7.Pasaje
El chico había perdido completamente el apetito. Las conversaciones largas le frustraban, y esas mujeres no eran más que viejas charlatanas que intentaban ilusionar a su padre de nuevo con su ideología de una buena educación.”Patético”, pensaba Bill, pero decidió callarse sus pensamientos y así dejar de participar en conversaciones absurdas. Se levantó de la mesa, y el ruido de su silla hizo callar a su padre y sus invitadas indeseadas.
Los dos hombres parecían entenderse con la mirada, ya que Gordon no dijo nada cuando Bill se dispuso a subir de nuevo a su habitación. El padre carraspeó e intentó sonreír. Los tres volvieron a retomar su conversación, ignorando al adolescente.
Conectó su portátil intentando desconectar un poco del mundo real. Abrió la carpeta de música y sin pararse a elegir abrió una playlist cualquiera que había guardado hace ya bastante tiempo.
Seguro de estar en privado, se abrió los botones de la camisa blanca y se dejó caer en la silla. Cogió la botella de cocacola que ya llevaba reposando varios días, la abrió y se bebió el resto que quedaba. Al hacerlo, puso cara de asco. El líquido estaba caliente y con razón, la botella estaba justo al lado de la estufa, encendida noche y día. El pelinegro añoraba el verano. Echaba de menos sentir los rayos del sol en su pálida piel e irse a nadar en el estanque que quedaba cerca de su casa.
Ahora estaba sentado allí, solo y pensativo, ignorando el sonido del motor que señalizaba la partida de las mujeres.
La puerta se cerró de un portazo. La cara de Gordon, que había estado señalizando felicidad fingida toda la noche, se oscureció. El músico se avergonzaba de su hijo, estaba furioso y frustrado, nunca había visto tanta ignorancia. Bill podía ser un poco dramático, pero al parecer su show, como a Gordon le gustaba llamarlo, no había impresionado a las dos mujeres.
-¡Bill! Baja ahora mismo- la voz del hombre enfurecido resonó como un trueno por toda la casa.
El chico apareció por la escaleras y Gordon se puso en movimiento fijándolo con la mirada.
-¿Cómo te atreves a ponerme en evidencia delante de la señora Noack?- su se parecía a la de Simone cuando se enfadaba. Agresiva y despiadada.
-¿Y a ti qué más te da? Ni me preguntas cuando haces algo. Lo haces todo a mis espaldas y sin mi consentimiento. ¡Hasta el color de mi habitación la has decidido tú!
Gordon se quedó parado mirando a su hijo, que ardía de cólera.
-¡Porque tú sólo escoges colores deprimentes! ¡Necesitas ayuda!
Bill cogió aire, abrió la boca para decir algo estaba escandalizado. Nadie, ni siquiera su padre, tenía el derecho de decirle lo que le convenía o lo que no. ¿Quién se creía quien era? Sólo por follar con alguien no convertía a nadie en padre. Hay que tener consciencia de lo que se hace, hay que proteger a su hijo y también saber escucharlo, saber cómo educarlo, y Gordon sólo empeoraba las cosas con su “intento” de educación dura.
-Deja de comportarte como un adulto, Bill. Sigues siendo mi hijo, y mientras vivas en mi casa vas a tener que acostumbrarte a mis reglas. Pago mucho dinero para que puedas ir a esa escuela!
Bill se puso pálido. ¿Dinero? ¿Su padre pagaba dinero para que pueda ir a la escuela? ¿Para qué lo hacía? Nadie era tan estúpido y pagaba dinero por su enseñanza. Eso sólo era para la gente que se cree mejor que los demás. Todo el mundo sabe, que la enseñanza en las escuelas alemanas es igual de buena, da igual dónde hagas tu acabado, en colegio público o privado. ¿Qué iban a pensar sus amigos? Bill siempre había ido a colegios públicos, a demás siempre les había hecho creer que su padre era un viejo músico sin dinero con fortuna, algo que hasta él mismo creía.
-Mira, esa escuela tiene un programa de música y arte espectacular. Te enseñan a tocar casi cualquier instrumento y recibes clases artísticas de todo tipo. Yo hubiera dado un brazo por tener esa oportunidad en mi infancia.
