9.Pasaje
~18.09.09
Querido diario.
¡Lo siento mucho!
Sé que hace días que... bueno, casi dos semanas, que no he escrito nada. Desde el concierto han pasado tantas cosas que no sé por donde empezar.
Hoy estamos a viernes, y por tanto... hace una semana pasó algo increíble. No te cuento lo que ha pasado el resto de la semana, te lo voy a resumir así. Colegio, exámenes, colegio, fin de semana aburrido y más colegio.
Bueno, la historia comenzó justo el viernes pasado. Comencé a investigar sobre organizaciones que ayudan a gente joven y homosexual a solucionar algunos de sus problemas, porque me aburría un poco, y la verdad es que a veces me siento solo.
Vía Internet me he topado con la JLSV-HH = Junge Lesben und Schulen Verbund Hamburgs (Español: Joven Organización Hamburguesa de Lesbianas y Gays). Hacen quedadas en centros juveniles y me he apuntado a la organización. He descubierto que cada viernes y sábado hay quedadas de homosexuales en esos centros. Es voluntario y no hay que pagar nada ni tienes que volver, todo es muy liberal. Por mera curiosidad he ido a uno de ellos porque quedaba muy cerca de aquí.
Estaba muy inseguro al principio y no sabía siquiera si entrar o no, pero al fin pude convencerme de entrar. Me topé con un grupo de personas, no demasiado grande, y me alegré por ello. Había dos hombres mayores que coordinaban y organizaban las quedadas: dos pedagogos casados muy simpáticos, Franz y Jürgen.
Me presenté ante ellos y me senté al lado de un chico que parecía simpático, cuando de repente la puerta se abrió. ¡No podía creer lo que veía! ¡No me lo vas a ceer! ¡En serio que no! Quien entró por la puerta era Mattis, acompañado por dos muchachos. Mi corazón casi se para del susto.
Los dos nos miramos unos segundo, creo que nunca me han mirado de esa forma. ¡Sus ojos! ¡Era como si me atravesaran, en serio! Como si sólo existiéramos el y yo en este mundo entero! Después de mi susto, los tres se sentaron en el círculo. Eramos 12 adolescentes en total, más los dos pedagogos que nos acompañaban.
Tuve que presentarme, y los demás se presentaron para mi y dijeron los motivos por los que habían venido a este grupo. Todos se conocían y yo era el nuevo, por lo que comenzaron a hacer preguntas un poco incómodas.
Lo más importante es que Mattis me dijo la razón por la que ha buscado este grupo.
“He buscado este grupo, para poder comunicar con personas que me comprenden y que saben lo que siento” . Es indescriptible, esas palabras me se comunicaron directamente con mi alma y llegaron hasta lo más profundo de mi ser.
¿No es algo lo que todos buscamos? La comunicación con gente, el sentirse comprendido y querido, ese sentimiento de tener un sitio en este mundo. Creo que es justo lo que yo siento, justo lo que necesito de momento. Ese sentimiento de sentirse sólo es una tortura para el alma. Estar en una habitación llena de gente y saber que sigues estando sólo. Tener claustrofobia en un ascensor lleno de gente, pero a la vez sentir la soledad en tu alma. No hay nadie que comparta tu camino y te lleve de la mano. Alguien en tu vida, alguien que te acoja entre sus brazos, que te escuche por las noches, una persona que te haga sentir querido, que escuche tus palabras y te preste atención y sepa de lo que hablas, que note tu presencia y te haga sentir vivo. Ya sé que todos estos pensamientos son absurdos, nadie está realmente solo, pero no puedo hacer nada en contra de ese sentimiento vacío que siento en mí.
Cuando todos habían terminado comenzamos jugando un juego que se llama “el secreto”: un nombre demasiado evidente para un juego al que se juega contándose secretos, pero debo decir que es muy divertido. Todos nos sentamos en el suelo, sobre cojines, en un gran círculo, y cerramos los ojos. Uno comienza sosteniendo una pelota de esponja entre sus manos y cuenta un secreto. Cuando ha acabado puede abrir los ojos y dar una vuelta, le da la pelota a la persona que quiera y esta debe contar un secreto. Los que ya han contado un secreto se tienen que acostar en el suelo. Tiene que ser algo relacionado con el tema que se esté diendo en esa sesión. Claro, todos tienen algo que ver con el tema de la homosexualidad.
Bueno, el tema de esta sesión fue “primeros amores y el miedo al sexo”. No me gusta hablar de mi sexualidad, es lo más íntimo que tengo, es lo más secreto que tengo, exactamente, mis pensamientos perversos.
Me gusta mucho que el tema se trate con tanta libertad y si hay alguien no quiere hablar sobre ello tiene el derecho de callarlo, allí no se fuerza a nadie.
Los secretos eran muy variados, y la verdad es que todos muy típicos. Hubo muchas risas y había dos o tres confesiones vergonzosas y muy íntimas, yo no me atrevería.
Y entonces llegó Mattis, su voz llenó la habitación y casi me quede sin respiración. Comenzó a contar sobre su primer beso con un chico,. Fue en el armario, con su propio primo a los 12 años en Navidad. Tiene talento de novelista el chico. Lo contó con tanta gracia y amor al detalle que acabamos todos rodando por el suelo de la risa.
