lunes, 5 de julio de 2010

Hasta el último latido 10. ZEHN

10. ZEHN

Bill

Tom no dice nada, solo se coge el filo de su jersey y se lo quita por encima de la cabeza, lleva una camiseta debajo.
Yo lo miro, no rompemos el contacto de nuestros ojos mientras yo me quito la chaqueta del cuerpo. Mi piel se eriza al sentir el frió que roza mi piel caliente.

Me quito la camiseta, y Tom la suya, después mis pantalones y Tom los suyos.
Los nos no rompemos el contacto de los ojos, puedo ver que Tom traga saliva intentando mantener la calma. Pelea con su interior, quiere verme quiere observarme, pero si rompe el contacto habrá perdido el juego... nuestro juego.

Mis manos manicuradas acaricien la tela de mis boxers. Doy un paso hacia atrás, el sonido de mis pies descalzos retumba en las paredes el sonido se ahoga por el ruido del agua.
Tom finalmente parpadea y mira a nuestra derecha, se inclina y extiende la mano para cerrar el grifo de agua, en ese instante cierro los ojos y me bajo los boxers tirándolos a una esquina.
Mientras Tom vuelve a ponerse derecho su mirada se fija por un segundo en mi entrepierna.
Veo una sonrisa, o mejor dicho escucho un bufido de gracia por su parte, levanto una ceja ignorándolo.

Camino hasta la bañera llena de agua y deliciosa espuma con olor a vainilla y meto un pie.
El agua está caliente o mejor dicho ardiendo, pero se que solo lo siento así porque mis pies están completamente helados.

Con cuidado meto el otro piel y me arrodillo cerrando los ojos.
Miro a mi izquierda y veo a Tom quien sigue ahí de pie mirándome.
“¿Necesitas una invitación?”, le pregunto con una sonrisa coqueteando un poco con mis parpados.
Tom comienza a reírse y se quita los boxer y voila se mete sigilosamente en el agua.
“Coño está caliente.”, se le escapa entre dientes y se arrodilla en frente de mi.
Los dos nos miramos unos minutos hasta que me acostumbro al agua y me siento extendiendo las piernas pasándolas en el borde de la bañera a cada lado de Tom.
Mi marido se suelta el pelo, tira la gomilla al suelo, suspira de placer y me imita, sus pies se quedan dentro de la bañera pasando al lado de mi cintura, rozándome.
Sus pies se quedan parados al lado de mi costado. Bajo las manos pisándolos encima de sus piernas.
“Te meten una bañera super pequeña y después lo llaman Hotel de 5 Estrellas.”, murmura Tom con los ojos cerrados. Comienzo a reírme.
“Di que si, y la cama no es tan cómoda como parece.”, le confieso cerrando igualmente los ojos.

Pasan unos minutos de silencio, pero de repente siento una mano acariciando lentamente mis pierna derecha con las uñas.

Mi corazón da un salto, pero al ver que no quita la mano de allí bajo también la miá imitándole.
“Me haces cosquillas.”, me dice Tom, entreabro los ojos y lo contemplo por la ranura.
Bajo las piernas poniendo los pies justo en su entrepierna, noto que se tensa.
“No me des una patada que te mato.” murmura abriendo los ojos y mirándome desconfiadamente.
Es tan lindo cuando se pone así. Nadie en este mundo puede saber cuanto lo eh eh echado de menos.
Encojo las piernas y las rodeo con mis brazos, pongo mi barbilla en las rodillas y me muerdo el labio.
“¿Que?”, me pregunta Tom un poco inseguro, mira a los lados y después vuelve a mirarme.
“¿Tengo algo en la cara o que?”

