Mostrando entradas con la etiqueta Dear Demian Introduccion. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Dear Demian Introduccion. Mostrar todas las entradas

jueves, 8 de julio de 2010

Dear Deamin... Introduccion


Introduccion


Querido Hermano

Es difícil encontrar palabras para una carta de despedida. Sabes que nunca he sido bueno para estas cosas.
Quiero que sepas que no es culpa tuya, ni de nadie.
En los últimos meses han pasado muchas cosas, y ya no lo soporto más.
Siento mucho que nuestras vidas se hayan separado tan de repente, y seguramente no comprendes por qué me he ido con nuestro padre en vez de quedarme contigo y con mamá. Nunca te di una explicación, pero la verdad es que conocí a alguien y me he enamorado perdidamente de él ...

Bill, te dejo mi diario. Eres la única persona en quien confío. No quiero que caiga en manos de la policía, porque allí no van a encontrar respuestas a sus preguntas.

-Demian



[…]


El tren comenzó a frenar cuando alcanzó la estación.

“Próxima parada, estación central de Hamburgo. Salgan por la derecha, por favor”.
El muchacho se ajustó las gafas de sol antes de levantarse y coger las maletas que yacían en el asiento frente a él. Salió del vagón y buscó con la mirada a una persona en especial entre la multitud de la estación. Poco después la halló justo al lado del pequeño kiosco no muy lejos de las vías.
El viaje lo había dejado agotado instintivamente se agito para quitarse el cansancio de encima.

Se acercó a aquel hombre. Cuando se encontró justo a sus espaldas, comenzó a hablar.

-Mamá llegará mañana- fue lo único que dijo. La persona a quien se dirigía, sumida en sus pensamientos, se dio la vuelta, sobresaltado.

Los dos se miraron unos segundos antes de caer en un largo abrazo que se fue intensificando.

-Te he echado mucho de menos, Bill- dijo el hombre agarrando con fuerza al frágil muchacho, que parecía romperse bajo ese gesto de aprecio.

Los dos hombres se soltaron mirándose a los ojos, aunque en el caso de Bill sólo se podía suponer, ya que no se atrevía a quitarse las gafas de sol. Había llorado. Había estado llorando mucho en los últimos días.

-Dijo que iba a llegar puntual para el entierro- dijo Bill tragando saliva.
-Ya ves...- dijo Gordon con una sonrisa-. Tu madre tan ocupada como siempre- la sonrisa se tornó en un gesto amargado. El hombre se frotó los ojos y parecía estar pensando un rato antes de suspirar y volver a mirar a su hijo.

-¿Tienes hambre? Te invito a comer.

Bill asintió con la cabeza, agradecido por esa invitación. No había comido en todo el día y su estómago llevaba reclamando su atención desde hacía un buen rato.

Salieron de la estación bajando al aparcamiento subterráneo, donde aguardaba el Mercedes de Gordon.

Era un coche bastante lujoso que había costado mucho dinero. Bill sabía que era todo el orgullo de su padre, ya que era una reliquia de tiempos pasados. Tiempos mejores.

Gordon abrió la puerta con la llave. Bill metió sus bártulos en el maletero y se sentó al lado de su padre.

-¿Te ha llegado la carta?- preguntó el hombre mirando a Bill de reojo, quien jugaba con el llavero que colgaba de su pantalón.
-Sí- el joven tenía la sensación de asfixiarse con aquellas palabras tan frívolas.

Miró a su padre como si este pudiera darle una respuesta a lo que le esperaría al abrir es sobre.

-¿Qué pone?- la mirada de Gordon se quedo fijado de nuevo en la carretera que se extendía ante ellos. No lo hacía por el tráfico, temía ceder ante las lágrimas si seguía mirando al reflejo de su hijo fallecido.
-Nada importante...- Bill sabía que su padre ardía por saber lo que ponía en aquel papel-. No pone nada sobre su verdadero motivo, si es eso lo que buscas.

El hombre siguió conduciendo un buen rato hasta llegar al centro del a ciudad. Cuando halló el lugar buscado suspiro y subió a un aparcamiento delante de un restaurante: “Hellas Grillbude”. Era un pequeño local que servía las mejores hamburguesas de todo Hamburgo, y hacían unos pollos asados exquisitos.

-¿Para llevar o quieres entrar?- la respuesta no se hizo esperar, ya que Bill salió del coche sin decir una palabra y se dirigió a la entrada del pequeño restaurante.

Gordon salió del coche y siguió a su hijo hacia el interior del local.

Se cogieron una mesa en el fondo. Bill pidió una hamburguesa con patatas y un baso de zumo de piña mientras que su padre cogió una ensalada y un pollo asado, junto con una cerveza.

La camarera les trajo sus pedidos y los dejó a solas. Bill al fin había decidido quitarse las gafas de sol. Sus ojos estaban desmaquillados y glaseados.
Gordon observó a su hijo mientras comía con toda la tranquilidad del mundo. El pelinegro sabía que su padre vigilaba todos sus gestos, pero la verdad es que no le incomodaba.