Cuando me tocó a mí contar un secreto, mentí. No sabía qué decir. Todos ellos habían contado historias desde vergonzosas hasta verdaderamente picantes y mi único secreto era Mattis.
¿Que hubiera podido decir? “Adoro los ojos de Mattis, y su voz y su pelo y su sonrisa y sus manos al tocar el piano y esa R tan perfecta pronunciando las palabras en holandés?” ¡No!
Por eso les conté que tenía fantasías sexuales con el novio de mi hermano. No es cierto, en absoluto. Soy bueno mintiendo, en eso soy un artista.
Primero: Bill nunca ha tenido realmente un novio (que yo sepa). Siempre noviazgos que no han durado más de unos días. Y segundo: ninguno de ellos despertó en mí interés alguno, y más sabiendo que le meten mano a mi hermano.
Pero qué más da, los chicos se rieron mucho, creo que la mentira hubiera sido más vergonzosa siendo verdad así que no creo que haya sido para tanto.
Acabó siendo una sesión muy vergonzosa, pero a la vez me gustó mucho, y les prometí que volvería la semana que viene. Es decir: hoy.
Mattis y yo nos encontramos después de la sesión en el parque y comenzamos a charlar. Por cierto, me ha presentado a sus dos mejores amigos: Joshua y Cristian.
Joshua es su amigo de la infancia y un gay muy orgulloso. Le gusta llevar camisetas llamativas con escritos extraños como “My pipi is a rainbow”.
No creo que esté enamorado de Mattis, pero al parecer no le gusta que nadie interfiera en su amistad con él y por otro lado está Cris. Es un poco callado, pero a la vez muy simpático y amable. Se interesa por la misma música que Mattis y también toca un instrumento: el violonchelo.
Los tres son amigos, pero al parecer Joshua no soporta mucho a Cris y siempre le intenta apartar de Mattis. El pobre muchacho casi me da lastima, siempre criticado por Joshua, y eso que no hace nada más que conversar con su amigo.
Mattis y yo. Juntos. A solas. En un banco en el parque. Los 30 minutos más bonitos de mi vida. Al parecer, Mattis se intentó disculpar conmigo. Dijo que me lo hubiera dicho antes, pero que no se atrevía porque ya ha experimentado malas pasadas con su outing. Puedo comprenderlo, es muy difícil decirle a alguien que no eres “normal”, que te gustan los hombres, que no tienes interés en tus compañeras de clase, que en los momentos más íntimos sólo piensas en chicos cuando a tu edad deberías interesarte por las revistas de hombres que tu padre guarda debajo de la cama. Pero ese no es el caso. Conozco muy bien cómo se siente.
Estuve muy agradecido por su confianza, es algo que ha compartido con muy pocas personas y yo soy una de ellas... ¿eso me hace especial?. Le conté que me pasaba igual. Estuvimos allí sentados mucho tiempo.
Acabamos cogidos de la mano de camino a casa. Creo que si no me hubiera dado la mano me hubiera caído al suelo por estúpido. No fue por aprecio, tuvimos que correr porque comenzó a llover y para no perdernos corriendo nos cogimos de la mano, y me sentí de maravilla.
Querido diario, me tengo que ir. Mañana sin falta te escribo lo que pasará en la sesión de hoy. ¡Deséame suerte!
Bye.
Demian.
~*~
Bill cerró el diario y lo guardó de nuevo en su sagrado escondite antes de caer en los brazos de Morfeo.
Era lunes 26 de abril: ese odiado Lunes.
Bill se encontraba delante del espejo. Llevaba puesto su uniforme escolar. Era un pantalón negro muy simple, por encima llevaba una camisa blanca y una chaqueta de etiqueta de color vino tinto con el logo de la escuela. Por lo menos no llevaban corbata.
El estudiante no se sentía realmente cómodo en se traje, pero no le quedaba otra alternativa.
-Bill, hace diez minutos que te estoy diciendo que bajes, o llegarás tarde, joder!- Gordon se encontraba un poco irritado. No quería llegar tarde a la escuela, ya que antes de entrar a clase tenían que ir a conversar con la señora Noack.
Bill bajó por las escaleras con su mochila en la espalda. Le darían los libros cuando llegara a la escuela, por eso lo único que tenía dentro eran algunas libretas y su estuche.
-Te sienta bien el uniforme- dijo Gordon satisfecho de sí mismo.
-No es mi estilo que digamos- respondió el chico torciendo la boca.
Bill entró a la cocina y abrió la nevera para sacarse un yogurt.
-¿Por qué no te haces mejor una tostada? Para eso aún hay tiempo- murmuró Gordon, y se sentó a la mesa, apurando su taza de café.
-No tengo hambre- respondió Bill sacando una cuchara.
[…]
El chico salió malhumorado del coche. Su padre le había estado martirizando todo el camino con normas de comportamiento. Bill sabía cómo debía comportarse, el problema era que no quería. No le interesaban las normas ni las reglas de comportamiento. No era su estilo ser un lame-culos.