Agito la cabeza y me inclina hacia delante. Un poco el agua de la bañera se colma mojando el suelo mientras me inclino hacia delante quedando justo arrodillado entre las piernas de Tom.
Pero no soy yo el que da el primer paso. Tom se inclina hacia delante apoyándose en el borde de la bañera.
Conocemos tan bien nuestros cuerpos que no me avergüenza sentir que Tom me acaricia lentamente el pecho. Mientras nuestras caras se acercan.
El vapor de agua condensada en el aire deja una niebla intensa en el cuarto de baño empañando el espejo.

Cierro los ojos, mientras mi marido toma mi cara con delicadeza mientras nuestros labios comienzan a rozarse, siento su aliento caliente sobre mis labios. Es lo más intimo de todo, el roce de nuestros labios mientras Tom acaricia mi mejilla.
Sus manos están ásperas, me encanta el sentir de su piel, sus manos es lo más masculino que tiene, es justo lo que necesito.

Me acerco más hacia el, nuestros cuerpos se rozan nuestras intimidades se tocan y mis brazos rodean automáticamente su cuello. Le acaricio la nuca, le acaricio la espalda empujándolo de nuevo hacia atrás, siento que los músculos de su barriga se relajan. Estoy acostado encima de el.

Nuestras lenguas se tocan, mis labios calientes y los suyos fríos. Es igual que un ritmo que solo late para nosotros, somos como el YinYan.

Se como besa, conozco sus movimientos, se lo que hace con la lengua y lo recibo con placer adaptándome a sus movimientos.

Sus manos se aflojan de mi cara a van acariciando sutilmente mi espalda hasta llegar a mi trasero.
Me levanto un poco y Tom cierra las piernas, me siento encima de sus piernas poniendo las miás a cada lado.

Rompemos, mis labios están húmedos, Tom vuelve a acercarse y me los muerde juguetona mente.
¿Puede llevarte el pensamiento de no haber tenido sexo en más de un año a la locura? Si si que puede.

Me levanto de el , Tom me mira con decepción pero no le doy motivos ya que cojo solamente una la toalla del armario que está al lado de la bañera. Es una toalla de color blanco.

Me enrollo en ella y me doy la vuelta y miro a Tom quien sigue sentado en el suelo de la bañera mordiéndose inseguro el labio inferior.
“¿Vienes?”, susurró lascivamente, quizás demasiado. Mi desesperación por querer follar se nota desde lejos.
Tom tira del tapón de la bañera, escucho como el agua se va por el desagüe.
Mi marido se levanta y coge igualmente una toalla del armario. Los dos salimos del baño, apago la luz y subo el nivel de la estufa antes de dejarme caer de espaldas encima de la cama.

“Tomame.”, le digo y extiendo mis extremidades todo lo que puedo. Tom comienza a reírse.
“Pero que soso que eres.”, me dice con un a sonrisa y se acerca.
“Soso de que?”, le pregunto y levanto la cabeza para poder verlo mejor.
“Primero estas herido y ahora quieres follar...”, me dice y niega con la cabeza pero se acerca hacia mi se sienta a mi lado.
“Es que hace mucho...”, me pongo rojo, me avergüenzo de mis actos, soy demasiado infantil.

Me acuesto de lado, apoyo mi cabeza en una mano y miro a Tom de reojo.
Mi marido gatea hasta donde estoy, deja caer la toalla y se acuesta a mi lado y me mira a los ojos.
“Bueno...”, me dice y los dos comenzamos a reír.

“¿Sabes que me excita verte así?”, me ronronea acercándose a mi oreja mordiéndome el ovulo de la oreja hasta hacerme suspirar.

Me empuja hasta dejarme encima de mi espalda, se sienta encima de mi, de rodillas.
“Ese es mi lugar.”, le digo con una sonrisa.
“Lo se, pero si quieres juego hoy solo por ti el sumiso.”, sus sexy cejas se levantan mirándome con expectación.
“¿Hablamos de sexo verdad?”, le pregunto algo tonto.

“Sexo puro y duro.”, me dice antes de inclinarse hacia abajo me besa con sutileza.

