jueves, 8 de julio de 2010

3.Pasaje Dear Deamin...


3. Pasaje


~Bill~

El Sol y sus malditos rayos me despiertan bruscamente trayéndome de vuelta a la realidad.

Mis sueños habían sido muy confusos y a la vez aterradores, no he podido dormir siquiera una hora sin despertarme sobresaltado por mis propias pesadillas. Me siento como un niño pequeño que se despierta por las noches aterrado y quiere esconderse debajo de la manta de sus padres para sentirse de nuevo seguro y protegido.

Abro lentamente los ojos, pero los vuelvo a cerrar cuando me doy cuenta de que estoy acostado con la cara hacia la ventana. Las cortinas están abiertas de par en par.

Escucho ruido proveniente de la cocina. Sin abrir los ojos, me doy la vuelta hasta quedar boca arriba. Intento respirar profundamente para evitar las nauseas de la resaca y aflojo el cinturón de mi pantalón al igual que la cremallera, instantáneamente me siento aliviado.

La puerta se abre bruscamente.

-Levántate- escucho la voz desinteresada de mi madre.
-Se llama antes de entrar- murmuro angustiado, e intento incorporarme en la cama. Abro lentamente los ojos antes de frotármelos.
-No tengo ganas de discutir contigo. Levanta y dúchate. No voy a decirte lo decepcionada que estoy contigo, eres igual que tu padre.

Sin fuerzas me levanto y entro al cuarto de baño, cierro la puerta detrás de mi y me quedo a oscuras un rato antes de encender la luz. Miro al frente y veo mi reflejo en el espejo.

Sólo verme reflejado en el hizo que una corriente eléctrica me recorriera de la cabeza a los pies. Mi cara estaba demacrada.

Un poco descuidado, me tambaleé hasta el lavabo. Enciendo el grifo del agua y la retengo entre mis manos en forma de cuenco, me inclino para abajo y mojo mi cara para lavarme las lagrimas que queman mi piel desde la pasada noche.

El agua no solo me refresca la piel, sino también la cabeza y los pensamientos comienzan a fluir como una catarata. Meto el tapón en el desagüe y dejo que el lavabo se llene de agua. Me miro una última vez en el espejo antes de coger aire y sumergir mi cara en el agua.

De pronto el silencio me invade por completo. Ya no escucho ni las voces de mis padres, ni los pájaros cantar delante de la ventana, ni los coches al pasar. Lo único que escucho es el latido de mi corazón que retumba en mi cabeza. Dejo la mente en blanco y mi tormenta de pensamientos se esfuma en la nada. Siento las burbujas acariciar mi mejilla.

Una mano proveniente de la nada me coge del hombro y me jala hácia arriba arriba, sobresaltado intento coger aire pero lo único que hago es tragar agua. Tropiezo hacia atrás. No consigo tomar aire y comienzo a toser con pánico de ahogarme.
Mi padre comienza a darme golpes en la espalda pero eso solo empeora la cosa. Me dejo caer de cuatro patas.

-¡¿Pero a ti qué te pasa?!- miro a mi padre desde el suelo. Este sólo me mira como si fuera un desconocido y sube los hombros. ¿Se han vuelto todos locos o qué? -Pensaba...- comienza a tartamudear. Enfadado comienzo a gruñir y de un impulso me levanto del suelo. Mi padre me mira extrañado cuando lo cojo del brazo y lo tiro a fuera del baño.

-¡Quédate afuera y no me jodas! No necesito a nadie quien me vigile, estoy bien.

Cierro la puerta de golpe y pongo el pestillo, me doy la vuelta. Miro el suelo, baño está inundado, cierro rápidamente el grifo del agua, que seguía abierto. Debería tener mas cuidado con lo que hago. Miro la puerta y me muerdo el labio.

-¿Bill? ¿Estás bien?- es mi madre quien llama a la puerta.
-Estoy genial, gracias- digo enfadado y bajo las manos que tenía en la camiseta a punto de quitarme.

Mi madre baja el picaporte intentando abrir la puerta.