-Por favor Bill, no hagas un teatro.
Gordon se ajustó la corbata y controló su peinado en el espejo retrovisor.
-Estas ridículo- suspiró Bill echando a andar.
El pequeño aparcamiento privado de la escuela comenzó a llenarse de coches y estudiantes que iban igual de ridículamente vestidos que Bill. El chico se encogió de hombros e ignoró las miradas curiosas de sus nuevos compañeros.
-Es el hermano de Demian, ¿verdad?
Las chicas que acababan de pasar al lado de Bill comenzaron a juntar las cabezas.
-Ya verás como te acostumbras- dijo Gordon de camino al instituto. Bill lo siguió sin ganas soportando las miradas provocadoras.
Entraron al edificio por la entrada principal. Los dos se dirigieron al rectorado, y descubrieron que la señora Noack ya los esperaba.
-Vaya, veo que te queda bien el traje- dijo la directora con una sonrisa y comenzó a ajustar el cuello de la camisa.
Bill no dijo nada y se dejó hacer.
-Hemos dado en el clavo con las medidas.
Gordon sonrió con debilidad. Esto le recordaba demasiado al primer día de Demian en esta academia. El chico no había sido tan tozudo como su hermano, pero tampoco había estado entusiasmado de llevar la ropa de uniforme.
-Bueno, me he tomado la libertad de traer aquí tus libros y tu horario- la mujer se agachó y abrió un armario para sacar por lo menos 10 libros.
-Bill, siéntate, quiero que rellenes este formulario. Allí están apuntados todos los cursos extras obligatorios que puedes hacer en esta escuela. Tienes que escoger al menos tres y un deporte
La mujer lo llevó a una mesa que estaba un poco a parte.
-Mientras, hablaré con tu padre y arreglaremos algunas formalidades pendientes.
Bill se sentó a la mesa sin rechistar, cogió el bolígrafo y comenzó a rellenar el formulario. Escogió los cursos de música, y de deporte se decidió por tenis. Odiaba el fútbol, el baloncesto y como no le gustaba mostrar su cuerpo desnudo descartó también la natación. No tardo demasiado tiempo, tampoco es que le interesara demasiado sus cursos o el deporte que iba a hacer.
Hacía meses que no se sentía tan nervioso como aquel día. Sabía que no sería fácil comenzar desde cero. Le costaba encontrar amigos, aunque tampoco pretendía hacerlos en una escuela de pijos como esta, pero hablar con gente ajena a su familia le sentaría muy bien.
La escuela había sido reconstruida en un castillo medieval. Algunas ventanas ya tenían más de 400 años y Bill miraba a través de una de ellas al patio donde se acumulaban cada vez más y más adolescentes.
Quedaba casi media hora para comenzar las clases, cuando la puerta se abrió de repente y una mujer bien vestida con pelo largo de color rojo fuego atravesó la puerta.
-Buenos días- dijo la señora extendiéndole la mano a Gordon.
-Buenos días señora Wagner- los dos se saludaron.
El chico había acabado de rellenar el formulario y se acercó a la mesa de la directora.
-Este es mi hijo, Bill- Gordon cogió a Bill por los hombros y lo posicionó delante de la mujer.
-Vaya...- la mujer lo miró extrañada y sonrió.
-Lo sé... se parecen mucho- terminó Gordon el pensamiento de la maestra.
-Yo soy la señora Wagner y soy tu profesora. Espero que te sientas bien en tu nueva clase. Todos conocían a tu hermano y estoy segura que te van a ayudar.
Bill tragó saliva y parpadeo un poco sobresaltado. ¿Iba a ir a la clase de su hermano? Había esperado ir a una clase paralela a la de Demian y no a la misma. ¿Cómo debería reaccionar? No había nada más incómodo que ser el foco de atención en una situación tan dramática.
-No te preocupes, todos saben que vienes y no va a haber ningún problema, al menos eso espero- la señora Wagner parecía ser muy amable.
Bill llenó su mochila con los libros.
-Bueno... quedan diez minutos, lo mejor serrá que nos movamos hacia la clase, y así no entras cuando todos están ya sentados, que siempre es un poco incómodo.
El chico salió del rectorado con su nueva tutora sin despedirse de su padre. No estaba realmente enfadado con el, pero sabía que su padre interpretaría este gesto como protesta contra su forma de ser.
Los dos subieron las escaleras llegando a la segunda planta que al parecer sólo estaba constituida por aulas.
-Espero que recuerdes el camino a tu clase. Ya sabes: entras por la puerta principal y subes a la derecha las primeras escaleras que veas.
La señora Wagner sacó unas llaves de su bolsillo y abrió la puerta de madera con el número 19.
-Los chicos van a venir dentro de un rato- dijo la mujer abriendo las persianas del aula dejando entrar el sol por las ventanas.
Pocos minutos después sonó el timbre de la escuela y los pasillos se llenaron de voces y jaleo.
-Buenos días Lorelei- un chico muy alto se asomó por la puerta a juzgar por su vestimenta también era un estudiante.
