8.Pasaje
~06.09.09
Hey!
Este será el día más bonito de mi vida. Estoy aquí sentado, en el mercedes del padre de Mattis. Hoy es domingo y estamos conduciendo hasta el teatro.
Estoy súper nervioso. A veces nos miramos por el espejo retrovisor. Tiene los ojos más bonitos del planeta, y su sonrisa me mata. Es difícil escribir cuando te preguntan todo el rato lo que estas haciendo. Los padres de Mattis son muy amables. Su madre no puede venir a verlo porque está en Holanda, cuidando de su tía, que está esperando su primer bebé.
Los dos comienzan a hablar en holandés. No lo hacen para que no escuche lo que dicen, o eso creo, sino que es más por la costumbre.
Mattis me vuelve loco cuando hace vibrar la "r" con tanta elegancia. Yo no sé hacerlo. He visitado un curso de español, y la verdad es que más extranjero no se puede sonar. Mi profesora siempre me dejaba decir cosas absurdas como “Rata, Ratón, Raquel, Rábano”, para que pudiera entrenar mis erres, pero es inútil.
Estamos a punto de llegar al teatro, así que voy a cerrar el diario. Prometo escribir luego a cerca de cómo nos fue.
…
¡Oh Dios mío! Son ya las 10 de la noche. Mattis se acaba de ir al baño. Estamos en un hotel de lujo, en el centro. Nunca he visto un concierto clásico, pero sé que este ha sido y va a ser el mejor. Lo ha hecho tan bien... Nunca he visto a señoras gordas y señores viejos tan emocionados. Sue es un amor de persona, me ha enseñado todo el backstage. La verdad es que me da un poco de envidia. Ese vestido era tan elegante y tan sexy. A veces me gustaría ser una mujer para llevar una ropa tan bonita. No es que quiera ser una mujer, pero si lo fuera me gustaría ser como Sue.
Los dos han estado flirteando toda la noche. A veces me he sentido... ¿cómo decirlo? Como la quinta rueda de un coche. Pero, por suerte, no es ella quien comparte habitación con Mattis, sino ¡YO! ¡YO! ¡YO! ¡Wuhu! Me siento un poco extraño con él a solas en una habitación. El pobre debe estar totalmente paranóico con mis miradas acosadoras. Estoy a punto de levantarme y mirar por la mirilla del baño, pero no lo voy a hacer... Jeje.
Bueno, tengo que terminar: Mattis está saliendo del baño.
Tschüs :3
~*~
Este será el día más bonito de mi vida. Estoy aquí sentado, en el mercedes del padre de Mattis. Hoy es domingo y estamos conduciendo hasta el teatro.
Estoy súper nervioso. A veces nos miramos por el espejo retrovisor. Tiene los ojos más bonitos del planeta, y su sonrisa me mata. Es difícil escribir cuando te preguntan todo el rato lo que estas haciendo. Los padres de Mattis son muy amables. Su madre no puede venir a verlo porque está en Holanda, cuidando de su tía, que está esperando su primer bebé.
Los dos comienzan a hablar en holandés. No lo hacen para que no escuche lo que dicen, o eso creo, sino que es más por la costumbre.
Mattis me vuelve loco cuando hace vibrar la "r" con tanta elegancia. Yo no sé hacerlo. He visitado un curso de español, y la verdad es que más extranjero no se puede sonar. Mi profesora siempre me dejaba decir cosas absurdas como “Rata, Ratón, Raquel, Rábano”, para que pudiera entrenar mis erres, pero es inútil.
Estamos a punto de llegar al teatro, así que voy a cerrar el diario. Prometo escribir luego a cerca de cómo nos fue.
…
¡Oh Dios mío! Son ya las 10 de la noche. Mattis se acaba de ir al baño. Estamos en un hotel de lujo, en el centro. Nunca he visto un concierto clásico, pero sé que este ha sido y va a ser el mejor. Lo ha hecho tan bien... Nunca he visto a señoras gordas y señores viejos tan emocionados. Sue es un amor de persona, me ha enseñado todo el backstage. La verdad es que me da un poco de envidia. Ese vestido era tan elegante y tan sexy. A veces me gustaría ser una mujer para llevar una ropa tan bonita. No es que quiera ser una mujer, pero si lo fuera me gustaría ser como Sue.
