lunes, 5 de julio de 2010

Hasta el último latido 16. SECHZEHN

16. SECHZEHN

Bill

Han vuelto a pasar el tiempo volando, tres meses para se exactos y hoy es el cumpleaños de Tom.
Cumple 23, hace ya 3 años que estamos casados, cuando pienso en como nos volvimos a ver y lo que ah pasado en estoy años tengo que tragar saliva.

Han pasado dos meses desde que Tom tuvo su primera quimioterapia.
Hace dos días que eh vuelto a casa,lo eh hecho sabiendo que Tom no estaría en mi casa.
Lo han metido en una clínica, para gente depresiva.
No es que él lo estuviera, es más que tiene que soportar demasiado en estoy últimos meses que los médicos decidieron que estaría mejor dejarlo en tratamiento Psiquiátrico mientras aún no se haya decidido si lo operan o no.

Volvía a casa al escuchar que la terapia había dado sus frutos y que los tumores en su cabeza habrán dejado de crecer y que habían disminuido.
Dejaron las químios pero después de unos días Tom se quejaba de dolor de cabeza y resulta que ahora vuelve a tener brotes. Es una puta mierda lo que está pasando.

Es imposible que comience otra nueva terapia, los medico dicen que si lo hacen de nuevo podrían haber daños irreparables ya que su hígado se veía muy afectado por todo y a parte Tom dejó de comer en ese tiempo.

Miro el móvil. ¿Debería llamarlo? ¿Y si está en terapia y le molesto?

En mis adentros se que es solo una excusa para no tener que llamarlo. Seguramente le han dado el día libre.
Suspiro mirando mi taza de café medio llena y sigo haciendo dibujos con el lápiz encima del periódico medio arrugado que tengo encima de la mesa. No logro concentrarme en nada.

Me levanto de la silla y salgo a fuera de la casa, hoy es un día soleado y eso que en los últimos días solo hemos tenido lluvia. Subo la mirada para captar algunos rayos de luz solar.

Me monto en el coche. Voy a ir a visitarlo, creo que ya ah aprendido su lección de no volver a mentirme con cosas tan serias como el cáncer.

Salgo de mi parcela con el coche y me dirijo hacía el centro psicológico. Con los dedos tamboreo nerviosamente el volante y para distraerme un rato enciendo la radio.


“Imagine all the people
Living for today

Imagine there's no countries
It isn't hard to do
Nothing to kill or die for
And no religion too
Imagine all the people
Living life in peace

You may say that I'm a dreamer
But I'm not the only one
I hope someday you'll join us
And the world will be as one...“

Imagen de John Lennon, él si que sabía como hacer música.
Esta canción trae muchos recuerdos consigo, a mis padres y también a mi boda.
“Imagine all the people. Sharing all the world. You may say that I'm a dreamer. But I'm not the only one “, susurró lentamente mientras me concentro en la carretera.

Me miro en el espejo retrovisor, no estoy maquillado, desde que eh vuelto de Hamburgo no me eh vuelto a maquillar ni una sola vez. Ya ni se para quien hacerlo, antes, lo hacía para Tom porque sabía que le gustaba, se había hecho hasta rutina en mi carrera ¿pero ahora? No tengo para quien ponerme guapo.
Y hacer algo así solo para mi no me gusta, para eso me cojo los 10 minutos que gasto en ponerme tanta pintura en la cara para relajar en el sofá y ahogarme en remordimientos y frustración.


Estoy delante del edificio que está rodeado por un muro y una verja por la que se puede espiar y ver el jardín. Extiendo la mano y toco el timbre.
“¿Hola que puedo hacer por usted?”, escucho una voz masculina salir del altavoz.
“Hola soy el señor Kaulitz y quería visitar a Tom Kaulitz, hoy es su cumpleaños.”, le digo con amabilidad.
“Vale un momento le abro enseguida.”
espero unos segundos a de repente la puerta se abre automáticamente de manera que pueda entrar al recinto.

Atravieso el jardín hasta llegara la puerta de cristal que se abre automáticamente cuando estoy delante.

Me dirijo a recepción para preguntar de nuevo por Tom Kaulitz y esta vez me mandan al comedor.