-Para ti sigo siento la señora Wagner- dijo la mujer levantando el dedo amenazante mente, pero después sonrió.
-Bueno... entonces, señora Wagner. Bueno días. ¿Como ha pasado usted el fin de semana?
-Muy bien Tobi. Mi marido me ha llevado tres días de viaje exótico a España. Estuvimos visitando a su hermana.
El chico, que al parecer se llamaba Tobi se sentó en su sitio. La clase se fue llenando de gente. No eran demasiados: con Bill contaban 23 alumnos.
-Bueno. Entonces ya estamos todos.
Los chicos se levantaron delante de sus sillas cuando de repente alguien llamó a la puerta.
-Entra.
La clase entera que había fijado a Bill con la mirada miró a la puerta. Un chico de pelo rubio entró por ella.
-Lo siento estaba...- la mirada del chico se quedó colgada en el pelinegro.
-Da igual, entra y cállate, Maik- dijo la mujer de pelo rojo e indicó al chico que se dirigiera a su asiento-. Buenos días 10c.
-Buenos días señora Wagner.
Los estudiantes se dejaron caer en sus sillas. La boca de Bill comenzó a temblar. Había olvidado la sensación de entrar en una clase. El saludar al profesor por las mañanas.
-Bueno. Bill, Clase. Clase, Bill, siéntate. Si queréis hacer preguntas lo hacéis en el recreo, hoy tenemos mucho que hacer.
La mujer comenzó a repartir unas fichas, se quedó parada al lado de Bill y le dio su horario.
-Ahora tenemos lengua- dijo la mujer guiñándole el ojo al muchacho.
El pelinegro no tenía realmente problemas siguiendo la clase. Los temas eran relativamente fáciles, pero algo le molestaba y eso eran las miradas o, mejor dicho, una mirada de una persona en especial.
Maik estaba sentado directamente detrás de él, observándole a cada rato. Las primeras dos horas habían pasado y el recreo estaba a punto de comenzar. La puerta se abrió y la señora Freudental apareció por ella.
-Bill, me gustarías que vinieras conmigo.
El adolescente se levanto de su silla ignorando las miradas de los demás. Salió por la puerta.
-¿Como has pasado las primeras horas?
-Bien-, respondió Bill sinceramente.
-Bueno, esta escuela va hasta la tarde, estarás acostumbrado a salir de la escuela a las 1 o las 2 de la tarde, pero aquí se suele estar hasta las 4 por los cursos. A las dos es hora de comer. Algunos alumnos se van a casa y otros se quedan aquí. Abajo hay un comedor, abre a las 2 y cierra a las 3.
Bill asintió la cabeza sin decir nada. Siguió a la psicóloga sin decir nada, no sabía a donde iban. Los pasillos se llenaron de alumnos que iban saliendo al patio. El cielo estaba nublado y parecía que iba a llover.
-He pensado hablar contigo ahora nuestras sesiones. Tu tutora ya te ha dado tu horario y he pensado que como los miércoles y los jueves no tienes tantas horas me gustaría quedar contigo después de clase.
Bill subió la mirada, había estado yendo con la cabeza baja mirando su pies desinteresado. ¿Sesiones? Nadie le había dicho que tenía que hacer sesiones con la psicóloga y más con un horario tan apretado.
-Yo no quiero hacer sesiones con usted- Bill torció la boca al ver la sonrisa falsa de la mujer.
-No te preocupes, nadie va a pensar que estas loco por visitar a una psicóloga.
-No es eso, es que no pienso que me haga falta- respondió el chico.
Los dos se quedaron parados delante de la puerta de entrada.
-Bueno, hacemos algo. Vienes a la primera sesión. Te espero en la sala al lado de la enfermería, ya te explicarán donde está. Hacemos la primera sesión, y si vemos que lo nuestro no funciona hablamos con la señora Noack.
El chico no estaba demasiado entusiasmado, pero al final cedió a la propuesta, y a mujer lo dejó a solas. Bill se sintió perdido en el amplio pasillo, pero comenzó a caminar por él buscando el cuarto de baño, pues no se atrevía a preguntarle a nadie. No tardo demasiado en encontrarlo. Abrió la puerta, y el baño estaba vacío. Bill se dirigió a una de las cabinas y se encerró en ella.
Un sentimiento de soledad comenzó a corroerle por dentro. Se mordió el labio inferior intentando suprimir el impulso de echarse a llorar. ¿Qué estaba pasando? Él ya no sabía nada. No lograba comprender sus sentimientos. Todo estaba ocurriendo de forma demasiado precipiada y nada de lo que había pasado en los últimos días lo había decidido él mismo. Eso le asustaba, le daba la impresión de no poder decidir nada por sí mismo.
Escuchó a alguien entrar a los baños. Se mordió los nudillos y cerró el pestillo para evitar ser descubierto. Sintió las lagrimas correr pos su mejilla. Cerró los ojos y se dejó caer en la tapa del vater. Escuchó a alguien entrar en la cabina a su lado, y para su sorpresa esa persona comenzó a hablar, y parecía dirigirse a él.
-Te he estado observando- la voz temblaba un poco.
Bill estaba inseguro y no sabía si debía responder.