Los dos han estado flirteando toda la noche. A veces me he sentido... ¿cómo decirlo? Como la quinta rueda de un coche. Pero, por suerte, no es ella quien comparte habitación con Mattis, sino ¡YO! ¡YO! ¡YO! ¡Wuhu! Me siento un poco extraño con él a solas en una habitación. El pobre debe estar totalmente paranóico con mis miradas acosadoras. Estoy a punto de levantarme y mirar por la mirilla del baño, pero no lo voy a hacer... Jeje.
Bueno, tengo que terminar: Mattis está saliendo del baño.
Tschüs :3
~*~
Bill cerró el diario, una leve sonrisa se dibujó en su cara. Ni él ni su padre pasaron una noche tranquila
Los días pasaron como segundos. Bill no había salido a penas de su habitación, hacía casi una semana que no hablaba con su padre. El chico solo comía arriba, no soportaba quedarse a solas con su padre en una mesa, o en una habitación.
Gordon le daba su tiempo, no quería presionarle. Tampoco intentaba forzar una conversación. Le preocupaba el estado de su hijo. Hacía días que no hablaba con nadie, ni siquiera por teléfono. Había estado jugando con el pensamiento de ir arriba para poder hablar con él, y hoy iba a ser ese día.
El músico dejó la escoba, ya que había estado barriendo el patio de atrás. Se adentró a la vivienda y buscó las palabras adecuadas. En realidad no tenía nada que decir, pero ya se le ocurriría algo. Subió la escalera y se quedó parado delante de la puerta, y aclaró su voz antes de llamar con los nudillos.
-Está abierto- la voz de Bill sonaba un poco afónica.
Gordon se mordió el labio antes de abrir la puerta, entrando al mundo extraño de Bill. Las paredes estaban forradas de folios con escritos. Gordon estaba un poco sorprendido, ya que la habitación recordaba un poco a la suya en sus momentos más creativos de adolescente.
-Son... ¿son tus textos?- el hombre se acercó a la pared. Eran versos, frases y canciones enteras creadas por su hijo.
-Sí- respondió Bill. Comenzó a tocar en su guitarra negra acústica. Gordon se la había regalado hacía tres años y seguía sonando muy bien. Había quedado intacta, y eso que había tenido que soportar muchos viajes.
-¿Qué quieres?- preguntó el chico. No sonaba agresivo, sino más bien cansado.
-Quería preguntarte si... ¿Quieres venir de compras conmigo?
Gordon hablaba de nuevo sin pensar.
-Bueno, necesito una nueva mochila y me tengo que hacer de nuevo el pelo- Bill se levantó de la cama, colgó la guitarra en un clavo de la pared y después se puso unas botas estaban guardadas en el armario.
Gordon no hubiera esperado tener una respuesta tan directa. Un poco aturdido, se quedó parado, contemplando a Bill.
-Bueno, entonces... Te espero ene el coche- dijo Gordon, bajando de nuevo las escaleras.
¿Había hecho lo correcto? Claro que sí. Bill necesitaba salir, necesitaba mezclarse con la gente, ver la ciudad, conocer a nuevos adolescentes.
-Oye, Gordon... ¿No tendrías que trabajar?- la pregunta de Bill sólo se había formulado por mera curiosidad.
-La semana que viene voy a comenzar de nuevo como profesor de música en una academia aquí cerca.
Bill se quedó satisfecho con esa respuesta. Su padre suspiró y bajo a la planta baja para salir de casa y entrar al mercedes.
Bill tardó unos minutos en salir por la puerta. Sus pantalones vaqueros ajustados cubrían sus botas de tacón. Le quedaban bien, y eso que era un chico. Por encima se había puesto una camiseta muy grande de color gris, el cuello de la camiseta era muy ancha y por eso descubría uno de sus hombros. Las palabras “So what?” relucían sobre su pecho, y un collar con una enorme cruz negra colgaba de su cuello.