Sigo un pasillo hasta llegar a una enorme sala que está separada del resto del pasillo por un pequeño Kiosc, detrás del Kiosko hay muchas mesas y ya puedo imaginarme que este es el comedor.
Un pequeño grupo de personas están sentados en una mesa atrás del todo, hay algunas enfermeras y puedo reconocer a Benny.
Tengo que tragarme mi orgullo y reconocer que Benny sería mejor marido que yo, siempre ah estado al lado de Tom daba igual lo que pasara.
Pero a él Tom no le ah mentido, solo a mi y eso me basta. Pero a todos nos gusta ser personados, así que me dirijo con paso firme hacia donde está la mesa.
Tom se ah sentado en el borde del banco y se está llenando la boca de tarta. Su cabeza está cubierta por un pañuelo y una gorra de lana. Nunca había visto a Tom sin sus rastas o sus trenzas, desde que lo conozco ah llevado al menos pelo largo, pero al menos no parece encontrarse mal.
En ese instante me doy cuenta de que no le eh traído ningún regalo. Ahora ni siquiera tengo excusa de haber venido.

Me acerco lentamente a la mesa que está ocupada por siete personas nadie ah notado aún mi presencia hasta que me quedo quieto justo detrás de una pequeña enfermera que parece estar mus entusiasmada cortando la tarta en más trozos.

Tom es el primero que se da cuenta de mi presencia, nuestras miradas se cruzan y cuando veo el dolor en sus ojos dejo de respirar por segundos. No parece estar enfadado más que eso parece estar herido.
“Oh vaya parece que tenemos un nuevo invitado”, dice la enfermera que estaba delante mía, la mujer se ah dado la vuelta y me mira con una cálida sonrisa y un plato entre las manos.
“¿Quieres un trozo?”, me pregunta.
“No gra-”, quiero agradecerle su oferta.
“Claro que quieres un poco de tarta”, es la voz cortante de Tom. Dirijo de nuevo la mirada al frente a veo como Tom me extiende un pequeño tenedor.

No me molesto en rechistar y tomo el trozo de tarta y el tenedor y me siento a la mesa.
“¿Y este señor tan majo quien es?”, vuelve a interrumpir la enfermera dirigiéndonos a mi.
“Soy su-”, comienzo pero Tom me vuelve a robar las palabras.
“Es un conocido.”

“Vaya, genial, pues toma este bolígrafo y firmanos aquí”, canturrea la enfermera y me aguanta una carta de felicitaciones debajo de la nariz.
“Me dejan salir hoy”, murmura Tom y una sonrisa se dibuja en su cara.

Cojo la carta entre mis manos y la apoyo en la mesa para después poner debajo del nombre de Benny y de Simon también mi nombre.
“Tom ¿podemos hablar?”, le pregunto algo inseguro después de haberle devuelto la carta a la mujer.
“Claro”, me contesta Tom.
“A solas”, le digo para hacerle claro de que tema se trata.

Sin decir nada nos levantamos de nuestros asientos y caminamos por el pasillo, ni se a donde vamos porque nunca eh estado aquí, pero lo más importante de todo es que camine y no esté quieto.
“Si quieres hablar tranquilamente podemos ir a los lavabos.”, siguiere Tom quedándose quieto al lado de los baños.
“Ladys first”, murmura aguantándome la puerta abierta. Paso a su lado y me adentro a los baños que están enteramente de blanco.

Ahora estamos a solas y no se que decir, me apoyo en la pared al lado de los espejos y saco un cigarrillo de mi bolsillo.
“Si ya vas a romper la primera regla de un hospital al menos dame un calada.”, gruñe mi marido y extiende la mano para darme fuego.
Inhalo el humo y después lo expulso por la boca mientras miro a Tom de reojo.
“Sabes que sigo enfadado, deja de mentirme.”, comienzo nuestra conversación.
Tom sonríe me quita el cigarrillo toma una calada y me sopla el humo a la cara.
“Si tu no fueras tan sensible no estaríamos en esta situación, pero no discutamos que en eso ya somo más que expertos.”, un toque de ironía se hace presente en su voz.