-¿Porqué has cerrado con pestillo?

Pongo los ojos en blanco e imito a mi madre con la boca 'porqué has cerrado con pestillo', suspiro antes de contestar.

-¿Porque no os vais todos a la mierda y me dejáis en paz? ¡Estáis violando mi intimidad!

-Bill... Solo estamos preocupados, ¿vale?- la voz de mi madre vuelve a escucharse agresiva.
-Pues no os preocupéis por mi- me quito la camiseta-. No necesito a nadie que me vigile.

Me desnudo al completo y me meto debajo de la ducha. Cierro la puerta de la mampara y me siento en el suelo, dejando que el agua caliente recorra mi cuerpo.

Mi madre siempre ha sido así. En lugar de enseñar tristeza, enseña enfado y siempre soy yo quien tiene la culpa de todo.

A veces desearía haberme ido con mi hermano cuando tuve la oportunidad. Ya no me entiendo con ella, nos diferenciamos demasiado y ella no hace más que criticar mi vida y mi forma de ser, como si yo siempre tuviera la culpa de sus problemas.

Quizás si me hubiera ido con Demian no hubiera pasado todo esto. Quizás le hubiera podido haber ayudado. Quizás necesitaba mi ayuda pero yo he estado demasiado ciego para verlo. Quizás...

Dejo caer mi cabeza encima de mis rodillas y cierro los ojos, no sé si estoy llorando o sólo es el agua de la ducha que me sigue empapando, pero comienzo a temblar.

Sé que nunca voy a obtener una respuestas a todas esas preguntas que parecen invadir mi cabeza.

¿Por qué eras tan infeliz? ¿Por qué nadie veía cuanto sufrías? ¿Acaso te odiaban tanto? Era imposible odiarte, Demian...



Ha dejado de llover. El sol reluce como si no existiera un mañana. Siento las manos de mi padre recargadas en mis hombros, dándome aguante mientras el cura comienza a leer un pasaje de la biblia.

No somos muy religiosos, o al menos yo no lo soy, pero nuestros abuelos lo son y sé que pare ellos significa mucho su religión. Es el último aguante que les queda antes de la caída. Si no crees en algo, ¿qué es lo que te queda? No lo sé...

Mi atención ya no se centra en el ataúd blanco que está posicionado en centro, sino en los tres chicos que están situados en frente, en el otro lado. Yo, en el lado de la familia, ellos en el lado de los amigos. Son los únicos que están en ese lado. Sé que antes eran cuatro, pero el chico que estaba fumando se ha ido después de un rato. No sé ni por qué estaba aquí, si ni siquiera parecía estar triste. Quizás era un trabajador del cementerio, pero para eso estaba demasiado bien vestido.

Dejo de pensar en el desconocido de antes, ya que de repente la gente se comienza a mover una detrás de otra al ataúd. Con pánico me doy cuenta de que soy el último familiar que queda sin despedirse, y ese hecho me lleva de nuevo a la realidad. Doy tres pasos al frente. Mi corazón comienza a latir con fuerza y por primera vez en este día siento que me vienen las lagrimas. Hay tantas cosas que me gustaría decirle.
Me tapo los oídos para no tener que escuchar los gritos del pasado que comienzan a aterrarme. Me buscan y me encuentran. Pero quizás a veces tengamos que escuchar cosas que no queremos oír...

Demian Schwarz

*01.09.1993 - †15.03.2010
El camino es la meta

~*~
Amado hijo y hermano.

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3 comentarios:

Anónimo dijo...

HAY NO ME HAS HECHO LLORAR COMO UNA LOCA BUUUUU ESTAN TRISTE ES CAP. HAY COMO QUISIERA ESTAR AI PARA CONSOLAR AL BIL....! PERO BUENO SEGUIRE CON LA LECTURA
DILMA FRANCO

knupink dijo...

hasta hora...todo es tan deprimente...:(
pobre demian y pobre bill , es el que sufre más aun...
bien...sigo leyendo...;-)

Hannah dijo...

Quiero saber más sobre los amigos :3

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