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jueves, 8 de julio de 2010

1.Pasaje Dear Deamin...


1. Pasaje


Un ruido extraño sacó al adolescente de su ligero sueño. Sobresaltado, abrió los ojos y vio a su padre, estaba arrodillado al lado de la cama, guardando algo debajo.

-Oh, no quería despertarte- masculló Gordon contemplando cómo su hijo lo miraba desde la cama
-Sigue durmiendo, si quieres.

Bill sólo negó con la cabeza y salió de la cama para entrar al cuarto de baño que quedaba justo al lado. Había dormido solamente tres horas, aunque le habían parecido siglos. No había soñado nada pero, de alguna forma u otra, siempre era un alivio despertarse. Se quedo en frente del espejo apoyándose en el borde del lavabo. Bajó la mirada y abrió el grifo del agua fría. Juntó las manos para recoger en en ellas un poco de agua para mojarse la cara. Negó con la caza y suspiró, contemplando sus manos.

¿Que hacía aquí? Todo lo que había pasado en esta semana le había parecido tan irreal. Todo había pasado como un mal sueño, pero por otro lado el peso de la realidad lo aplastaba hasta dejarlo asfixiado, agonizando en el suelo, atrapándolo en su propio pozo sin fondo.
Le daba miedo mirara hacia delante y más hacia atás. Estaba atrapado en el ahora y eso era quizás lo que más miedo le daba. El quedarse solo...


Flash Back

Ese día el chico había despertado con un mal presentimiento. El cielo estaba despejado y eso que aún estaban a mediados de marzo y la temporada de lluvia aún no había acabado.

Su madre aún no había vuelto de la fiesta de anoche.
Sara ,la mejor amiga de Simone, cumplía su vigésimo aniversario de bodas y para celebrarlo había decidido casarse de nuevo con su marido en el jardín de su casa.
Bill sabía que su madre debía andar tirada en algún sofá desplegable o en la cama de invitados durmiendo la mona, sin saber que le esperaría un resacón enorme.
No era demasiado frecuente que Simone saliera de fiesta, quizás una ves en seis meses, y eso ya era algo inusual. Simone no bebía mucho y la verdad es que tampoco lo soportaba. Los vasos de vino que se tomaba ella en solitario por las noches antes de quedarse dormida en el sofá no se podían contar como tal.

Simone y Gordon nunca habían tenido una relación que se saliera de la amistad y lo corporal. Habían sido amigos desde la infancia. Simone había tenido mucha mala suerte con el amor, pero siempre había deseado tener hijos, así que los dos decidieron tener tener uno juntos.

Maike, la madre se Simone, siempre había juzgado a su hija por tener descendencia con un hombre que no amaba, sólo era la amistad y el deseo de tener hijos lo que había juntado a la pareja.

Cuando los padres afortunados se dieron cuenta de que iban a esperar gemelos ,comenzaron a dudar sobre su decisión.

Decidieron comenzar a vivir vidas separadas, y hacía un año que Demian decidió mudarse con su padre a Hamburgo. Bill no sabía porqué lo había hecho. Pese a todo, respetaba su decisión y así los gemelos se vieron separados a los 16 años.

Bill bajó a la cocina, donde se cogió algo de beber para la escuela antes de desaparecer por la puerta dejándole una nota a su madre y avisarle de que se iba por la tarde con Florian al cine.

Florian era un chico que Bill había conocido en el cumpleaños de su prima. Los dos habían desarrollado una simpatía mútua y aunque ninguno de ellos había hablado aún del tema, los dos sabían que lo que se estaba desarrollando entre ellos era algo más que una amistad.

Bill no lograba adivinar si lo que sentía por Florian se podía llamar amor, pero le agradaba salir por las tardes con aquel chico. Florian era igual de alto que Bill aunque el chico era casi tres años mas mayor que Bill. Tenía el pelo castaño, un poco ondulado, y sus ojos eran casi negros. Lo que más encandilaba a Bill de él, era su sonrisa impecable. Su madre era dentista y siempre cuidaba mucho de la boca de su hijo. Una vez Bill se había quedado a dormir en su casa y nunca se había lavado los dientes 4 veces al día.

Bill salió precipitado de la casa para alcanzar el autobús que ya estaba llegando a la parada.

-Vaya, casi no lo alcanzas-, dijo la conductora guiñándole el ojo al chico, quien sonrió tímidamente.

Bill tenía historia a primera hora. Era su asignatura favorita. No porque la segunda guerra mundial fuera muy interesante, sino por el profesor. El señor Koch era el mejor profesor de todo el instituto. La disciplina, el humor y el saber cómo tratar a los adolescentes eran la clave para el éxito en sus clases y lo hacían muy popular.