-He visto fotos tuyas, pero nunca hubiera pensado que seríais tan iguales.
La última lagrima de Bill murió en sus labios.
-No creo que me conozcas. Soy...
-Mattis- Bill se adelantó a él a propósito.
El chico se quedo en silencio durante unos segundos.
-¿Te habló de mí?
-No. Nosotros nunca hablábamos, pero... bueno, aceptalo. Sé de ti, y punto- Bill no quería sonar tan dominante, pero no pudo evitarlo.
-Sabes... Demian era alguien especial, o al menos lo era para mi-
Mattis posó una mano en la pared de la cabina intentando escuchar algo del otro lado. El pelinegro había escondido la cara entre sus manos. Después de unos segundos, sacó el diario de su mochila y dejó caer la foto de Demian y Mattis al suelo y la deslizó por debajo de la pared con el pie. Mattis se agachó a coger la fotografía. La miró unos segundos. Era la única foto que demostraba su relación con Demian.
-Si quieres las demás fotografías las tenemos en el sótano, puedes pasar por casa cuando quieras para recogerlas. Yo no tengo ningún uso para ellas.
Bill no obtuvo respuesta. La puerta a su lado se abrió y Mattis salió del baño sin desperdiciar más palabras. El timbre estaba a punto de sonar, pero Bill no se atrevió a salir del baño hasta estar seguro de que no iba a volver a llorar. Se quedó parado en el pasillo. Tenía biología y sabía que no lo tendría en la clase.
Alguien le tocó el hombro. Bill se dio la vuelta y miró en los ojos azules del chico que había llegado tarde esta mañana, Maik.
-¿Te has perdido?- preguntó el chico.
-Bueno... no sé dónde está la sala de biología- murmuró Bill.
Maik cogió a Bill por la muñeca y se lo llevó consigo. El chico sintió el calor de la mano de Maik y se asustó. Su cuerpo estaba muy frío, demasiado frío, y no había notado nada, pero de pronto comenzó a temblar.
-No te preocupes, esto puede parecer muy grande pero después de unos días te acostumbrarás a estos pasillos.
El chico de ojos azules no había captado nada, no sabía que Bill temblaba como un flan.
Los dos llegaron a la sala de biología que estaba en la planta baja, muy cerca del rectorado. Bill intentaba recordar el camino, ya se había percatad de que no tenía la mejor orientación. Los alumnos ya estaban entrando, pero la profesora de biología estaba esperando delante de la sala.
-Hola señor Schwarz- la mujer le dio la bienvenida.
No sólo la clase de Bill hacía biología a esta hora sino también sus clases paralelas, por eso había más de 40 alumnos en el aula. La señora Petersen era una mujer muy desagradable. Parecía odiar a los estudiantes más que a nada y siempre se ponía a gritar cuando algo no le cuadraba.
-Señor Schwarz, en esta clase trabajamos siempre de dos en dos. Como puedes, ver las mesas están repartidas de esa forma. Vas a tener que trabajar con el compañero que antes era el de tu hermano.
Bill miró a la multitud.
-Trümper, levantate.
Un chico en la última fila se levantó, metiendo las manos en el bolsillo.
-¿Por qué siempre me tocan a mi todos los putos maricas?
El chico suspiró y escupió en el suelo del aula. Bill se quedó boquiabierto. ¿Puto marica? ¿Pero quién demonios se creía?
-Trümper, no tengo ganas de discutir contigo- la señora Petersen ocultó una amenaza en sus palabras.
El chico estaba sorprendido. Ese tal Trümper ha escupido en el suelo del aula y nadie le decía nada.
-Venga, Schwarz, siéntese- dijo la profesora empujándolo en dirección de las escaleras para subir el podeo hasta llegar a la mesa.
-Se cree guay sólo porque sus padres pagan un montón de pasta a la institución- dijo la chica que se encontraba sentada en la primera fila.
-Idiota- murmuró la otra.
Bill tragó saliva y se dejó caer en la silla al lado del chico.
-Tengo un par de reglas para ti. Primero, no toques mis cosas. Segundo, no me hables si no es necesario. Y tres, como te acerques a mí a menos de medio metro de distancia te chafo tu nota de biología ¿Entendido?
Los ojos marrones del muchacho se clavaron en los de Bill.
-Entendido. Por cierto, gracias por haberme llevado a casa la otra vez.
Una sonrisa maliciosa se dibujó en la cara de Bill: había reconocido esa voz. El chico no respondió, lo único que hizo fue meterse un chicle en la boca y comenzó a masticar.
-Bueno, alumnos, quiero que busquéis algo sobre los microorganismo en el agua marina. Podéis usar los portátiles, como siempre trabajáis en grupo y luego quiero que me presentéis vuestros resultados ya que es el tema que vamos a dar este semestre.
El chico subió el pupitre y sacó el portátil que había debajo. A Bill no le asombraba que una institución tan extremadamente cara tuviera portátiles en todas las aulas.
-Yo busco y te dicto y tu escribes- el chico encendió el portátil.
-Vale- respondió Bill sacando una libreta y su pluma estilográfica.
