seguir ahora adelante... No tengo ni idea de dónde voy a sacar la fuerza,
La ceniza de mi cigarrillo cae al suelo encima de la alfombra.
-Después de una bajada siempre habrá una subida- siento como su mano anciana se posa encima de mi hombro-. La vida es como una montaña rusa, hay subida y bajadas y a veces hasta hay curvas inesperadas. Aún eres muy joven y sé que la muerte de tu hermano será difícil de superar. Bill... Date tiempo. Date tiempo para aceptarlo. Date tiempo para poder pensarlo. Lo mejor que puedes hacer ahora es tomar las cosas como son. Date tiempo de estar tiste y si necesitas llorar, llora. Porque no vas a poder esconderte toda tu vida detrás de este luto. Usa este tiempo que tienes ahora de descanso para poder encontrar la mejor forma de superarlo.
He cerrado los ojos, apoyo mi cabeza en el hombro de mi abuelo.
-Hay algunas cosas que no comprendo- murmuro y abro de nuevo los ojos dejando escapar más lagrimas.
-Dime...
-No sé lo que significa su carta de despedida. Es que hay algunas cosas que no me cuadran. Creo que estaba enamorado...
Günter calla por unos segundos.
-¿Enamorado, dices? ¿De una chica de su clase?
-No era precisamente de una chica- me siento extraño hablando así de abiertamente sobre la homosexualidad de mi hermano.
-Oh, comprendo- murmura el anciano antes de tomar una calada de su pipa. Yo le imito.
-Es que... Pensaba que me contaría si estuviera enamorado, ¿sabes? Bueno, hace mucho que no nos hemos visto y en Navidades solo nos vimos un día, y no hablamos mucho... Lo he echado mucho de menos.
Hago una pausa.
Günter está a punto de responderme a eso cuando la puerta de la cocina se abre de nuevo.
Asustado me separo de mi abuelo. Soplo mi última calada al aire y apago el cigarrillo en el cenicero que está encima de la mesa.
Miro a mi madre, esta pone las manosen la cintura.
-¿Pero tú te crees que soy idiota? Joder, Bill. ¿Qué te he dicho de fumar?- se acerca a mí y me arranca la colilla de las manos.
-Simone, por favor- la intenta tranquilizar mi abuela. Mi madre no la escucha y me zarandea hacía arriba desde la muñeca.
-¡Ahh!
-¡Simone!- Günter se levanta del sofá.
-Papá, tú no te metas. No me digas cómo tengo que educar a mi hijo- le apunta amenazantemente con el dedo.
-Yo le he dado el cigarrillo- me intenta defender Günter. Me mira de reojo. Yo miro al suelo mientras mi madre sigue apretando mi muñeca con fuerza.
-¡Oh! ¡Genial! ¡Como si no tuviera yo problemas! ¡Y lo único que se te ocurre hacer es darle a tu nieto depresivo una sobredosis de nicotina!
Me libero de mi madre y la miro escandalizado. ¿Quién se cree que es?
-¡Yo no estoy depresivo!- le grito exhausto y me hago casi daño al limpiarme las lagrimas.
-¡Cállate! ¡Es todo tu culpa!- en ese momento mi madre se traga las palabras, aguantándose la mano delante de la boca.
-Yo... Bill … lo sien...- pero no la dejo finalizar.
-Ahórrate tus disculpas, ya sé donde queda mi posición. Soy el culpable. Pues bien... Me voy- me alejo de mi madre, y sin darme cuenta subo corriendo las escaleras.
Es el único sitio en el que puedo estar solo. Conozco la segunda planta de sobra, pero de alguna forma u otra me siento como si fuera la primera vez que estoy aquí arriba.
El olor a desinfectante me rodea. Comienzo a tener pánico. Todo está oscuro aquí arriba. Trago saliva y con mucho miedo comienzo a buscar el interruptor de la luz, y tropiezo hasta encontrarme con la pared. Mis dedos buscan nerviosamente el interruptor, y mi respiración se hace cada vez más agitada, pero sé que todo el miedo que siento está en mi imaginación. De todas formas estoy muy aliviado cuando encuentro por fin mi salvación. Mi luz en la oscuridad: el interruptor.
Estoy en un pequeño pasillo que da a una habitación enorme que ocupa toda la segunda planta. Es como un salón que tiene una pequeña esquina separada para dormir. Justo a mi izquierda se encuentra una puerta que lleva al baño, parece estar cerrado.
Algo inseguro, me dirijo hacia el sofá. A medida que me voy separando del baño el olor a desinfectante se va haciendo cada vez menos intenso.