Quiero coger de nuevo el cigarro cuando Tom me para la mano y la aguanta en la suya. Miles de fuegos artificiales explotan en mi interior... siento de nuevo esas mariposa en el estómago.

“Tus manos están muy calientes.”, susurra mi otra mitad.
“Será que tus manos están muy frías.”, le contesto.
Tom comienza a reírse a carcajadas, eso me asusta.
“Siempre tienes que tener la última palabra ¿verdad?”, me dice entre risas.

No le contesto a esa pregunta ya que todos sabemos la respuesta.
“Veo que no te ah sentado muy mal estar aquí, a ver si cuando sales te toman por loco.”, no es precisamente el tema del que quería hablar exactamente, pero es al menos un comienzo o un primer pasa para llegara mi destino.
“Pues la verdad es que si, me eh podido relajar un poco ay prepararme mentalmente a mi operación.”, me contesta.
“¿Al final... al final te operan?”, sabía que su quimioterapia no había funcionado.
“Si, pero aún no se cuando.”

Ahora me doy cuanta de que Tom sigue cogiendo mi mano.
“Oh joder”, dice con una mueca de dolor, el cigarrillo se había convertido en una colilla y había chamuscado los dedos de Tom.
Se lleva el dedo dolorido ala boca y comienza a chuparlo mientras con la otra mano sigue aguantando la miá.

“¿Y que piensas hacer ahora? ¿Quieres volver a casa?”, le pregunto.
“Había pensado llamarte hoy para ver si me acogías humildemente en tu hogar. Benny se va un mes a Italia a visitar a unos conocidos para ver si tienen trabajo para el y yo pues no quería volver a mi casa y más sabiendo que mi padre está allí bebiendo como un loco.”

Puedo comprender le a mi tampoco me gustaría encontrarme a mi padre bebido en casa, seguramente que la basura ya le llega hasta las rodillas.

“Claro... quiero volver a una vida normal”
“Sin mentiras.”, murmura Tom. Ahora que lo observo con ese gorro de lana y las ojeras parece un osito panda.

Las siguientes palabras salen de mi boca sin previo aviso como si supieran que ahora era el momento correcto de pronunciarlas.
“Te amo”, le digo tranquilamente y en ese instante nuestras miradas se cruzan y es la primera vez en meses en los que no me siento culpable y me siento igual a el.

Tom no dice nada, solo se acerca a mi y posa lentamente sus labios sobre los míos. Su beso sabe a limonada y tarta junto al peculiar sabor de aspirinas y farmacéuticos.
No es desagradable, solo desconocido.
La mano que antes sostenía la mía me vuelve a soltar para después posarse en mi cadera.
“Te ves precioso sin maquillaje. Así es como te amo.” Toma mi cara entre sus manos y yo cierro los ojos.

“Vayamos a recoger tus cosas.”, rompo el silencio y abro de nuevo los ojos, Tom sigue sujetando mi cara entre sus dedos.


Tom

Miro las nubes pasar por encima de mi cabeza mientras aspiro el olor inconfundible a hierba que me rodea.
“Tom, creo que tengo un problemilla.”, escucho la voz pánica de Bill. Levanto la mirada y lo veo con un guante de cocina en llamas mientras intenta salvar las salchichas que parecen estar quemándose.
Me levanto a prisa y cojo el guante, lo tiro al suelo y comienzo a pisar encima.
“¿No puedes tener un poco más de cuidad?”, le digo algo mosqueado, cojo las pinzas y saco las salchichas de las llamas poniéndolas en un plato.
“Lo siento.”, me dice en voz baja y comienza a chuparse el dedo quemado.

Comienzo a reírme, Bill no sirve como ama de casa. Cojo si mano y una botella de agua para heharsela encima.
“Pero mira que al final te matas sin querer, ya veo las noticias : El modelo Bill Kaulitz asesinado por las fieras llamas de la barbacoa. Nadie pudo remediarlo!”

Bill comienza a reír.

Nos hemos ido unos días de acampada. Estamos en un camping lleno de gente y niños chillando y dando por culo en todas partes pero al menos estoy con Bill.