-Vaya ¿a caso vas a una cita? ¿por qué cuidas tanto tu imagen?- Gordon intentaba ser gracioso, pero al parecer Bill no estaba demasiado entusiasmado con los chistes de su padre.
Sin desperdiciar una palabra, se sentó al lado de su padre poniéndose el cinturón. El cuerpo frágil del chico parecía casi vacío debajo del cinturón.
-Deberías comer un poco más.
Bill ignoró las palabras de su padre metiéndose el reproductor de música en los oídos y terminando la corta conversación. Gordon comenzó a reír. Bill era como un niño pequeño: taparse los oídos cuando no se quiere escuchar algo no es una reacción muy madura, pero a Gordon le daba igual.
Los dos se dirigieron a un centro comercial que no quedaba demasiado lejos. Bill no era amigo de las sonrisas, pero sus ojos relucieron cuando vio el gran centro. Se dirigieron al aparcamiento, que se encontraba en la última planta del edificio. Después cogieron el ascensor para bajar hacia las tiendas.
-¿Quieres comer primero un helado?- el padre intentaba aflojar la situación. Bill miró a su padre y asintió con la cabeza.
Los dos se dirigieron entre la multitud de la gente a una cafetería cercana que también servía helados, y se sentaron en un mesa que se encontraba en una esquina, con un sofá.
La camarera llegó y miró a Gordon con una sonrisa.
-Vaya, hacía mucho que no te veía- al parecer, los dos se conocían.
-Sí, bueno, ya sabes- Gordon se aclaró la voz.
-Claro- masculló la muchacha, y miró al chico-. Tú debes de ser Bill- dijo ella extendiéndole la mano.
-Quiero una copa de helado sólo de chocolate, tres bolas, con mucha nata por favor- pidió el chico. Le devolvió la carta a la camarera, de cuya camiseta colgaba un cartelito con su nombre: Eike.
Era una vieja compañera de trabajo de su padre. Antes trabajaba como profesora de violín en la antigua escuela de música y como ésta había cerrado, tuvi que buscarse un nuevo empleo hasta encontrar algún trabajo que se acoplase mejor a lo que ella buscaba.
-¡Bill!- Gordon le dio un empujón debajo de la mesa.
-¿Qué pasa? Ella ha venido a apuntar nuestros pedidos, y yo quiero una copa de chocolate, tres bolas y mucha nata. Tú me dices que coma más, así que comeré más.
Gordon puso los ojos en blanco.
-Lo siento- murmuró con una sonrisa.
-No te preocupes- la muchacha le guiño un ojo al profesor de música y luego anotó también su pedido.
La mujer desapareció detrás de la barra.
-¿Por qué me haces la vida imposible? Ella no te ha hecho nada, no es su culpa que tú estés de mal humor.
Bill levantó la vista y miró a su padre a los ojos, juntó la cúpula de los dedos.
-Mira, yo he venido aquí a comer un helado y a estar tranquilo. Después quiero ir de tienda en tienda comprándome lo que me de la gana que es mi derecho. No es mi culpa que a ti te den ganas de flirtear con esa mujer que, para mi gusto, es demasiado joven para ti. Pero si le sacas como mínimo 10 años...- bufó.
Gordon abrió la boca. Quería decir algo, la actitud de su hijo iba a causarle un síncope.
-No flirteábamos- Ella sólo me ha saludado. Sabe lo de Demian, y no creo que quiera comenzar nada conmigo sabiendo cómo me siento en este momento.
-Pues al parecer ella es un poco barata. Desde aquí puedo verle el sujetador rosa transparentando por la blusa blanca esa que lleva. Por favor, tiene por lo menos 30 años. Un poco atrevido para alguien de su edad.
Gordon comenzó a reír, un poco de razón llevaba su hijo, pero él no se había dado realmente cuenta de ello.
-Pero ¿a dónde miras? Yo pensaba que te gustaban los chicos- el hombre intentaba ser un poco atrevido, y al parecer funcionaba.
