Bill
Seis horas de espera. Seis largas horas que tendré que pasar solo.
No se como aguantarlo y más sin saber lo que va a pasar.
Enciendo el teléfono y me voy al cuarto de baño. Me encierro en una cabina y marco el número de Gustav.
Me siento en la tapa del bater y cierro la puerta de la cabina con pestillo.
“Por favor Dios ayudame”, suspiro para evitar tener que llorar.
“¿Hola?”
Estoy un poco confuso no se que decir.
“Ehm, Gustav soy yo “, le digo y me toco la cabeza. Me muerto del labio inferior.
“¿Bill? ¿No estabas hoy en el hospital?”
“Si... pero, la espera me mata y tengo la sensación de desmayarme en cualquier momento”
Sorbo los mocos que comienzan a llegar con las lagrimas.
“Vale, me gustaría venir a por ti, estoy preocupado, pero estoy en el trabajo... joder”, su voz suena preocupada.
“No hace falta que te preocupes,estoy bien, solo quería hablar con alguien nada mas.”
“Bill, te mando a Georg que hoy no tiene trabajo”, me dice.
“Espera lo llamo.” y me cuelga sin previo aviso.
Me quedo sentado mirando el dysplay de mi móvil. Me seco las lagrimas con mi manga y me quedo esperando assiosamente la llamada de Gustav, pero para mi sorpresa quien llama es Georg.
“Hola amor”, me saluda cuando lo coges.
“Georg...”
“No te preocupes, estoy allí en dos o tres horas, tu no te preocupes, no desesperes”, me dice.
“Muchas gracias de verdad... no hacía falta”,
Nos quedamos hablando casi todo el rato. Hablamos de mil cosas y sé que solo me quiere distraer y se lo agradezco. Escucho como el motor del coche se enciende.
“Espera, lo pongo en manos libres”, me dice y poco después volvemos a hablar.
Le cuento todo lo que nos ha dicho el doctor.
“Quizás este sea un nuevo comienzo para vosotros ¿no crees?”, es lo primero que dice después de un rato de silencio.
“Tengo miedo de que si... si por ejemplo se queda sin memoria... ¿Que voy a hacer? No le puedo decir ' Hola Tom, soy tu MARIDO' “, me paro por un segundo “No creo que siga amándome si pierde la memoria”
Escucho un suspiro al otro lado de la linea.
“Bill... no se como ha estado tu relación con Tom últimamente pero cuando te hizo la petición pues lo hizo de todo corazón y creo que aunque pierda la memoria, con el tiempo va a aprender a amarte de nuevo. Soy muy jóvenes y sé que podes vencer esto juntos.”
Sus palabras me llegan hasta lo más profundo, las lagrimas vuelven a correr por mi mejilla.
“No llores...”
Pero esas palabras solo provocan más lagrimas. Tengo miedo de quedarme solo, no se que hacer hace 5 años que no he estado solo y cuando lo estaba aún era un crío y tenía la apoyaciónde mi familia y mi madre.
Pero nos hemos peleado y desde la boda que no he sabido más de ella. Mi padre ya no me quiere como su hijo. No quiere un hijo homosexual y por eso ya no lo pudo llamar padre.
No me gusta hablar de ellos, nadie tiene el derecho de juzgarme.
“Bill llego dentro de una hora, te tengo que colgar que se me acaba la batería”, me dice Georg.
Miro el reloj, llevo ya más de hora y media sentada aquí encerrado en el baño.
Colgamos...
Necesito hablar con alguien y me decido a hacer algo , que en realidad solo debe ser la última solución. Pero ahora lo necesito.
Marco el número y comienza a sonar.
Después de un rato, no es mucho tiempo cogen el teléfono. Mi corazón comienza a latir con fuerza cuando escucho esa voz familiar.
“Familia Kaulitz ¿dígame?”
¿Que hago, las palabras se quedan atascadas en mi garganta, abro la boya la vuelvo a cerrar.
“¿Hola? Si esto es una broma no...”
“Hola mamá”, mi voz comienza a temblar.
“¿Bill?”
“Es... que yo...”, me tapo la boca para ahogar mi sollozo.
“¿Porque me llamas hijo?”
“No se que hacer”, me seco las lagrima de nuevo. Mi chaqueta está totalmente empapada de mis lagrimas.
“Siento mucho molestarte”
“Hace tanto tiempo que no hablamos que me pillas muy desprevenida”
“Lo se...”
“Cuéntame...”
“Estoy en el hospital, están operando a mi marido”
“¿A Tom?”
“Si...”
Suspiro y me echo para atrás quedando apoyando en la pared. Miro el techo blanco del baño.