Miro a mi derecha y con un poco de envidia contemplo el gran televisor de plasma. Al lado hay una nintendo Wii y una Play Station 3. Mi madre nunca me hubiera comprado algo así, ni siquiera me quiso comprar una PSP. No sé de dónde habrá sacado papá el dinero de comprar estos aparatos. A mí lo más caro queme compró fue una chaqueta de de Hardy de 110€, y eso que estaba rebajada a 98.
No sé cómo puedo comenzar a sentir envidia de mi hermano muerto en un momento como este. Meto las manos en mi bolsillo del pantalón y sigo dando una vuelta por la habitación.
La cama está echa e impecable. Es una cama doble, y cuando extiendo la mano para comprobar su confortabilidad. Me doy cuenta de que es una cama de agua.
Acaricio la manta, cierro los ojos y siento la tela bajo mis dedos. Un escalofrío recorre mi espalda, y los sentimientos me invaden lenta y morbosamente.
Comienzo a buscar con la mirada indicios del diario o algo parecido para entretenerme. Lo que sea, me da igual, que haga que deje de pensar en mi hermano. Es entonces cuando veo la pizarra de corcho colgado en la pared al lado de la cama. Está llena de fotos, parece un collage.
Con cuidado me levanto de la cama. Mi corazón comienza a latir cuando reconozco a mi hermano en las fotos. Sonriendo, feliz... ¿es una fiesta?
Me centro en una foto en especial, veo un chico a su lado. Tiene pelo rubio bastante largo y lleva unas gafas de sol. Está cogiendo a mi hermano con fuerza y una de sus manos está agarrando su trasero. Mi hermano no mira la camera, su mirada se centra en el chico que lo agarra.
Arranco la foto de la pared para poder verla mejor. Era un chico realmente hermoso, no puedo ver sus ojos pero con una cara tan bonita tiene que tener ojos preciosos. Su cara me suena, creo que lo he visto en el entierro, pero no me acuerdo muy bien.
Dejo la foto encima de la cama y sigo mirando las demás y es entonces cuando veo la última fotos que nos hicimos juntos.
Siento un pinchazo en mi pecho y mi garganta se cierra, intento aguantar las lagrimas pero no puedo. Cojo la foto que nos muestra a los dos sentados en el suelo de la terraza con tazas de chocolate en medio de la nieve, eran pocos minutos antes de las 12 de la noche. Ya estábamos calentando con champagne para festejar el año nuevo.
Con tristeza y una sonrisa amargada comienzo a acariciar encima de la foto. En este momento, el mundo se para para mi.
Me separo dolorosamente de las fotos y me levanto para comenzar a rebuscar el cuarto entero.
Si yo fuera Demian, ¿dónde escondería mi diario? La pregunta no es demasiado lógica ya que nadie podía pensar como mi hermano, ni siquiera yo tengo una mente tan caótica, así que comienzo a buscar con intuición. Primero en los cajones, luego en el armario de la ropa, cada vez me sorprende más su estilo de vida, ya que su vestimenta era casi clavada a la mía solo que yo no tenía pantalones de Dior.
Tengo la sensación de que se copiaba un poco de mi. ¿Me admiraba? No lo creo, él nunca había creído en todo ese rollo de los ídolos. Ahora me arrepiento de no haberlo conocido mejor. Ni siquiera en Nochevieja me dí cuenta de su vestimenta.
El estilo de mi hermano nunca había sido muy definido. Se ponía lo que le cabía y siempre había mantenido el pelo en su color rubio natural y el corte decente. Yo era el “bad boy”, yo rompía las reglas y abría la boca cuando algo no me cuadraba. Demian era mas de esos chicos callados que no hacen nada malo. Si algo no le cuadraba se callaba la boca y se iba a su habitación. La verdad es que no me extraña que comenzara a escribir un diario. Plasmar sus sentimientos en papel es algo muy original. Despeja tu mente. Quizás yo también comience. Pero no soy bueno escribiendo, creo que Demian tenías mas talento para ello.
Su carta, ese gran voto de confianza que parecía tener en mi, no lo puedo comprender. Pensaba que se había distanciando de mi.
Estoy tan sumido en mis pensamientos que comienzo a rebuscar hasta la cama y de repente, cuando subo el cojín me encuentro con una pequeña agenda negra.
Con cuidado, cojo la supuesta agenda y la abro, para mi sorpresa solo hay hojas en blanco escritas a mano.