Una sonrisa se dibujó en a cara del adolescente.
-Lo de la blusa y el sujetador lo puede ver un ciego. Esto no tiene nada que ver con mi sexualidad. Es casi un delito atacar a alguien de esa forma- dijo Bill intentando distraer a su padre de la situación vergonzosa.
-Bueno, chico, aquí os traigo los pedidos- la mujer dejó los helados en la mesa.
La mirada de Gordon se dirigió instintivamente a los pechos de la mujer. Bill tenía razón: el sujetador rosa de la mujer resaltaba debajo de la blusa blanca. El músico miró a su hijo, quien subió una ceja y comenzó a comer el helado.
-¿Que te he dicho?- Bill comenzó a reír.
-Pero qué sinvergüenza eres- respondió su padre.
Los dos rompieron a carcajadas. No fue un momento forzado, pero a la vez aún no era un momento totalmente libre. Pese a eso, los dos parecían estar muy cómodos con la situación.
Gordon pagó los helados y los dos salieron del café, entrando a la primera tienda que se encontraron. El mayor hacía el idiota intentando meterse en un pantalón demasiado ajustado para él. No quería admitir que en los últimos meses había engordado un poco.
-Oh diooosss- se quejó el hombre, aguantando la respiración al máximo e intentando encoger la barriga. Su cabeza se enrojeció, pero el pantalón no quería abrocharse.
-¿Señor? ¿Se encuentra bien?- una vendedora se había acercado a al vestidor de donde provenían los ruidos extraños.
-No se preocupe, el idiota piensa que puede meterse en un pantalón demasiado pequeño- Bill suspiró.
-¡No! ¡Este pantalón me cabe! ¡Ya veréis!
-Como lo rompas, me río- Bill salió de la tienda agitando la cabeza. Su padre podía ser muy cabezota.
Se sentó delante de ella, en un pequeño banco al lado de una fuente interna. Gordon tardo unos minutos más en comprender que no cabía en el pantalón y se decidió comprar la prenda en una talla más grande.
El chaval iba de tienda en tienda, comprando todo lo que le cabía. Era su modo de protesta contra las cosas que su padre había hecho. A Gordon no le molestaba en absoluto, ya que Bill parecía tener su diversión.
Las bolsas de la compra se amontonaron cada vez más. Bill a penas podía llevarlas todas
.
-¿No crees que ya tienes bastante?- preguntó Gordon sigilosamente para no enfurecer a su hijo eufórico.
-¿Qué te parece si llevas mis bolsas al coche y después vuelves?
Gordon no tuvo tiempo de rechistar. Las bolsas cayeron sobre sus piernas, y Bill desapareció con las manos libres en una tienda nueva. El hombre suspiro y cogió las bolsas, dirigiéndose hacia el coche.
-Oh Dios mío- Bill estaba encantado, mejor dicho, fascinado por la ropa de la tienda. Una tienda gótica medieval, un sueño para el adolescente, y más las bolsas y los accesorios.
Bill se sentía en su mundo, botas extravagantes, accesorios únicos, pantalones más ajustados que una segunda piel y camisetas realmente elegantes. Se probó unas pulseras con calaveras. La vendedora estaba encantada con el muchacho y con su amabilidad consiguió venderle un pantalón de cuero. Casi se había olvidado por lo que había venido desde el principio. Una nueva mochila. Encontró una con el motivo de Nightmare Before Christmas, así que no dudó en llevársela.
Ya eran las siete de la tarde. Bill andaba más que cansado, sus pies dolían y las ganas de comprar se le habían pasado. ¿Dónde estaba su padre? Sólo quería llevar las bolsas al coche. Se sentó en una pizzeria en frente de la tienda gótica y vigiló la entrada. Se pidió una pizza vegetariana y un batido de chirimoya y esperó.
Gordon llegó a la tienda y vio a su chico sentado justo en frente.
-¿Dónde estabas?- preguntó Bill tranquilamente y comenzó a beber su batido.
-Lo siento, me encontré con un viejo amigo y hemos charlado un poco- murmuró el hombre sentándose al lado del muchacho.