“Bueno al menos parece que las salchichas las hemos salvado a tiempo”, digo inspeccionándolas.
“Pero tiene miles de calorías y...”
“Que dejes de hablar de calorías ni que mierda. Tu puedes engordar 10 kilos y nadie te diría nada”, le digo dándole un pellizco en la mejilla. “No seas idiota”, me dice sacándome la lengua.

“Ya estamos señoritas, vaya vaya al menos no habéis quemado nuestras patatas asadas.”, es mucho una voz masculina. Miro hacia arriba.
“Pensaba que ibais a ir a la tienda a por bebidas”, digo asombrado ya que no hace en 10 Minutos que los dos se habían ido.
“Gustav ah encontrado un Kiosco que queda bastante más cerca que el supermercado.”, dijo Georg sacando las cervezas frías de la bolsa junto a una botella de cocacola.
“Bueno, las salchichas ya están y las patatas asadas deberían estar listas también”, dice Bill sacando las patatas de las brasas y poniéndolas en el suelo ya que están empaquetadas en folio de plata.

Después de haber preparado la mesa nos sentamos todos juntos a la hoguera y comenzamos a comer lo que hemos puesto sobre el fuego.
Queda poca luz y la puesta de sol tiñe todo el cielo re rojo. Dejo el plazo vacío a mi lado y hecho la cabeza hacia atrás degustando los últimos rayos de sol.
De pronto alguien me tapa la luz y después siento como un cuerpo relativamente pesado se deja caer encima de mis piernas.
Abro un ojo para ver lo que pasa y veo la cara de Bill delante de la mía. Está sentado encima mía con las piernas abiertas mirándome de frente.

Miro a nuestro lado y veo a Georg y Gustav tumbados en la hierba saboreando lentamente sus labios, vuelvo a mirar a Bill que se inclina hacia delante para posar sus sabrosos labios en mi cuello.
“¿No me digas que esos dos frikis te ponen cachondo?”, le susurro y comienzo a acariciar su espalda mientras su lengua recorre mi cuello como si fuera un caramelo de chocolate.
“Ellos nos con los que me ponen calientes”, me susurra mordiéndome la oreja, suspiro de placer y siento como la mano de Bill se posa en mi entrepierna. Doy gracias a dios que estamos escondidos detrás de los árboles en la orilla del lago, así los demás no nos pueden ver.
“¿Quien podría resistirse a esas caricias?”, digo en un suspiro mientras Bill resbala para abajo hasta arodillarse en el suelo.
“Para eso mejor nos vamos a un tienda de campaña.”, le digo a Bill intentando impedir que me abra la cremallera.
“¿Porqué? A mi me da más morbo hacerlo aquí afuera.”
Bill comienza a reír y sus uñas me vuelven locas rascando mi entrepierna.
Hecho una ojeada a nuestros vecinos que justo ene se momento se levantan para desaparecer en una de las dos tiendas dejándonos a solas.

Cierro los ojos un poco avergonzado cuando ciento como Bill abre la cremallera, instintivamente subo el trasero para que me pueda bajar un poco los pantalones.
Bill se acomoda entre mis piernas mientras su dedos remarcan el bulto que se acentúa en mis boxers.
“Hace ya más de 3 meses que no hemos tenido sexo.”, la voz de Bill se vuelve increíblemente sensual.
“No me lo recuerdes.”,le respondo, aún no me atrevo a abrir los ojos.

Mis boxers se mueven un poco dejándola terreno de juego a mi marido que comienza a besar la raíz de mi pene. Como los guardas del camping nos vean haciendo guarradas nos echan del camping nos multan por escándalo publico.

Si lees comenta porfavor ;)

2 comentarios:

Itzel dijo...

Uuuuuuuuuuuu


Que exhibicionistas salieron los jovencitos. . . .



¡Q no se muera, por favor! Sino voy a llorar!

deadly_bite dijo...

Oh, bueno, me alegra ver que Tom está algo mejor :)

Así es como me gusta verlos, y no discutiendo como marujas ¬¬

Ahora, a rezar para que la operación salga bien, porque sino... :S :S

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