El pelinegro se cruzó de brazos mientras el chico de las rastas comenzó a rebuscar la enciclopedia cibernetica.
-Bueno... ¿Me dirás ahora tu nombre?- preguntó Bill visiblemente aburrido mientras el chico muy descaradamente comenzaba a mirar sus emails.
-Mi nombre no debe importarte- dijo el chico de las rastas y siguió rebuscando sus entradas.
-Bueno mister...- Bill miró el nick que tenía puesto en hotmail -Tom, creo que nos vamos a entender bien.
El chico cerró el portátil de golpe.
-¿Puedes dejar de darme el puto coñazo?- la voz del tal Tom ya no sonaba cool, sino más bien agresiva y penetrante.
-Eres muy pedante, ¿sabes?- Bill se incorporó mostrando toda su estatura. Le sacaba varios centímetros a su compañero.
-Tu maquillaje está un poco corrido.
El pelinegro subió la mano instintivamente a la cara y comenzó a restregarse por debajo de los ojos.
-Lo estas empeorando- dijo Tom mordiéndose el labio inferior.
Bill metió la mano en su bolsillo y sacó un pequeño espejo, lo abrió y se miró en el. Tenía razón, se había corrido un poco y eso que era resistente al agua, pero no era nada grave. Bill estaba un poco torpe hoy. Comenzó a rebuscar sus bolsillos buscando los pañuelos de papel que siempre traía consigo. Cuando los encontró humedeció uno con la punta de la lengua y comenzó a ajustarse de nuevo el maquillaje de los ojos.
-Eres igual de complicado que tu hermano- murmuró el desconocido y siguió con la tarea que le habían encomendado.
-Vaya, te crees haber conocido a mi hermano. Qué tierno- Bill juntó los ojos hasta hacerlos ranuras.
-Mejor que tú, seguro.
Bill dejó de respirar unos segundos y miró impactado a su compañero de pupitre. La sonrisa de Tom se hacía cada vez más y más ancha, sabía que acababa de dar en un punto débil del pelinegro.
-¿Que sabrás tú?- respondió Bill enfadado e intentó sonar indiferente.
Fue casi un milagro. Parecía un fenómeno increíble observar como Bill luchaba en contra de las lágrimas, y lo hacía bien.
-Bueno allá vamos- murmuró Tom quien había encontrado algo útil en la enciclopedia.
Bill comenzó a apuntar todo lo que el rastudo le dictaba. El chico leía verdaderamente rápido.
-¿Puedes leer un poco más lento?- preguntó Bill irritado y tiró el papel y la puma estilográfica encima de la mesa.
-Si no te gusta mi forma de dictar te vas a llorar a una esquina que no tengo ganas de leer más lento.
Tom era realmente descarado y no tenía respeto de ninguna forma. Bill suspiró y volvió a coger la libreta. Un escalofrió recorrió su espalda. El pelinegro se asustó al sentir esa presencia extraña y cuando subió su mirada de la libreta vio a Mattis. Dos filas más adelante, mirando hacia atrás, observándolo. Sus miradas se cruzaron, podía ver los labios tembloroso del rubio abriendo y cerrándose como si intentara coger aire de una forma muy dramática.
-Maricón.
Bill se dio la vuelta y miró a Tom quien igualmente miraba a Mattis.
-Es un estúpido sentimental. Podría tener a cualquier mujer, toca el piano, es sentimental y pasablemente atractivo. Pero prefiere juntarse con sus amigos mariquitas del club de música clásica. Me da asco.
Tom agitó la cabeza mostrando su incomprensión abiertamente, su voz había estado llena de asco y rencor. La mirada de Bill volvió a oscurecerse. Al parecer le hacía gracia burlarse de la gente a su alrededor.
-¿Y tú qué sabes?- susurró Bill un poco ofendido.
-Sé lo suficiente.
Con esas palabras acabaron su corta conversación y siguieron haciendo su tarea. Mattis había vuelto a mirar al frente y se concentraba al igual que ellos en su trabajo.
La hora doble de biología parecía interminable. Bill se sentía incómodo al lado del señor Trümper, que al parecer hacía lo que le venía en gana. El pelinegro estaba aliviado de que no lo tenía en su clase. No lo hubiera soportado.
La mirada despectiva del chico de las rastas penetraba hasta lo más profundo de su ser. Pensaba que todas esas miradas, los prejuicios y las preguntas abiertas no le afectarían, pero se había equivocado. Por primera vez en su vida le importaban las personas a su alrededor, por primera vez en su vida se sentía como un extraño en medio de una sala repleta de gente. Eran nimiedades que antaño nunca le hubieran importado, pero que ahora parecían coger posesión de su vida.
[…]
De los altavoces se escuchaban los primeros acordes de una canción de Linkin Park.
La escuela había sido agotadora y los profesores no se habían retenido poniendo deberes. Bill estaba delante de su escritorio intentando hacer sus últimos deberes de matemáticas. Cogió el móvil para mirar la hora y descubrió que ya eran las siete y media de la tarde. Gordon no había vuelto de las compras.