Bill observaba la gente que pasaba mientras degustaba su pizza vegetariana que, para su asombro, estaba deliciosa. Instintivamente buscaba al chico que hacía casi una semana lo había traído a casa, y eso que no le había visto la cara. Sabía que era casi imposible encontrárselo, nunca tendría tanta suerte. No sabía porque le atraía tanto aquel chico, su misterio lo había cautivado.
-¿En qué piensas?- Gordon llevaba unos minutos observando a su hijo.
-En un chico- respondió.
-Vaya. ¿Y quién es ese chico?- las cejas de Gordon se movieron en dirección al cielo.
Bill miró a su padre y enrojeció.
-No... No lo sé. Me llevó a casa el día que estuve fuera- comenzó a martirizar el batido con la pajita.
-¿Y no lo conoces?
-No. Decía que conocía a Demian, y que aún le debía algo...
-No he conocido a todos sus amigos, podría ser cualquiera- dijo Gordon.
-¿Cuáles eran sus amigos más importantes?- Bill quería conocer mejor a su hermano. Temía mucho el diario, ya que siempre se deprimía cuando lo leía.
-Bueno... Sabes que soy malo recordando nombres. Tenemos a Mattis y a...
-¿Mattis? Cuéntame. ¿Cómo es?- Bill casi se atragantó al escuchar ese nombre. Parecía haber sido una persona muy importante en la vida de Demian.
-A Demian le gustaba mucho... Y no sé, es un chico muy amable.
Gordon parecía bloquearse con aquel tema. No quería contar nada y Bill no estaba demasiado entusiasmado con la actitud de su padre a cerca de callarse tantas cosas. Pero nadie podía cambiar a una persona, y Bill no pretendía forzarle, no era su forma de ser.
-Deberíamos ir a casa.
-¿Y mi pelo?- preguntó Bill llevándose una mano a la cabeza.
-Cierto... Hay una peluquería en la planta baja- dijo Gordon señalando hacia abajo.
-Entonces vayámonos- dijo Bill levantándose de la silla. Su padre pagó la comida y los dos dejaron el mini restaurante y se acercaron a las escaleras mecánicas para dirigirse a la planta baja.
“El & Ella”, así se llamaba la peluquería de una cadena italiana. A Bill le gustaba mucho, por lo que entró a y cogió número, contento de que no había muchas personas delante de él.
-¿Qué podemos hacer por ti?- preguntó la muchacha cuando Bill se sentó en la silla, delante del espejo.
-Puntas. Y quiero renovar el color, pero en vez de 'black brown¡ quiero esta vez 'black blue'- recitó el chico con una sonrisa.
-Vaya, alguien que lo que quiere. ¿Que te parece si te cortamos un poco más el flequillo y lo cortamos en forma de escalón? Así lo puedes peinar de lado. Tienes una cara muy alargada y quedaría muy bien.
Bill asintió con la cabeza, la peluquera parecía saber lo que hacía.
-¿Quieres un corte seco o mojado?- La muchacha le puso el protector y lo ajusto en el cuello.
-Mojado- respondió Bill.
Los dos se levantaron para ir al lavador. Hacía mucho tiempo que no había ido al peluquero y estaba visiblemente nervioso. No le gustaba que le tocaran el pelo. Sabía que crecía, pero de todas formas le daba un poco de pánico. Volvieron al asiento y la peluquera comenzó a peinarlo. De los altavoces comenzaron a sonar las primeras notas de la canción “Te amo” de Rihanna. A Bill no le gustaba mucho esa cantante, pero hacía buena música. Al menos le gustaban unas pocas de sus canciones. Cerró los ojos al sentir el peine delante de sus ojos, ajustando el flequillo.
La peluquera tardó más de hora y media en terminar su peinado. El chico estaba satisfecho con el resultado. Le gustaba mucho, pese que al principio había pensado que la chica le había cortado demasiado el flequillo. Había estado a punto de arrancarle los ojos a la joven, pero al final le había quedado sorprendentemente bien.