Mi corazón da un salto. Creo que es lo que buscaba. El escondite no era muy original que digamos, pero creo que si yo fuera a cortarme las venas me daría exactamente igual dónde guardar mi diario.
Acaricio el lomo negro de cuero como si fuera una reliquia sagrada. Abro la libreta por la primera página, pero estoy indeciso acerca de si comenzar por el principio o ir directamente hacia el final...
Me decido por lo correcto, por el principio. Me voy a adentrar en la cabeza de mi hermano, y no sólo eso. Voy a comenzar a leer su corazón.
~02.09.09
Querido Diario:
Sé que el comienzo suena idiota y tan típico, pero no se me ocurre otra cosa que poner...
No consigo leerlo, siempre tengo que parar, no son sólo las lagrimas la que me impiden ver sino también la letra de mi hermano.
Creo que no voy a poder comenzar a leer aún. Hoy no me siento con fuerza de hacerlo. Lo meto en el bolsillo del pantalón y salgo de la habitación. Tanto tiempo aquí arriba me está comiendo la cabeza con paranoias. Tengo miedo de volverme loco si me quedo aquí un solo segundo más. Me llevo las dos fotos que he arrancado del corcho y bajo las escaleras.
Llego de nuevo a la planta baja. Escucho voces desde la entrada. Mamá y mis abuelos se están despidiendo de Gordon. Por lo que sé, se van a dormir a un hotel. Casi me había olvidado de ellos.
Mi padre cierra la puerta de un golpe y se da la vuelta. Me mira y resopla.
-Les he dicho que vas a dormir aquí. Te quedas en el cuarto de invitados- me dice antes de dirigirse en dirección al dormitorio.
-Gordon...- comienzo a hablar. A veces me cuesta pedir las cosas-. Me gustaría quedarme aquí- le pido mirando mis calcetines.
-Ya te he dicho que puedes dormir hoy en la habitación de invitados- levanto la mirada.
-No, no me refiero a eso. Quiero quedarme contigo. Aquí, en Hamburgo- comienzo a martirizar mi labio inferior con los dientes y espero su respuesta.
-Bill, estoy cansado. La cama está hecha. Vete a dormir- es lo último que me responde antes de desaparecer en su cuarto. Me deja a solas en el pasillo y no me queda más remedio que resignarme.
Mi curiosidad ha despertado. Saco el diario de mi bolsillo. Lo miro unos segundos antes de llevármelo a la cara y comienzo a olerlo. Huele a cuero y a... Sí, a Demian.
Decido guardarlo igualmente bajo el cojín. Estoy muy cansado, ya casi no consigo mantener los ojos abiertos. Me acurruco entre las mantas y aseguro el diario en su lugar, junto a las fotografiás. Estoy tan cansado que olvido completamente de desmaquillarme, pero da igual. El maquillaje está corrido de todas formas. El perfilador de ojos no es precisamente el mejor amigo de las lágrimas, ni siquiera sé para qué me molesto en maquillarme cada mañana. Es una pérdida de tiempo. ¿Será la rutina?. A veces podría reír de amargura, sabiendo lo cínico que soy...
Si lees comenta porfavor ;)












5 comentarios:
AHHHHHHHH NO POBRE DE MI BILL SOLO EL SABE LO Q SUFRE Y LA MADRE Q ESAN TOSCA PARA HABLARLE.YA AMO AL ABUELO Q SEÑOR MAS MOLONASO.....TENGO UN AGRAN CURIOSIDAD DE SABER Q DICE ESA PRIMERA PAGINA DEL DIARIOOOO....A CONTINUAR MI LECTURA
DILMA FRANCO
no habia tenido tiempo para leer tu fic Kass... debo decirte que no he podido parar de leer... ._. ... seguiré leyendo probablemente hasta la madrugada S: ... me encanta tu ff... y tambien aprovechare de leer Doppelherz que comencé a en otra pagina pero perdi el link... que felicidad encontrar todos tus fics!!! ahora a leer!!! :D
saludos desde Venezuela.... Mariana ^^
:O!! pobre bill...HAY QUIERO VER QUE DICE EN EL DIARIO!!! =D
Menudos padres... ¬¬
La escena de la habitación es tan... OMG. Me ha dejado con un nudo en la garganta :___
A ver si en el diario se aclara algo, porque de momento, está todo muy misterioso :P Me da a mí que Demian estaba metido en asuntos 'raritos'... xD
Sigo leyendo ^^
Tengo ganas de saber que pone el diario. ^^
Seguiré leyendo. ^_^
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