Bill estaba a punto de terminar los deberes, cuando de repente sonó el timbre. El chico suspiró y se levantó de la silla, salió de la habitación y bajó las escaleras saltando los escalones de dos en dos. ¿Quién podía ser? Nadie los había visitado en los últimos dos meses si no fueran familiares y conocidos.
-Deberías llevarte las llaves cuando salgas, Gor...- abrió la puerta y se quedó callado.
-Hola- murmuró la persona que estaba delante de la puerta.
-¿Qué haces aquí?- la voz de Bill sonaba un poco agresiva.
-Lo siento, no quería venir a estas horas, la verdad es que llevo husmeando delante de la puerta deesde hace media hora y...- Mattis comenzó a jugar nerviosamente con el llavero que llevaba entre sus manos-. Lo siento, no sé qué hago aquí- el chico miró al suelo y comenzó a darse la vuelta.
-Mattis... las fotos- la voz de Bill se había vuelto bastante más suave, el chico rubio no tenía buena cara.
-No sé si debería- los dos se miraron a los ojos.
-Son vuestras fotos. O te las llevas, o las tiro. De verdad.
Mattis parecía luchar consigo mismo, el ultimátum que Bill le estaba poniendo lo estaba poniendo un poco nervioso.
-¿Eres bueno en matemáticas?
Mattis miró a Bill un poco extrañado.
-¿Cómo?
-Si no quieres las fotos, al menos podrías ayudarme con las matemáticas- Bill miró un poco avergonzado al suelo y después elevó la mirada.
-Yo... bueno- Mattis suspiró-. Puedo ayudarte si quieres... y... me gustaría llevarme las fotos, estaría encantado.
Bill sonrió y dejó pasar a Mattis, quien se quitó los zapatos en la entrada.
-¿Quieres algo de beber?- preguntó el anfitrión.
-Agua estaría bien.
Bill desapareció por la cocina y regresó con un vaso de agua y una botella de cocacola.
-Puedes subir y sentarte en donde te plazca. Voy a por las fotos.
Mattis cogió las bebidas y subió lentamente por las escaleras hasta arriba. El otro lo observó durante unos segundos antes de desaparecer en el sótano. Sabía perfectamente dónde estaban las fotos. Guardadas en lo más profundo del sótano en una pequeña caja, y encima de esa caja había un osito de peluche llamado Momo. El chico cogió la caja y dejó el oso encima de una silla abandonada.
-Lo habéis cambiado todo.
Mattis se encontraba de pie en medio de la habitación, aguantando su llavero con fuerza. Bill entró por la puerta con la caja.
-Si, era imposible quedarse aquí sin cambiar el aspecto de la habitación.
-Eso está bien- Mattis intentaba disimular su tristeza por el cambio con una sonrisa.
-Aquí tengo las fotos- murmuró Bill invitándole a coger la caja.
Mattis la cogió aguantando las manos de Bill entre las suyas haciéndole estremecer bajo el roce. El chico que seguía sosteniendo la caja no se atrevía a subir su mirada, temiendo ver algo erróneo en los ojos de Mattis.
-Tienes unas manos muy bonitas- la respuesta a su gesto fue muy cortante.
-¿Siempre eres tan directo?- Bill intentaba esconder su sorpresa detrás de aquella pregunta. Su cara se había calentado y sus mejillas pálidas se enrojecieron al escuchar las siguientes palabras:
-No, pero suelo ser sincero.
Bill soltó la caja dejándola entre las manos de Mattis.
-¿Tienes miedo al contacto conmigo?- la voz del chico rubio de ojos preciosos se había convertido en un susurro.
-No te conozco- fue la única respuesta de Bill, su voz temblaba.
-Lo sé. Y de todas formas me has preguntado si te puedo ayudar con los deberes.
Bill tragó saliva y miró su pupitre.
-No es lo mismo- los ojos del pelinegro comenzaron a brillar.
-Lo siento mucho. No quería acosarte.
Mattis se dio la vuelta, se dejó caer en la silla que se encontraba delante del pupitre y abrió la caja. Una sonrisa amarga adornó si cara.
-Estas son de mi cumpleaños- dijo Mattis sacando algunas fotos donde él también salía.
Bill se dejó caer de rodillas al lado del chico para poder contemplar con él las fotos. No las había visto todas. El día que los había metido en la caja había estado más ocupado empaquetando. Cogió las fotos y las volvió a meter en la caja.
Los dos se quedaron callados unos minutos antes de que Mattis se acercara su cuaderno de matemáticas y, sin mediar palabra, comenzó a resolver los problemas. A Bill le daba igual que no se los explicara, estaba aliviado de no tener que seguir con los deberes.
-Debería irme- los chicos habían pasado el tiempo en silencio. Bill no se había atrevido a hablarle, sabía que Mattis se sentía un poco incómodo estando en esta habitación.
Era bastante tarde, casi las ocho y media de la noche, pero Gordon aún no había vuelto.
-Te veo mañana en la escuela- dijo Mattis con una sonrisa y se levantó de la silla. Bill hizo lo mismo levantándose del suelo. Lo acompañó hasta la puerta y le deseó unas buenas noches al salir.