Bill sabía que su padre amaba la música más que nada. Su banda, Fatun, significaba mucho para él y siempre había intentado despertar el interés de la música en sus chicos.
Demian nunca había sido un gran músico, una vez se cortó con las cuerdas de la guitarra al intentar tocarla y desde entonces no había vuelto a acercarse a un instrumento que no fuese la flauta en la escuela. Pero para ello sabía dibujar bastante bien y había tenido sueños ilusos de convertirse en un pintor o diseñador gráfico famoso. Si tenías contactos podías hacer de mierda, oro. El mejor ejemplo de todos era el cuadro “blanco en blanco”, que se podía comprar a partir de medio millón de dolares en la década de los noventa. Era un cuadro pintado completamente de blanco de un “pintor famoso”. Y luego dicen que para poder ser artista hay que saber muchas cosas. Demian había creído en todas esas chorradas. Sabía mucho de arte y pintores famosos, y su favorito siempre había sido Salvador Dalí .
-¿Estas loco? ¿Sabes lo que cuestan esas academias de mierda?- el chico no comprendía porqué su padre se empeñaba tanto en impresionar a la directora de un instituto de pacotilla que a demás costaba tres ojos de la cara.
-Sé muy bien cuánto cuesta la academia. Demian ha estado yendo a ella casi medio año, y esa escuela me dejó impresionado.
-Pero...¿Por qué?
-Pues porque me preocupo por tu futuro, y me preocupaba por el de tu hermano- el labio de Gordon comenzó a temblar.
-¿De dónde sacas el dinero?
-No te preocupes. Ese es mi problema.
-¡Papá! ¿De dónde sacas ese dinero? ¡Porque Demian se vestía con ropa de Dior! ¿Qué está pasando aquí?- Bill comenzó a chillar.
-¡Tranquilízate!- el hombre cogió el brazo del muchacho con fuerza y comenzó a agitarlo.
-¡No me digas que me tranquilice! ¡Dime lo que está pasando aquí!- Bill estaba a punto de hiperventilar. Miró a su padre con pánico, quien lo apretó hacia abajo, sentándole en al escaleras.
-Bill, tranquilízate.
-Papá. Dime de dónde has sacado el dinero.
El adolescente intentó respirar con normalidad. Estaba a punto de partirle la boca a su padre. El interpelado suspiró. Quería contarle la verdad a Bill, pero sabía que eso no le iba a gustar en absoluto. No quería perder su confianza.
Ya era muy tarde, el reloj marcaba ya casi las 10 de la noche.
-Bill, no he sido muy sincero contigo. Bueno, la verdad es que no te he mentido, sólo que no te he contado algo- Gordon se sentó al lado se su hijo en las escaleras-. Hace tres años falleció tu abuela, y os dejó a ti y a Demian una herencia. A mí me desheredó, ya que mi “forma de vida” no le parecía conveniente y nunca me perdonó que me fuera de casa a los 16. Siempre me echaba a mí la culpa de que tu abuelo la dejara- Gordon miró el suelo.
-Ya lo sé, me has contado muchas veces esa historia- murmuró Bill.
-Bueno, creo que nadie te ha dicho de dónde ha salido vuestra herencia. La verdad es que mi padre no fue el único marido de tu abuela.
Bill miró a su padre con los ojos abiertos como platos.
-Verás, Inge era un mujer muy atractiva en su juventud, y en total tuvo tres maridos. El primero fue un americano, un tal Edward Gordon Piutersmith, y era dueño de una empresa de coches. Esa pequeña empresa se convirtió en una mina de oro después de la segunda guerra mundial y el tipo se hizo multimillonario. Bueno, en aquel entonces era algo normal que los hombres tuvieran mujeres bastante más jóvenes que ellos. Tu abuela tenía a penas 18 años cuando se casó con el, creo que el tipo le sacaba 35 años. Estuvieron casados 3 años cuando el buen hombre falleció de un taque al corazón. Como es normal, tu madre heredó toda la empresa, ya que Edward no tenía hijos. Tu abuela vendió la empresa, incrementando la herencia. Un años después conoció a un soldado que había combatido en la frontera y había sobrevivido. Ese hombre era sólo un poco más joven que Edward. Creo que su nombre era Heins Klaus Herman. Había sido herido en combate, por eso no trabajaba, y como era un héroe nacional, recibía dinero del Estado. Mi madre nunca le contó nada de la herencia de Edward, manteniendo ese dinero en secreto.