Sus labios caminan hacia abajo haciendo florecer mis mi fantasía sexual.
Sus labios se para en mi cuello y comienzan a chupar gustosamente, siento como una de sus manos comienza a bajar hasta su propia intimidad y comienza a acariciarse.
Su boca baja más, hasta mi pecho, sus labios calientes rodean mi pezón derecho, su lengua comienza a jugar con el.
Mi pene palpita y siento que me excito, cierro forzosamente los ojos y un poco las piernas par aumentar el placer.


Tom

Dejo de torturarlo lamiendo sus pezones por última vez antes de bajare hasta su ombligo. Puedo sentir su erección apretar contra mi pecho mientras comienzo a meter mi lengua en su ombligo y a hacer pequeños círculos.

Bill se impacienta, comienza a ponerse nervioso cuando bajo con mi lengua un poco más, ahora tengo su pene erecto chocando contra mi barbilla.
No le hago esperar y cierro los ojos antes de comenzar a besar la raíz de su pene subiendo lentamente. Bill suspira y respira de nuevo al haber estado aguantando el aire.
Chupo gustosamente la punta húmeda, Bill se agarra a la sábana.
Escucho un gemido cuando me meto toda su erección en la boca. Lo degusto, lo disfruto como puedo, me encanta.
Quiero tenerlo temblando de placer bajo mía ya que se, que solo yo puedo satisfacerlo como se lo merece.
Comienzo a mover la cabeza saboreandolo.
Acaricio su erección con una mano. Aparto mi boca y sigo con la mano mirando al frente.
Bill tiene la boca entreabierta y los ojos forzosamente cerrados jadeando de vez en cuando.

Poco después siento líquido caliente por encima de mi mano, estoy muy sorprendido, veo que Bill se tensa y se relaja, su pene palpita y miro hacia abajo.
Bajo mi cabeza para chuparle el pene de nuevo y comienzo a tragar. Bill gime una última vez antes de relajarse.

“Muy rápido.”, le susurró lamiendome los labios.
“Es que...mucha presión.”, es lo único que me responde y cae entre los cojines agotado.

“Yo sigo excitado.”, le murmuro lascivamente y aprieto mi pene erecto contra su muslo.
“Pues entonces fóllame.”, su voz está firme seria y segura.

“Apaga la luz.”, me susurra Bill. Me levanto, casi tropiezo corro y apago la luz.
“No vas a cambiar.”, susurró al subir a la cama. A Bill siempre le ah gustado el sexo a oscuras.

Toco la pierna de Bill voy subiendo hasta quedar encima de el, nos besamos de nuevo, lento muy lento saboreo sus labios.

Apoyo mi cabeza en su hombro y me acuesto a su lado.
“¿Que pasa?”, me pregunta Bill con voz ahogada. Cierro los ojos y suspiro, pongo una mano en su cintura abrazandolo.
“No quiero hacerlo.”, le digo sinceramente e intento mirarle a los ojos que brillan en la luz que entra por la ventana.

Tiro un poco de la manta y Bill se levanta, los dos nos metemos debajo. Bill apoya su cabeza en mi pecho.
“Te sigo amando ¿sabes?”, le digo acariciando su cabeza. No escucho nada, no puedo ver su cara pero se que tiene los ojos abiertos.

Trago saliva al no obtener respuesta, de repente se levanta mi marido de la cama, va al baño, coge su ropa y también la mía y comienza a vestirse.
“Tom deberías irte.”, me dice tirándome la ropa. Lo miro asombrado, quiero decir algo pero lo dejo, cojo mi ropa y me comienzo a vestirme pero me quedo parado.
“¿Solo porque te digo lo que siento?”,le pregunto con reproches.
Bill me mira y enciende la luz.
“No es eso”, me dice y se coloca delante de la ventana mirando hacia fuera.
“No me siento muy bien... cuando estas a mi lado.”