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15 comentarios:
Apareció Tom!
Por cierto MUY buen capitulo! No sé poruqé pero la actitud de Tom me divierte, creo que hay algo oculto en su forma de actuar e.e
Me encantó! ♥
Siguelo pronto que me ha encantado! ^^
Toffy_th30 :)
esta tom, tom entra en accion *-*
ya era hora e.e' y bueno espero capi pronto... y espero que sea en el foro... porque tengo que ser tonta, porque no sabía ni comentar >.< y bueno.... lo habia leido pero no lo veia, es mas no sabia que servia para eso...
me ha encantado mattis... (con su hermano claro xD, no con bill... bueno con bill tambien...)
Celia(L)TH.
Estaba deseando mucho que apareciera Tom, pero es tan desagradable D= dios espero que no se lleve tan mal con Bill como veo, si no que mierda xD y Mattis me parecio bastante curioso con Bill, no me extrañaria que lo confundiese con Demian Y_Y, por fiss quiero ver capitulo pronto!, me avisas por el forito de THspain =), besos!
hola
que bien que decidiste continuar aqui
al fin aparecio Tom pero no pense que fuera
tan arrogante.
Mattis es un amor es super lindo
quiero saber que mas escribio Demian
y que pasa con Mattis y Bill
muchas gtacias por avisarme
bye cuidate mucho
Kassy! apenas he podido comentar (ya sabes, por la falta de tiempo ¬¬) Bueeeenooo eeemmm... me ha gustado *OOO* mucho mucho! Pero buufff, Billanna es... ya un ser muy famoso (H) jajajaja xDDDDD
Waaa quiero que salga en mi país Groupies bleiben nicht zum Frühstück *O* ♥
La veremos juntas algún día Mi amorr :3
Bss♥__♥'
-Kirorin'
*O* Kirorin mi amore ;9 gracias por haberte tomado el tiempo de comentar querida ;)
y tambiebn gracias a las demas *O*
las amoreo!
O_O ya quisiera yo que un chico lindo llegara a mi casa y sin mas resolviera mi tarea de trigonometria XD es la materia que se me complica un poco¡¡¡¡, pero tom aparecio casi con su estilo de th o con lo que aparenta ser en th¡¡¡ es malo, arrogante¡¡¡ patetico diria bill jajajajja me gusto este cap. asi me gustaria saber mas del osito momo¡¡¡ ajja como es el??? yo amo a los osos lindos¡¡¡¡: FELICIDADES CASSY:
tienes habilidad para escribir¡¡¡¡¡
PD: debiste avisarme que no habias terminado dear demian...¬¬ y ahora que hare???? tengo que leer es mi vicio¡¡¡¡¡ ya quiero el proximo cap. si no es mucho pedir¡¡¡¡ por favor XD esperare no me queda de otra, pero ya quiero cap. sigue así cassy¡¡¡¡¡¡ ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡
Wow al fin ha aparecido Tom xDD
pero es un demonio e__e mira que decirle maricón apenas verle.. wtf?
pero yo ya sospecha que fue él quien le llevo en la moto el día de la lluvia.. algún punto bueno debe tener el chico...aunque ahora parezca un gilipollas completo e_e' (pero confió que cambiará <3 )
y también esta mattis O_O todavía no se que pensar de él..
~~Amanda~~
Por fin apareció Tom!!! aunke es tan borde xddd... pero tengo una teoría... Tom tbn conocía a Demian, verdad? Y a Mattis y les llama maricones y tal, bueno, al parecer, creo que a Tom le gustaba Demian... vale, no me mates es solo una suposición, jajaja y como nunca le hizo caso xke Tom es el malo de la escuela, pues Demian no pudo descubrir los sentimientos del de rastas... cosa ke Bill sí llegará a descubrir. Ok, son solo teorías...
he grabado tu blog en favoritos y ahora se que x aki estas actualizando, así que ya me verás de seguido por aki.
Besos Cassy.
aparecio Tom!
yo qe en el foro sieeeeempre te preguntaba cuando apareceria y mira... jo! pero es qe lo imaginaba de otra forma, digo, un poco mas bueno y eso, pero por lo qe lei, es pedante, y pereciera qe odiara a todos...
igual, no importa, nose porqe, pero esta actitud de Bill me esta gustando mas qe antes...
y mattis.... me mata, lo adoro... qe Tom diga lo qe qiera, es un amor... el no lke hace nada malo a nadie...
me qede media con la boca abierta cuando se hablaron en el baño, es mas... yo pense qe era maik el qe habia entrado al baño del lado... pero bue, creo qe me eqivoqe, jejeje
me voii a dormir! hermoso el capi!
rocio!
=O La actitud de tom 77
Owsh! Matti es un amor *-* Se ve re tierno =) Me encanto el cap Luego seguire leyendo !
POR FIN! TOM!!! xD!!..cretino....xD!
y see mattis es un amor!!!...xke se habra asesinado demian? :/
Toooom :D
(Mira que es malo ¬¬ Seguro que esconde algo. A ver si es que en realidad Demian le gustaba... xD).
Y Mattis... pobrecillos, qué situación más rara T__T
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