“Siento muchísimo como te he tratado”, no es fácil para mi asumir errores. No la he tratado bien, siempre andábamos peleado, pero yo aún era muy joven y todo un adolescente problemático.
“No te preocupes... quería visitarte, pero después de mudarte no has dejado nada, ni un número de teléfono y desde la boda ha pasado ya tanto tiempo que ya ni sabía si querías hablarme”
Me rasco la nuca. La verdad es que nunca había pensado en si estaría enfadado si mi madre me llamara o no, era más bien que yo tenía miedo a un rechazo si la llamaba a ella.
“No estoy enfadado”, sigo aliviado y una sonrisa se dibuja en mi cara, pero desvanece poco después.
“¿Que le ha pasado a Tom? ¿Habéis tenido un accidente?”
“No... lo operan por un tumor en la cabeza”
escucho como mi madre aguanta la respiración al otro lado de la linea.
“Y tienes miedo por el...”
“Si”
Nos quedamos hablando un rato. Le cuento casi todo, bueno los escándalos los dejo a parte, no son cosas con tanta importancia y si se ha enterado lo habrá hecho por la tele o las revistas de bulevar que lee.
No me había sentido tan liberado. Me ha sentado bien hablar con mi madre y más sabiendo que nuestras peleas pertenecen al pasado.
Casi me olvido de Georg por eso me doy prisa en salir del baño y me dirijo a la recepción.
Hace tres horas que Tom está en el la sala de operaciones. El reloj marca las 11 de la mañana.
El sol ilumina la sala de espera.
Estoy sumido en mis pensamientos escribiéndole un mensaje a Benny que debe estar muerto de preocupación.
“Bill...”, escucho una voz masculina. Subo la mirada. Es Georg.
Me levanto y me dirijo hacia el. Después de darnos la mano caemos en un largo abrazo, él deja caer su mochila al suelo.
“Todo va a ir bien”, me susurra y me posa un beso en mi pelo.
Tom
“Vale Tom quiero que cuentes del 10 al 0”
“10...”
“9...”
“8....”
...No puedo mentir... Nunca lo eh podido, tengo miedo, tengo miedo de lo que va a pasar.
Bill ha insistido, pero la verdad es que yo prefiero morir antes de no poder recordar. Pero ahora ya no me queda otra opción.
…Cojo sus preciosas manos entre las miás. Estamos aún un precioso jardín delante de na iglesia de la costa. El rojo del atardecer tiñe la escena de rojo.
Suspiro. Este este es el día más feliz de mi vida. Quiero que él esté día a día tan feliz como lo estoy siendo yo ahora.
Bill me sonríe, se ve precioso. Lleva un traje blanco muy simple pero a la vez bello. No está maquillado y es así como lo amo al natural.
Se ve realmente sexy , se muerde le labio inferior y me mira.
Me aclaro la voz, para comenzar a hablar pero las palabras parecen quedarse atascadas en mi garganta.
“Bueno...”,comienzo a hablar y suspiro para tranquilizarme.
“Primero quiero daros a todos las gracias por haber venido”,, me dirijo al publico y después al cura.
“Billl, quiero que sepas que he crecido contigo. Tu me has enseñado lo que es la amistad y después me has enseñado lo más bonito que hay en este mundo y es el amor.”
Hago una pequeña pausa. Los ojos de Bill se llenan de lagrimas pero no deja de sonreír.
“ me has hecho sentir amado y por eso te doy las gracias, me has hecho un hombre, me has enseñado a ser más fuerte. Quiero que sepas que lo nuestro es para siempre. Da igual lo que pase, aunque nos separen lo nuestro no va a acabar. Porque me haces feliz en cada momento. Te amo Bill Kaulitz y por eso quiero que seas mi marido, aquí y ahora delante de todas estas personas te prometo hacerte feliz hasta el resto de mis días...”
…
La oscuridad flota en mente. Como una gran nada y de repente ve una luz al final. No es cálida sino me daña los ojos.
Es justo en ese momento cuando los abro. Al principio no puedo reconocer nada, pero poco a poco se van enfocando.
Veo una persona, una persona arrodillada al lado de la cama. Es un muchacho de pelo negro, tiene los ojos cerrados y parece estar dormido.
Toco la cabeza del muchacho que comienza a moverse debajo de mi mano. Levanta la cabeza y sus ojos nublados se reflejan en los míos. Parece haber llorado mucho. Dejo de respirar, no creo haber visto a alguien tan hermoso en toda mi vida. Quizás estoy muerto...
“¿Quien eres?”, las palabras salen de mi boca sin dejarme tiempo de pensar.
La mirada del chico se entristece de un momento a otro. Veo una lagrima cristalina correr por su mejilla antes de que esta se estrelle en mi almohada.
“Soy Bill Kaulitz... encantado”