Si digo que no me duele todo lo que me está diciendo, mentiría. Después de vestirme me quedo parado a su lado.
“Ya te llamaré.”, me dice sin mirarme.
“No hace falta que llames, déjalo.”, le digo, me doy la vuelta y salgo por la puerta.

¿Hubiera cambiado algo si me hubiera acostado con el? No lo se y no lo voy a averiguar nunca.

Camino por el pasillo, me parece casi eternamente largo, parecen hacer pasado horas cuando por fin llego al ascensor.
Me meto en él y miro la hora, ya son más de las 11 de la noche.
Comienzo a tener frió, mis pelos aun no están secos.
Joder, tengo que fumar un cigarrillo, busco en mis pantalones hasta encontrar el paquete.
Mi ropa está mojada, y el paquete de cigarrillos también, pero por suerte los cigarrillos siguen secos.

Cojo uno y me lo enciendo, mis manos tiemblan tanto que me cuesta encenderlo.
El ascensor llega a la planta baja, salgo cansado de este, cierro por un momento los ojos y le doy una calada a mi cigarrillo antes de salir de este y encontrarme de nuevo en la Loby.

“¿Ya se marcha?”, me pregunta la recepcionista, me doy la vuelta del susto y la veo.
“Si.”, le digo y carraspeo.

Su mirada me revela lo que todos pensaría. Que hemos tenido sexo.

Sin despedirme salgo del hotel y tengo que darme cuenta que sigo lloviendo a cantaros.
Mi cigarrillo se apaga con la lluvia y yo corro hasta el coche.

Comienzo a buscar mis llaves del coche y rezo para que no se me hayan olvidado arriba, pero por una vez la suerte está de mi lado y las encuentro guardados en mi bolsillo.

Después de haber abierto la puesta me siento detrás del volante y meto las llaves.
Bajo la frente posando la en el volantes y me doy unos golpes.
“Fuck... Tom eres un idiota.”, me susurró.

Prendo el motos y le doy toda pastilla marcha atrás y salgo del aparcamiento del hotel.
Comienzo a conducir, no se a donde, lo único que se es que tengo que conducir.

Me subo a la autopista que no está muy lejos y piso a fondo el gas.

Todo esto ah sido demasiado para mi, la muerte de mi madre y ahora lo de Bill.
Me paso la manga húmeda por la cara, odio tener que llorar por tonterías así.
Veo una salida para Loitsche y la tomo. Necesito descansar un poco.

Pocos minutos después llego a casa de Benjamin. No quiero molestarle a estas horas y volver a mi casa no puedo, tendría que escuchar todas las penas de mi padrastro Gordon y para eso no tengo fuerzas ni ganas. Solo nos haríamos responsable el uno al otro.

Me quedo un momento parado mirando al frente, miro a mi derecha y veo aún el burger.
Subo los hombros y saco la hamburguesa del envoltorio y comienzo a comer.

Abro la puesta del coche y comienzo a llorar, tropiezo hasta la puerta de la casa y toco el timbre.
“Ya voy!”, escucho la voz de Benjamin, poco después se abre la puesta. Un segundo después siento los brazos protectores de mi amigo rodeándome.
“Pero que mala suerte tienes siempre.”, escucho la voz de Benny.

Si lees comenta porfavor ;)

3 comentarios:

Casandra Krammer dijo...

Hola lectores ;) gracias por haber pasado por la fic.
Espero que os haya gustado y apesar de que la fic está termanada espero un comentario de vosotros ;) Los reviso a diario y me alegraria tambien leer TU opinion sobre el capítulo.

Gracias!!!!

Itzel dijo...

q alentador benny!!!!!!






aaaaaaaahhhhhhhhhhh
















Bill te voy a golpear!!!!!!














eres un cabron!!!!!!



pobre tom, pero ya ganara

deadly_bite dijo...

¿Lo ves? Bill siempre lo estropea u___u

¿Aprenderá alguna vez este chico a comportarse de forma un poco más NORMAL? ¬¬

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