-No has cambiado mucho en estos años- comenzó Gordon a hablar para sacar un tema de conversación.
-La última vez que me viste fue en año nuevo, y de eso solo hace tres meses- susurró Bill dejando su hamburguesa en el plato e intentando coger un trago de su zumo de piña.
-Te has teñido el pelo de negro al igual q…- pero Gordon no pudo terminar su frase. Bill había golpeado el baso que había caído al suelo rompiéndose en mil pedazos.

-¡¿Quieres dejar de hablar de Demian?!- era más un susurro entre dientes que un grito. Bill no quería alarmar todo el restaurante y montar un escándalo. Había apretado sus manos hasta hacerlas puños, pero después de escuchar el vaso caer las aflojó de nuevo y miró al suelo.

Una camarera vino con un recogedor y se arrodilló sin desperdiciar palabras al lado de la mesa para recoger los pedazos que habían caído. Con un trapo secó el pequeño charco de zumo.

-Lo siento mucho- murmuró Bill fijando a la joven camarera con la mirada que levantó la vista con una sonrisa.
-No se preocupe, le traeré otro zumo en seguida.

Después de recoger los pedazos volvió a levantarse y desapareció en la cocina. Bill suspiró y trago saliva antes de mirar avergonzado el plato que tenía delante. Sus patatas fritas debían estar ya congeladas.

-Lo lamento- comenzó Gordon a hablar de nuevo. Bill bajó la cabeza escondiendo la cara detrás de su melena.

La camarera volvió con un nuevo vaso de zumo, dejándolo sobre la mesa.

-Aquí tiene.
-Gracias- dijo Gordon regalándole una sonrisa a la muchacha. Bill se quedó callado, mirando sus uñas esmaltadas.

El pelinegro volvió a echar su pelo hacia atrás para acabarse la hamburguesa. Las patatas las dejó en el plato: ya no tenía hambre. Gordon ya había acabado de comer y no paraba de contemplar a su hijo, quien se quedó parado mirando su baso. La situación comenzaba a hacerse incómoda para el adolescente. Suspiró antes de cerrar por un momento sus ojos. Estaba muy cansado del viaje y lo último que quería ahora era pelearse con su padre.

-Piensas que tengo una respuesta a tu pregunta de porqué se suicido ¿verdad?

Fue casi terrorífico ver cómo las miradas de ambos se cruzaron para repelerse enseguida. Como si fueran dos extraños que se acaban de conocer y quizás ese era el caso. Nunca habían tenido demasiado contacto y habían vivido dos vidas completamente diferentes.

-Bueno, después de todo era tu gemelo...
-Pues por mucho que me quieras comparar con él no, sé lo que pasaba por su mente... Después de que se fuera contigo perdimos el contacto- era toda la verdad.

Gordon pagó la comida y los dos salieron del restaurante. Había comenzado a llover y Bill alzó la mano para protegerse de la lluvia aunque fura más un acto de reflejo que algo útil.

Callados llegaron a la casa. Se encontraba en un barrio de viviendas, rodeada por un pequeño jardín cuidado.

Gordon se adelantó a Bill, abriendo la verja que los separaba del fresco y luminoso césped. El padre recortó el espacio que lo llevaba a la puerta de entrada. El pequeño camino estaba adornado en los bordes por orquídeas blancas, plantadas antaño por Demian para un proyecto de biología.

El padre de Bill se dio prisa en abrir la puerta, pero a pesar de que llovía con fuerza, Bill no se dio prisa para entrar a la casa. El olor inconfundible a hogar le dio la bienvenida.

-Ya voy yo a por tus maletas- dijo Gordon. Salió corriendo a por las cosas, que aún estaban guardadas en el maletero del coche.

Bill se quedó a solas en la entrada. Instintivamente se quitó los zapatos antes de entrar a la sala de estar. Fue en ese momento cuando se dio cuenta de las cintas amarillas de la policía que seguían adornando las escaleras que daban a la segunda planta. Sabía que su hermano había habitado toda la segunda planta entera. Su padre vivía abajo. Para Demian había sido casi como una pequeña vivienda de estudiante con salón propio, un cuarto de baño y un dormitorio.

Gordon entró por la puerta con las maletas entre las manos y las dejó en el pasillo justo al lado de Bill.

-Los de la limpieza van a venir hoy para limpiar el... Baño.

El hombre se mordió el labio al ver la cara horrorizada de Bill que miraba las cintas amarillas con pánico.

-Tu...¿lo has visto?El cadáver, digo- la pregunta ya le había estado comiendo la cabeza todo el día.
-He sido yo quien lo ha encontrado- dijo Gordon desapareciendo por la cocina.

Bill apartó la mirada de la escalera y se dirigió al dormitorio de su padre. Estaba agotado y necesitaba descansar un poco. Se acostó en la cama quitándose las gafas de sol al igual que su jersey. No tardo ni dos minutos en quedarse dormido acurrucado entre las sábanas.

Si lees comenta porfavor ;)