Bill tenía contacto personal con el señor Koch, cuyo nombre de pila era Peter.

Sus padres habían ido con él al instituto y aún mantenían contacto. El señor Koch tenía fotos de Bill de bebé en su primer cumpleaños. La foto era bastante graciosa, lo mostraba a él y a Demian tirándose de los pelos mientras uno estaba en los brazos de Simone y el otro entre los brazos de Peter. El muchacho se moriría de vergüenza si su profesor le mostrara esas fotos a su clase.

El bus llegó al colegio y los alumnos fueron bajando uno detrás de otro. Bill se dirigió a su aula y se quedó esperando delante de la puerta en donde había ya varios compañeros suyos esperando. El señor Koch llegó para abrirles la clase.

-Os dejo a solas unos minutos; la señora Meyer va a haceros de suplente mientras yo no esté- se dio la vuelta y miró a Bill-. Te pido que vengas conmigo, Bill- dijo en un tono muy suave poniéndole un brazo por encima de los hombros.

Bill no comprendió nada pero siguió a su profesor de Historia sin rechistar.

Llegaron al rectorado, donde su madre lo esperaba junto a la directora y su maestra de clase.

-Bill, tenemos que hablar contigo.

End of the Flashback


Allí había comenzado todo. Bill no comprendía porqué tanta gente tenía que estar presente cuando le dijeran que su hermano se había quitado su vida.

Se avergonzaba por haberse echado a llorar delante de todo el rectorado. Le hubiera gustado estar solo sin que nadie viera sus lagrimas. Sumido en su propia tristeza y miseria.

-Buenas noches, señor.

Bill escuchó voces en el pasillo. Se dio la vuelta y salió silenciosamente del baño cruzando el dormitorio que seguí a oscuras.

Con pasos ligeros llegó al lugar donde había escuchado las voces. Unos hombres vestidos de blanco con máscaras cruzaron la puerta para llegar al coche que estaba aparcado delante de la casa.

Bill miró a su padre, que seguía en la entrada, dándole la espalda.

-¿Por qué han venido hoy?- preguntó Bill sobresaltándole. El hombre se dio la vuelta.
-Aún estaban haciendo investigaciones y no querían tocar nada hasta ahora.

Bill tragó saliva. Se sentía aturdido y su mirada se dirigió instintivamente hacia las escaleras. Abrió un poco la boca, contemplando la escalera liberada de la cinta amarilla.

Un sentimiento entre miedo y curiosidad se apoderó de él. Miedo a enfrentarse a la realidad, y curiosidad por saber lo que le esperaría. La mente del ser humano podía ser fría y cruel en todas las situaciones, pero el miedo seguía siendo el sentimiento más poderoso de los dos.

-No creo que vuelva a tener el valor de subir- Gordon suspiró con nostalgia.

-Todas sus cosas están arriba, ¿verdad?- preguntó Bill para asegurarse de que, si quería conseguir el diario, tendría que vencer su temor. Estaba inseguro, y para infundarse valor se agarró de la manga negra del jersey.

-Sí- respondió Gordon dándose la vuelta. Bill sabía que su padre, a pesar de todo, no tendría nada en contra de que Bill subiera a aquella habitación. Es más, Gordon esperaba que Bill hiciera su trabajo subiendo allí arriba.
Pero el adulto no parecía comprender que el regreso a esta casa aterrorizaba más a su propio hijo que al él mismo. Después de todo, la última vez que Bill había estado aquí en esta casa fue hace dos años, por su cumpleaños.

-Gordon...- le llamó la atención antes de que su padre volviera a desaparecer-. No habrás visto un libro... Algo como un diario, ¿no?- sabía que la pregunta era bastante estúpida, ya que Demian nunca le hubiera hablado a su padre de su diario. Sólo el mencionar ese libro sagrado ya sería interferir en su intimidad, y Demian nunca había sido un chico de muchas palabras.
El secreto era su mejor amigo y eso era justo lo que le diferenciaba de su hermano.

El hombre se mordió el labio inferior y miró pensativo a su hijo antes de tocarse la sien. Era una estúpida actitud que también había heredado a su hijo. Nadie pensaría que fueran Padre e hijo si no vieran el parecido en su comportamiento.

-Pues no, respondió-. No he vista nada parecido.

Bill asintió con la cabeza y dejó de preguntar. Tendría que buscarlo por su propia cuenta.

-¿Porque lo preguntas?- la desconfianza en la voz del mayor era palpable.
-Por nada- murmuró el adolescente.

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