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Gordon hizo una pequeña pausa y miró a su hijo, que se encontraba jugueteando con sus pulseras de plata.
-¿Y cómo conoció a tu padre?- preguntó Bill tragando saliva.
-Tu abuela estaba muy feliz con su marido, pero después de un tiempo se dio cuenta de que Heins no podía tener hijos. Lo intentaron muchas veces, pero contra la impotencia no se puede hacer nada- el hombre sonrió intentando animar a Bill, sumido en sus pensamientos-. Fue en el 26 cumpleaños de Inge cuando conoció a mi padre: Henning. Los dos tuvieron una escapada en aquella noche y, por arte de magia, tu abuela se quedó embarazada de mi. Todo el mundo pensaba que yo era hijo de Heins, pero ella sabía que no era así. Cuando yo cumplí los dos años, Heins cayó enfermo y poco después murió de cáncer.
Mi madre no dudó en casarse con mi padre y los tres nos fuimos a vivir a Magdeburg. Mi padre trabajaba en una cadena de supermercados que comenzó a florecer en los años 60, y como puedes imaginarte no tenía demasiado dinero. Pero cuando los dos estuvieron casados comenzaron a gastar las herencias de los dos maridos anteriores que ahora pertenecían a mi madre.
Bill subió la mirada.
-¿Por qué no nos lo has contado nunca?-,preguntó Bill.
-Tu abuela no lo quería. Después de lo que hice me odiaba, y más a tu madre. Bueno, pero a vosotros os amaba y me dijo que la herencia era para vosotros. Quería que lo gastara en vuestra enseñanza.
Bill frunció el ceño.
-Pero Inge siempre nos había contado a mi y a Demian que el dinero lo recibiríamos cuando cumpliéramos los 20- murmuró Bill.
-Eso es cierto, es imposible gastar todo ese dinero en vuestra enseñanza. Por eso os corresponde una parte del dinero cuando cumpláis los 20. Cuando cumplas esas edad, puedes hacer con el dinero lo que te de la gana, pero hasta ese momento sólo lo puedo usar para mandarte a la escuela y buscarte una buena universidad.
Gordon miró al suelo.
-Pero... ¿cómo pudiste obtener el dinero para comprarle a Demian tantas cosas?
El hombre suspiro de nuevo.
-He mentido, Bill...- miró a su hijo a los ojos.
-Cómo...
-Veras. Nunca hemos gastado tu dinero de la escuela porque yo estaba en contra de todas esas chorradas. Pero Demian descubrió que le pertenecía una parte sólo para poder ir a una buena escuela. Se enfadó conmigo y los dos llegamos al acuerdo de que podía ir a esa academia privada que tanto le gustaba. Pero la cosa tenía truco. Demian sólo podía ir a esa escuela si tú también ibas, así estaban seguros de que el dinero se gastara en vuestra enseñanza y no en otra cosa.
Bill aguantó la respiración.
-Pero...
-Déjame terminar- le interrumpió Gordon-. Lo que he hecho está mal, espero que algún día sepas perdonarme y quiero que sepas que Demian no sabía nada. No te enfades con él. Les dije que te había apuntado a esa escuela, falsifiqué documentos haciéndoles creer que tú también ibas a esa academia, pero en realidad yo me quedaba con el dinero que me mandaban para ti. Lo gastaba para todas esas cosas que has visto arriba. También gasté un poco del dinero para igualar las deudas que tenía aún pendientes. Pero cuando Demian falleció, todo el contrato quebró. Me van a seguir pagando tu dinero para que puedas ir a la escuela, pero esta vez sólo lo voy a poder usar para tu enseñanza.
Bill suspiró intentando tranquilizarse. Su corazón comenzó a latir con fuerza. No podía creer lo que su padre le estaba contando. No podía creer que su padre mentía al Estado. Había estado gastando su dinero, el que iba para su colegio, para pagarle caprichos a Demian.