Eran casi las nueve de la noche, y el centro comercial estaba a punto de cerrar. Gordon y Bill salieron en dirección a los ascensores para recoger su coche.
-Creo que hoy hemos conseguido mucho- comenzó Gordon mientras conducían a casa.
Bill comenzó a sonreír. Sus ojos brillaban debajo del nuevo flequillo.
-Te queda muy bien el peinado, en serio, te ves... Muy bien.
Bill sabía que su padre quería decir que se había hecho un poco afeminado. Que su pelo parecía más el de una mujer, pero quizás era justo eso lo que Bill pretendía, esa provocación en su look, el no saber qué interpretar de el.
-¿Y ahora qué? ¿Vas a ir a la calle a ver si puedes encontrar un nuevo novio?
El músico comenzó a reír y subió el volumen de la radio. Nirvana, Smells like teen spirit.
-Papá... Cállate- ordenó Bill, y se arregló el flequillo en el espejo del protector solar.
Papá. Hacía mucho que Bill no había llamado así a su padre. Gordon se quedo callado por unos segundos. Contempló estupefacto a su hijo y volvió a fijar la carretera con la mirada.
-¿Vas a seguir haciendo música con tus colegas?- Bill sólo quería cambiar de tema, ya que su padre comenzaba a reírse de nuevo de su chiste.
-Andy, Muchi y Seppel van a venir la semana que viene. Les he dicho que necesitaba un poco de distancia de la banda y la música. Pero he vuelto a componer con la guitarra y … bueno, me siento de nuevo preparado para algo nuevo. Una nueva canción, o algo así.
Bill nunca había sido una persona muy curiosa, no preguntaba demasiado por que no le interesaban los demás, pero esta vez compartía el mismo mundo con su padre: la música.
-¿También compones canciones?
-Bueno, sólo a veces, pero ya sabes. Michi hace todas las canciones, yo sólo soy el guitarrista, pero tenemos todos buenas ideas y de momento ando bastante inspirado- las palabras de Gordon eran inspiradoras.
-Yo también ando inspirado- susurró Bill.
Llegaron a casa y Bill estaba a punto de caer muerto. Consiguieron llevar todas las bolsas hacia arriba de una vez, pese a que tenían por lo menos 40.
Quedaban dos días. Dos días de libertad que se estaban acabando. El lunes sería su primer día de clase. No estaba demasiado entusiasmado por tener que ir de nuevo al instituto, estaba un poco nervioso. ¿Cómo iba a reaccionar la gente? Se podía ver que era la viva imagen de su hermano. Todos lo verían como un bicho raro. Sus miradas de lastima lo atravesarían como agujas. Cotilleos a sus espaldas... Cómo iba a odiarlo.
Bill se desnudó. Dejó las bolsas en una esquina de la habitación donde no molestaran y se metió en la cama. Se tapó con la manta y sacó el diario de debajo de la almohada. Descubrió las fotos que había quitado aquel día de la pared y contempló al chico rubio que se encontraba abrazado a su hermano. Ya no había dudas. Ese chico era Mattis, y su hermano tenía razón. Era muy guapo, y parecía una persona muy amable.
Una emoción inexplicable se apoderó de Bill. Quería saber cómo seguía el diario, así que lo abrió sin más.
Si lees comenta porfavor ;)












4 comentarios:
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Besos
Cassy ♥
o_o¡¡¡ que loco amo el corte que describiste¡¡¡¡ y mattis jajajajaj en mi blog tengo un personaje pero se llama matias que imagino que es lo mismo¡¡¡ jajja me gusto este cap. sobre todo por el corte¡¡¡¡¡¡ sigue asi¡¡¡¡¡¡ cassy: FELICIDADES¡¡¡
super!! bill se debe ver realmente guapisimo y...afeminado..xD!! ahii!! el diario!!
q bueno q bill ya pudo ser pas expresibo con su padre.♥
hay me imaginado el corte de bill y *babas* hay se a de mirar bello con el nuevo corte y cin todo lo q se ha comparado
besos
dilma
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