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domingo, 29 de agosto de 2010

Unbreakable Capítulo. 3

♦Capítulo 3°♦


-¿Donde has estado?

La voz de Kim asuntó a Joy quien volvía a la clase como si nada hubiera pasado.

-Tenía cosas que hacer-, respondió la chica de las rastas con inocencia.

-Bueno, por cierto, ya he conocido a tu tan misterioso Tom y no es tan malo como me habías dicho-, dijo Kim cruzándose de brazos fijando a su amiga con la mirada.

Joy abrió los ojos de par en par.

-¿Es que estas loca? ¿Has hablado con él? No quiero que te metas en sus asuntos de verdad, puede ser...-, pero la pelirroja no dejó que su amiga acabara.

-Bueno, no es para tanto, solo le he dicho mi nombre y nada mas, ha visto mis dibujos y yo intentando seguir tu consejo no he hablado mucho con él, tranquila-

Joy suspiró y escondió la cara entre sus dedos ajustando la cabeza.

-Es que no escucha la niña...-

Volvió a subir la mirada.

-Con que sepa tu nombre y que sabes dibujar bien ya es suficiente-, murmuró la chica de las rastas con seriedad.

-Te lo digo yo, aléjate de Tom, ya es bastante peligroso que me conozcas a mí-

-A mi no me ha parecido un chico peligroso, además ha sido bastante agradable conmigo.

- Podrá parecer todo lo que quieras, pero, no es buen chico, así que será mejor que no te acerques a él.

Joy se adelantó unos pasos, aún tenían que ir a su última clase. Kim la siguió, meditando una y otra vez en lo mismo, en la última frase dicha por su amiga, ¿quién era ese Tom? Y ¿qué hacía?

Las chicas caminaron en silencio a su última clase, que trascurrió tan lenta y cansina como siempre. Al terminar quisieron quedarse en la biblioteca, ha hacer todos los deberes del día, nada más ni nada menos, que, matemáticas, tres páginas de literatura, e historia.

Las chicas se sentaron atrás en una mesa escondida entre filas de estanterías y libros anticuados de literatura alemana del siglo 15.

La biblioteca no era realmente de la escuela sino que formaba parte de la ciudad, pero quedaba justo al lado de ella.

Joy estaba sentada metida n un libro sobre Goethe cuando de repente alguien se acercó detrás de ellas y posó sus grandes manos calientes sobre sus hombros congelados.

-Hola-, dijo aquella persona inclinándose hacia abajo acercando su boca a la oreja de Joy.

Kim levantó la vista y vio en unos ojos marrones que la miraban.

El chico soltó los hombros de Joy y se sentó en una silla al lado de las dos chicas.

-¿Que haces aquí Gustav?-, preguntó Joy irritada e intentó disimular el color carmín de sus mejillas y la piel de gallina que se había producido por el escalofrió.

-Os venía a buscar-, el chico puso entonación en la palabra "os" y se ajustó las gafas que llevaba puestas.

El muchacho de estatura fuerte tenía una forma muy peculiar pero parecía ser muy amable. Su mirada siempre cambiaba de Joy a Kim quienes también lo andaban observando.

-¿Os?-, Joy se cruzó de brazos, ya se lo había imaginado.

-Ordenes de arriba-, dijo el tal Gustav levantando las cejas.

-Nada de órdenes de arriba, dile que no nos has encontrado-, murmuró Joy y comenzó a recoger precipitadamente sus cosas.

-Nos vigilan-, dijo Gustav con tranquilidad juntando las cúpulas de sus dedos y Joy dejo de recoger sus cosas de inmediato.

-Vamos cachi chiflada, eso te pasa por meterte en cosas que no te convienen-, dijo Joy y metió todas su cosas en la maleta antes de levantarse. El chico corpulento de cara amable se quedo sentado educada mente hasta que Kim hubiera acabado de recoger sus cosas y se ofreció a llevarle la maleta.

-Gracias-, dijo Kim un poco sorprendida.

-Capullo-, murmuró Joy y se puso en marcha.


Los tres adolescentes salieron al patio de la escuela, cruzaron el terreno desierto y se dirigieron a la parte trasera de la escuela donde había una puerta igual de vieja que Kim había visto esta mañana.


Gustav metió una mano en el bolsillo para sacar una vieja llave y la metió en el cerrojo, este comenzó a chirriar y crujir cuando el rubio le dio la vuelta y poco después se vieron en un pasillo oscuro. Holía a humedad y mugre, Kim se tapó la nariz al entrar, Gustav le hecho una mirada disculpate antes de encender la luz.


Joy cogió la mano de Kim quedándose al lado de su amiga la cual comenzaba a tener un poco de miedo.

El pasillo estaba pintado de color tierra y la pintura ya se caía de las paredes, hacía bastante frió en este especie de sótano.

Al final del pasillo había una puerta, Gustav la abrió nuevamente con otra llave y se vieron en una pequeña sala que daba a otros tres pasillos que se estrechaban a la derecha, la izquierda y el frente.

La diferencia de esta sala y el pasillo que habían cruzado antes es que esta parte del sótano parecía estar renovada, ya no olía a mugre y suciedad y las paredes estaban puntadas de un tono gris muy agradable.

-Andy te espera, yo me quedo con la novata-, ordenó Gustav.

-Como le pase algo a Kim te rompo los dedos de un mordisco te arranco tus pulmones y dejo desaparecer tu cadáver en el río Elbe para que te enteres-, la voz amenazante de Joy daba miedo, se acercó a Gustav y miró fijamente a los ojos antes de desaparecer por la derecha en uno de los tres pasillos.

-Bueno, sígueme, Tom te espeta-, dijo Gustav un poco mas amable, cogió a Kim del brazo y la se la llevo consigo por el pasillo que quedaba en frente de la puerta.

Pasaron pro la lado de muchas puertas, todo estaba lleno de cañerías pero sorprendente mente todo estaba limpio e impecable.

Kim, que no había dicho nada en todo el camino intentó abrir la boca para hacer algunas preguntas. Estaba impaciente por averiguarlo que estaba pasando.

¿Que querría Tom de ella? ¿Le haría daño? ¿La violaría?


-Oye... quien es ese tal T...-

-No te puedo decir nada-, respondió Gustav.

La pelirroja comenzaba a tener un poco de miedo. Joy la había advertida tantas veces pero ella no había escuchado.

¿Y como hubiera podido haber sabido que aquel chico tan simpático era Tom? Joy nunca le había dado una descripción de el para que se pudiera alejar.

Lo que mas le extrañaba es que Joy y ese tal Tom tenían casi el mismo aspecto. Los dos llevaban rastas y pircings, quizás era una coincidencia o quizás Joy y Tom eran parientes.


La adolescente inquieta se había perdido tanto en sus pensamientos que no se había dado cuanta de que Gustav se había quedado parado al lado de una puerta negra de madera maziza. Kim se chocó contra el y se quedo mirando la puerta.

Gustav extendió la mano y llamo a la puerta.

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