-Ignoremos que estoy enfadado contigo, ignoremos que no sé si voy a poder perdonarte, pero ¿de dónde has sacado el dinero para pagar mis muebles nuevos, si ya no puedes usar mi dinero?
Gordon se levantó del escalón.
-Por el seguro de vida de tu hermano- parecía costarle mucho decir esas palabras.
-Pero... Si alguien se suicida no pagan el seguro de vida.
-Bueno, era más un seguro de vida privado de una empresa para gente con un poco más de dinero. Me han pagado todo el dinero sin hacer preguntas.
-O sea, algo ilegal. Y me vas a decir que siempre pagabais el seguro de vida de Demian con el dinero de mi enseñanza.
-Exacto.
Los dos se quedaron en silencio. Gordon le daba la espalda a su hijo.
-Entonces el dinero me pertenece a mi.
-Exacto.
-Haz con él lo que quieras-masculló un Bill deprimido.
El muchacho se levantó del escalón. Ya no podía escuchar más aquellas historias casi increíbles.
-Lo siento mucho.
El adolescente comenzó a temblar. No se atrevía a pronunciar las palabras que ardían en su interior. Era solo una pregunta. Pero esa pregunta o, mejor dicho, su respuesta, marcaría su vida.
-Papá, tú amabas más a Demian que a mí, ¿no es verdad?
Gordon cogió los hombros de su hijo con suavidad y después lo acogió entre sus brazos.
-No, Bill. Yo sólo quería protegerte de este mundo. Demian pensaba que a ti también te pertenecía ese dinero, yo sólo lo hice para protegerte. El dinero crea a gente avariciosa. A tu hermano no le parecía afectar. Pensaba contártelo, pero si tú hubieras ido a esta escuela, ya no hubiéramos tenido ese dinero. Lo siento mucho, he pensado más en mis deudas y en mi vida que en ti, y he sido egoísta. Nunca le conté a Demian que tú no sabías del dinero. Le dije que tú no lo querías y que lo ibas a guardar. Lo siento mucho.
El adolescente se arrancó de los brazos de su padre y subió corriendo las escaleras. Las lagrimas comenzaron a correr de nuevo, era como siempre. Hubiera imaginado todo menos eso. Todo menos aquella mentira.
Bill se sentía mareado. Aquel fue el día más movido que había tenido en meses. Un cansancio mental. Ya era tarde, demasiado tarde.
El chico se quitó el pantalón y se dejó caer en la cama. Estaba muy cansado, pero sus pensamientos no le dejaban en paz. Sabía que nada iba a ser como lo había sido antes. Abrió el diario para tranquilizarse un poco, quería seguir leyendo lo que su hermano había dejado para la eternidad.
Si lees comenta porfavor ;)












4 comentarios:
;) ya podeis comentar ^^
siii que bien¡¡¡¡ lo de comentar¡¡¡¡, pero en serio eso de cuando empiezas a hiperventilar no es nada bonito se siente horrible tu respiración te falta no no no no es feo¡¡¡¡ que triste lo de la mentira¡¡¡ pero una razón debe de haber¡¡¡ así verdad¡¡¡, entonces demian igual participo inconcientemente¡¡ con razon tanta cosa buena, eso fue muy feo por parte de su papá, premiar a demian y a bill no pero bill tenia o tiene el don de gentes tan aclamado por demian aaaaa que dilema con los hermanos a pesar de eso se querian eso es normal a mi me pasa igual con mi hermana, hazle cuenta que yo soy demian y mi hermana bill puffff¡¡¡¡
pero sigue con el fic, digo ya esta verdad jajaj es con el blog jaja sigue asi¡¡¡¡ FELICIDADES
:O!! oh my god!! tanto dinero ocultado...y..pobre bill...voy a lasgte capi ¨¨'
holaaaaa
pero q padre mas abusibo adueñarc en si del dinero de bill para pagar sus deudas eso no se hace hay por eso me cae mal el papà ok no jejejej
besos
dilma
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